Ecologistas en Acción rechaza ToroVerde por su impacto ambiental

La organización ecologista presenta alegaciones contra el macroproyecto turístico previsto en la Sierra de Bascuñana (Cuenca).

Denuncia la ocupación de monte público, la tala de especies protegidas y un consumo de agua que consideran “desproporcionado”.

Vista de la Sierra donde se instalará Toroverde
Vista de la Sierra donde se instalará Toroverde

Ecologistas en Acción ha presentado una batería de alegaciones contra el proyecto del parque de ocio ToroVerde previsto en la Sierra de Bascuñana, en la provincia de Cuenca, al considerar que se trata de un macroproyecto “insostenible” con fuertes afecciones ambientales y un elevado consumo de recursos, especialmente agua. La organización ha defendido como postura principal la denominada “opción cero”, es decir, no ejecutar el proyecto, aunque asegura que seguirá trabajando para reducir al máximo sus impactos en caso de que continúe su tramitación.

La entidad ecologista ha trasladado su oposición en un comunicado en el que cuestiona distintos aspectos del proyecto, desde la ocupación de terrenos de monte de utilidad pública hasta las cortas de vegetación previstas, el trazado de las tirolinas o la presión que supondría para los recursos hídricos de la zona.

Alegaciones por falta de información técnica

Entre las alegaciones registradas, Ecologistas en Acción destaca la ausencia de información detallada sobre elementos constructivos del proyecto, especialmente en lo relativo al trazado de las tirolinas que se ubicarían en el monte público. Según denuncian, la documentación presentada no incluye datos sobre características constructivas, dimensiones, materiales, cimentaciones o apoyos de estas instalaciones.

Además, señalan que en el expediente no figura el documento de compatibilidad ni la denominada “Memoria del ingeniero jefe”, exigidos por el artículo 169 del Reglamento de Montes para actuaciones en montes de utilidad pública.

Para la organización, estas carencias dificultan la evaluación real del impacto ambiental de la iniciativa y generan dudas sobre la viabilidad técnica y administrativa del proyecto.

Riesgo para hábitats de interés comunitario

Otro de los puntos centrales de las alegaciones se refiere a la afección a la vegetación y a los ecosistemas presentes en la Sierra de Bascuñana. Según Ecologistas en Acción, el desarrollo del proyecto implicaría la tala de un número indeterminado de ejemplares forestales.

La organización subraya que el área afectada está “plagada de hábitats de interés comunitario”, entre los que citan sabinares de sabina negral, enebrales, guillomares y otros ecosistemas característicos del entorno serrano.

Asimismo, alertan de la presencia de especies protegidas incluidas en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas, como la planta Euphorbia nevadensis, lo que, a su juicio, incrementa la sensibilidad ambiental del territorio donde se proyecta el complejo turístico.

Aunque el estudio ambiental del proyecto recoge medidas preventivas y compensatorias, los ecologistas sostienen que la única forma real de reducir el impacto sería no ejecutar una actuación que califican de “desproporcionada”.

Consumo de agua “desproporcionado”

Uno de los aspectos más criticados por Ecologistas en Acción es el consumo de agua previsto para el complejo turístico.

Según la organización, la concesión solicitada a la Confederación Hidrográfica del Júcar asciende a 179.000 metros cúbicos de agua al año, mientras que el consumo estimado a pleno funcionamiento alcanzaría 182.000 metros cúbicos.

Esta cifra equivaldría aproximadamente al 5,3 % del consumo anual de agua de la ciudad de Cuenca, lo que, en opinión de los ecologistas, evidencia la magnitud del impacto hídrico del proyecto.

Gran parte de este consumo se justificaría por la presencia de 240 piscinas privadas al aire libre, vinculadas a las 240 habitaciones de lujo contempladas en el resort. A ello se suma la construcción de un canal artificial de 480 metros de longitud, cinco metros de ancho y un metro de profundidad.

Según Ecologistas en Acción, este canal requeriría unos 7.200 metros cúbicos de agua al año, teniendo en cuenta el llenado inicial, la evaporación y las reposiciones necesarias para su mantenimiento.

“La finalidad de dicho canal no está lo suficientemente explicada, ya que existe además una piscina de 50 por 40 metros”, señalan desde la organización.

Los ecologistas también cuestionan la presencia de un amplio sistema de regadío, que consideran incoherente con el argumento de que la revegetación del entorno se realizaría con plantas adaptadas a la sequía estival.

Críticas al modelo turístico planteado

El presidente de Ecologistas en Acción de La Manchuela, Toni Jorge, ha reafirmado la oposición de la organización al proyecto al considerar que responde a un modelo de desarrollo “insostenible”.

A su juicio, la creación de un parque temático basado en turismo masivo, con visitantes que llegarían en avión, AVE y transporte privado, no es una respuesta adecuada a la actual crisis ambiental y climática.

La organización sostiene que el proyecto podría atraer hasta un millón de visitantes, lo que incrementaría la presión sobre el territorio.

En palabras de los ecologistas, la iniciativa supondría “privatizar el medio natural y convertirlo en moneda de cambio, monetizando la naturaleza” mediante la construcción de un resort de lujo en un enclave de alta montaña.

Además, critican que el complejo se ubique a unos 1.250 metros de altitud, lo que implicaría elevar el agua unos 500 metros para abastecer las instalaciones.

Según la organización, el objetivo sería permitir que “unas pocas personas (las que lo puedan pagar) puedan darse un baño con vistas al valle”, al tiempo que se ofrece un espacio para actividades de ocio y adrenalina como las tirolinas.

Defensa de la “opción cero”

Ante este escenario, Ecologistas en Acción insiste en que su postura principal es la “opción cero”, que consiste en no desarrollar el proyecto en la Sierra de Bascuñana.

No obstante, la organización asegura que continuará participando en el proceso administrativo con el objetivo de minimizar en lo posible las afecciones ambientales si el proyecto siguiera adelante.

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