Luz verde a la granja de Rujamar en Cuenca para un millón de aves

La Consejería de Desarrollo Sostenible ha concedido a la empresa Rujamar la autorización ambiental para construir una macroexplotación avícola en San Clemente (Cuenca) con capacidad para casi un millón de aves, distribuidas entre gallinas de puesta y pollitas de recría.

Las instalaciones, que se ubicarán en el paraje conocido como Hoya Cabrera, albergarán 810.000 gallinas de puesta y 187.500 aves de recría en un total de ocho naves, y contarán con un sistema de alojamiento en aviario de varios niveles sin uso de jaulas. El proyecto, que generó las reticencias de grupos ecologistas desde que dio sus primeros pasos en 2018, convertiría a esta explotación en una de las más grandes de España.

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Luz verde a la granja de Rujamar en Cuenca para un millón de aves

La Consejería de Desarrollo Sostenible del Gobierno de Castilla-La Mancha ha autorizado a la empresa Rujamar la construcción de una explotación avícola de gran escala en el término municipal de San Clemente (Cuenca), una instalación proyectada para albergar 997.500 aves en su capacidad máxima y que, según fuentes del sector, se situaría entre las de mayor dimensión del país. La resolución fue publicada en el Diario Oficial de Castilla-La Mancha (DOCM).

Las instalaciones se levantarán en el paraje denominado Hoya Cabrera y se articularán en torno a dos tipos de naves diferenciadas por función: seis naves de puesta, con capacidad para 135.000 gallinas cada una, que sumarán un total de 810.000 gallinas ponedoras; y dos naves de recría, destinadas a las pollitas desde el primer día de vida hasta su traslado a producción. En estas últimas se alojarán 187.500 aves, una cifra que fue reducida respecto a la propuesta original de la empresa a instancias de un informe emitido por la Confederación Hidrográfica del Guadiana.

Un modelo sin jaulas y en aviario multinivel

La explotación adoptará un sistema de alojamiento en aviario de varios niveles, lo que implica que la puesta tendrá lugar en suelo, sin el uso de jaulas convencionales. El promotor ha optado por este modelo, que responde a una tendencia creciente en el sector avícola europeo impulsada por la demanda de los grandes distribuidores y por la normativa comunitaria en materia de bienestar animal.

El ciclo productivo comienza con la recepción de pollitas de un día de vida en las naves de recría, donde permanecen hasta las 17 semanas de edad, momento en el que alcanzan la madurez sexual y son trasladadas a las naves de puesta. Allí se desarrolla el ciclo productivo, con una duración de entre 52 y 80 semanas, y una tasa de reposición anual en torno al 60% del lote.

Más allá de las naves: un complejo industrial completo

El proyecto no se limita a las naves de producción. La autorización aprobada por la Junta contempla también la construcción de un centro de procesamiento del huevo, vestuarios, viviendas para granjeros y silos de almacenamiento de pienso, entre otras dependencias auxiliares. El conjunto configura así una instalación autosuficiente en prácticamente toda la cadena de producción, desde la cría hasta el envasado y la distribución del huevo.

Rujamar, una empresa con larga implantación en la provincia

El Grupo Avícola Rujamar inició su actividad en 1984 y cuenta con una presencia consolidada en la provincia de Cuenca. Sus instalaciones actuales se distribuyen entre los municipios de San Lorenzo de la Parrilla, Saelices y Honrubia. La compañía tiene en marcha, además, otros proyectos en la capital provincial y en el propio San Clemente, lo que refuerza su apuesta por la concentración de capacidad productiva en esta zona de la Mancha conquense.

Polémica ecologista desde los orígenes del proyecto

El proyecto generó el rechazo de organizaciones ecologistas desde sus primeras fases. En 2018, año en que Rujamar adquirió los terrenos en los que se prevé levantar la explotación, diversas entidades de defensa del medio ambiente manifestaron su oposición a una instalación de estas dimensiones, argumentando el impacto sobre el entorno natural, los recursos hídricos de la cuenca del Guadiana y la presión sobre el territorio rural de la comarca. La reducción de la capacidad de recría, a instancias del informe de la Confederación Hidrográfica del Guadiana, constituye la única modificación sustancial que el proyecto ha experimentado desde entonces respecto a su planteamiento inicial, lo que no ha disipado las dudas de los grupos críticos con la iniciativa.

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