Un pacto feo
La cara de María Guardiola, futura presidenta de Extremadura, cuando compareció rodeada de los dirigentes de Vox para dar cuenta del pacto era un poema. En Génova los dirigentes del PP respiran aliviados porque el cierre de cuatro meses de negociaciones, a cara de perro, abre la vía a futuros acuerdos en Aragón y Castilla y León.
Pero, nadie asume que el pacto es feo, que han obligado a Guardiola a aceptar propuestas inasumibles. Que la "prioridad nacional" que pretende discriminar a los inmigrantes en servicios públicos y ayudas no es legal. Y que las consejerías que quedarán en manos de la ultraderecha son, y no es casualidad, la de Familia y Servicios Sociales, además de Agricultura y Medio Natural.
Conviene recordar que un diputado del grupo de Abascal, en el parlamento de Murcia, gritó desde la tribuna que "había que combatir el aborto y la eutanasia incluso con violencia"...
También la futura presidenta extremeña ha tenido que aceptar los nefastos planteamientos de Vox contra el feminismo como propios. De ahí la preocupación ante las medidas que puedan tomar desde la consejería de Familia. Porque la extrema derecha vuelve al poder autonómico con la lección aprendida de que el coste electoral de gobernar solo se compensa si se imponen sus medidas en el día a día.
Para poder poner en marcha la "prioridad nacional" hay que reformar la Ley de Extranjería y el pacto extremeño compromete a Feijóo a modificar esa ley si llega al Gobierno. Como será de grave el asunto que hasta Isabel Díaz Ayuso, poco proclive a veleidades progresistas, ha alzado la voz para denunciar que "no se puede dejar a nadie al margen de un sistema al que contribuye".
El presidente andaluz Juanma Moreno, al que Abascal calificó, en tono displicente, como algo parecido a un alma de cántaro, también ha dicho que él no aplicará unas medidas de este tipo y pone velas por doquier para no necesitar a semejantes socios en su futuro gobierno.
Seguramente Núñez Feijóo, que ha mediado para cerrar el pacto en Extremadura, es consciente de que el retroceso en derechos y libertades que Abascal está imponiendo a sus presidentes autonómicos lastra su aspiración de llegar a la Moncloa. La ultraderecha está perdiendo fuelle en Europa y pueden ser los peores compañeros de viaje. Hay que tener más cuidado con los pactos feos.