¡Qué difícil es pactar!

Los imprescindibles pactos en política necesitan, en estos tiempos, de unos prolegómenos de teatralidad donde unos y otros se insultan y menosprecian.

Y, dentro del catálogo de pactos, los hay más fáciles, imprescindibles y otros claramente inciertos. Dentro de estos últimos el más claro ejemplo es la dificultad del proyecto de unir a las siglas de izquierdas. A Podemos le esta resultando de difícil digestión la reconciliación con Sumar. Su líder en la sombra, dedicado ahora a marcar doctrina desde la radio, Pablo Iglesias, ya manifestó su cabreo ante el pacto en Andalucía. Partidario de un acuerdo con Gabriel Rufián y ERC se ha encontrado de frente con Junqueras, que sólo quiere la independencia de Cataluña, no la unión de las izquierdas españolas.

Pero Rufián tiene razón: o juntos o la nada. De momento las siglas que sobreviven son las de Izquierda Unida, con una vieja despensa de electorado fiel. El resto tienen una expectativa más cercana a la disolución.

Entre los pactos imprescindibles se encuentran los del Partido Popular y Vox. El periodo de descalificaciones y chulerias se ha prolongado más de los esperado. Y, mientras Feijóo y Abascal continúan a la gresca, los dirigentes autonómicos llevan semanas negociando un acuerdo que permita la formación de gobiernos en Extremadura, Aragón y Castilla y León.

La extrema derecha está sumida en una guerra interna que les está haciendo perder fuelle en las encuestas. La crisis en la organización en Almería puede costarles muchos votos en las elecciones andaluzas. Por eso, para hacerse los fuertes, apelan a frases como "el Gobierno será como nos dé la gana", refiriéndose a Extremadura. La candidata popular María Guardiola ya no sabe qué hacer para agradarles y cada día declara una cosa y su contraria.

Pero ambos partidos saben que no pueden repetir los comicios porque podría irles mucho peor. Por eso los pactos son imprescindibles.

Entre los más fáciles podría incluirse la sustitución de Yolanda Díaz. Entre los ministros de Sumar hay candidatos con prestigio para ocupar el puesto que deja. El riesgo es que, antes del relevo, la formación se vuelva irrelevante.

Y con este panorama y las dificultades económicas del ataque de Trump a Irán, sin presupuestos, sin visos de solución al problema de la escasez de viviendas, con una previsible subida de los combustibles, se llegará a las próximas elecciones generales.

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