El jurado declara culpable al acusado del crimen de Recas en 2022
El jurado popular ha declarado por unanimidad culpable de homicidio doloso al hombre acusado de matar a golpes a J.D.M.S. en Recas (Toledo) en junio de 2022. La deliberación duró apenas media hora, después de que el propio acusado reconociera en la primera jornada del juicio que golpeó a la víctima "con fuerza" y que "quería matarlo".
La Fiscalía rebajó la acusación de asesinato con alevosía y ensañamiento, por la que pedía inicialmente 25 años de cárcel, a homicidio doloso con una pena de 13 años y seis meses de prisión, al no poder acreditar esas agravantes. La defensa se adhirió a esa petición.
La Sección Primera de la Audiencia Provincial de Toledo celebró los días lunes y martes el juicio con jurado popular contra I.A.P., acusado de causar la muerte de J.D.M.S. el 24 de junio de 2022 en Recas (Toledo). El proceso, inicialmente previsto para toda la semana, se aceleró de forma notable tras la declaración del acusado en la primera sesión, en la que reconoció que golpeó a la víctima en repetidas ocasiones y que cuando abandonó su cuerpo pensó que ya estaba muerto.
El magistrado presidente señaló que el objeto del veredicto se vio "sensiblemente reducido" como consecuencia del reconocimiento de los hechos por parte del acusado. Los nueve miembros del jurado —cuatro hombres y cinco mujeres— aprobaron por unanimidad todos los puntos sometidos a su consideración tras apenas media hora de deliberación, iniciada pasadas las 13.30 horas del martes.
La confesión que cambió el juicio
El detonante de la aceleración del procedimiento fue la declaración de I.A.P. durante la primera sesión. El acusado reconoció que quería matar a la víctima y que, tras una pelea en la que se produjeron golpes "fuertes", abandonó su cuerpo en un lugar apartado pensando que ya había fallecido. Esa confesión propició que la defensa renunciase a la práctica de la prueba y que el Ministerio Fiscal modificase sustancialmente sus conclusiones.
A partir de ese momento, y a petición de la Fiscalía, declararon varios agentes de la Guardia Civil y los forenses que practicaron la autopsia. Sus testimonios fueron determinantes para que la acusación pública cambiase su relato de hechos y centrase su argumentación en las lesiones recibidas por la víctima.
Los forenses: "estaba vivo" cuando recibía los golpes
Los médicos forenses del Instituto de Medicina Legal confirmaron que el cuerpo de J.D.M.S. presentaba "muchos golpes y muchas lesiones", y precisaron que mientras los recibía "estaba vivo". "Próximo a la muerte, quizá. Muy próximo a la muerte, pero había vitalidad", señalaron. A su juicio, la causa del fallecimiento fue "un conjunto de politraumatismos", con la herida en la cabeza como factor determinante. Los forenses también precisaron que la víctima no murió en el agua, pese a que su cuerpo fue hallado en un arroyo, ya que la autopsia descartó la presencia de agua en el estómago.
Los peritos destacaron que J.D.M.S., que pesaba algo más de 50 kilos, era "mucho más menudo" que el acusado, aunque la Fiscalía reconoció que podía cuestionarse que la víctima "no tuviera opción de defenderse", lo que influyó en la decisión de descartar el ensañamiento y la alevosía.
La Guardia Civil: "si no llega a decir nada, al cuerpo se lo habrían comido las alimañas"
Los agentes de la Guardia Civil que declararon durante el juicio aportaron detalles reveladores sobre las circunstancias del hallazgo del cuerpo y la colaboración inicial del acusado. Uno de los que estaba de servicio aquella noche en el cuartel de Illescas (Toledo) relató que I.A.P. se presentó acompañado de una mujer y un hombre y manifestó que había tenido una pelea y que había "golpeado fuerte" a otra persona. "Ante el riesgo de que hubiesen ocurrido hechos de mayor gravedad, llamamos a la patrulla", declaró el agente, que reconoció que en ese momento no sabían si el acusado quería denunciar la pelea o qué pretendía.
El guardia civil que acompañó a I.A.P. hasta el lugar donde había dejado el cuerpo describió el paraje como un enclave de acceso extremadamente difícil: "Si no conoces la zona, es imposible llegar, y menos de noche". Sin embargo, el acusado tenía claro a dónde se dirigían. En un momento dado, según relató el agente, I.A.P. "estaba tranquilo" y comenzó a contar "todo": que había golpeado a la víctima, que la había arrastrado y que la había llevado hasta ese lugar. El guardia civil fue contundente sobre las consecuencias de ese silencio potencial: "Si no llega a decir nada, al cuerpo se lo habrían comido las alimañas sin que nadie lo viera".
Otro agente adscrito a la demarcación donde apareció el cadáver ratificó que se trataba de "un lugar escondido" y que "no es un lugar que esté de paso". Los agentes de la Policía Judicial que registraron posteriormente la vivienda del acusado encontraron su ropa, las zapatillas, las alfombrillas y la moqueta del vehículo, e incluso una manta, "todo lavado y tendido". Pese a ello, pudieron localizar muestras de sangre de la víctima. En el registro no se halló ningún objeto de interés para la causa, salvo una llave inglesa "sin restos".
Fiscalía: "sabía lo que se le venía encima"
En sus conclusiones definitivas, la fiscal subrayó que I.A.P. demostró que quería matar a la víctima y que "hizo todo lo posible para que muriera": golpearle en repetidas ocasiones y abandonarle en un lugar apartado donde no pudiera recibir socorro. La representante del Ministerio Público incidió en que el acusado "era consciente de lo que había pasado, lo quería ocultar y sabía lo que se le venía encima", tratando de "minorar las consecuencias". "No había ninguna merma" en su inteligencia o voluntad en el momento de los hechos, añadió.
La fiscal también subrayó que I.A.P. dejó el cuerpo "en un camino donde era difícil de encontrar" y donde no podía recibir "en última instancia asistencia sanitaria". No obstante, reconoció que no había podido acreditarse la alevosía ni el ensañamiento, lo que motivó la rebaja de la calificación de asesinato a homicidio doloso. La petición de pena quedó fijada en 13 años y seis meses de prisión.
Además, la Fiscalía suprimió la reclamación de 150.000 euros en concepto de responsabilidad civil, al haber fallecido el padre de la víctima —su único familiar— durante los años transcurridos desde los hechos, sin que exista persona alguna en situación de percibir una indemnización.
Defensa: "declaración verosímil"
La letrada de la defensa se adhirió parcialmente a las conclusiones del Ministerio Fiscal y reconoció que, "por coherencia" con la declaración del acusado y con el resultado de las pruebas practicadas, no le quedaba más remedio que asumir un veredicto de culpabilidad. Destacó que "no se ha podido demostrar ni la alevosía ni el ensañamiento" y que no había quedado acreditado que la víctima fuese golpeada con ningún martillo, objeto que no apareció ni en el registro del vehículo ni en el de la vivienda. Calificó la declaración prestada por su patrocinado de "verosímil" con los resultados de las pruebas practicadas.
La defensa también quiso dejar constancia de un matiz en relación con el momento de abandono del cuerpo: aunque I.A.P. confesó su intención de causar la muerte de la víctima, no pudo determinarse con certeza si en el instante concreto en que la abandonó esta era o no ya cadáver.
El jurado, sin lugar a dudas
Antes de hacer uso de su derecho a la última palabra, el jurado recibió el objeto del veredicto. Los nueve miembros del tribunal popular —cuatro hombres y cinco mujeres— no tardaron en pronunciarse: en menos de media hora, declararon culpable a I.A.P. de un delito de homicidio doloso por unanimidad. El jurado también consideró que el acusado no era merecedor de los beneficios de suspensión de la pena de prisión, ni de que se solicitase el indulto al Gobierno de la Nación, habida cuenta de su propia declaración.
I.A.P. ejerció su derecho a la última palabra con brevedad: se limitó a expresar que lo sentía mucho y que estaba "muy arrepentido". El juicio quedó visto para sentencia.