Pero ¿qué es Vox?
Es, sin duda, el fenómeno político de moda que crece más que ningún otro en las últimas elecciones y en todas las encuestas. ¿Pero hay algo más detrás? ¿Qué es Vox?
1.- No es un partido católico. Solo acepta de la doctrina católica y de lo que dicen el papa y los obispos, aquello que le interesa y que le sirve como bandera: el aborto, la familia, la ideología de género. Pero en asuntos como la inmigración no es que no sea católico, es radicalmente antievangélico, racista y xenófobo. Lo mismo que en todo lo que se refiere a la doctrina social de la Iglesia. Que eso coincida con lo que sienten algunos de los que se llaman católicos a sí mismos, especialmente un sector juvenil que acaba votando a Vox por cabreo o por su oposición al aborto, aun a sabiendas de que si gobernara no cambiaría nada. A Vox lo que le gustaría es decir a la Iglesia Católica lo que tiene que hacer y decir y que sus fieles solo les voten a ellos.
2.- No es un partido. Es una agrupación de intereses, pero no de sus militantes o de sus votantes o de sus cargos regionales o locales sino de un presidente y de una pequeña camarilla en la sombra que lo controla y lo dirige todo. Han echado a todos los que podían hacer sombre a Abascal -González Quirós, Espinosa de los Monteros, Olona, Ortega-Smith, Monasterio- y sus agrupaciones regionales o locales no pintan nada. Todo es Abascal. El nombre, pone candidatos, los quita, negocia. El Vox de hoy se parece mucho al Podemos de hace once años o al Ciudadanos de Albert Rivera. Mucho humo y pocas nueces, el voto de los cabreados, un éxito deslumbrador, el anuncio de una "nueva polìtica" y una nueva casta, en el caso de Podemos, en caída sin final. Tampoco es un partido democrático, por todo lo dicho, aunque en eso los demás tampoco se salvan. Que se lo digan a Pedro Sánchez. Vox es más un partido trumpista que un partido de derechas. No es un partido fascista, diga lo que diga la izquierda. Sólo "el partido de Abascal" como el PSOE es hoy "el partido de Sánchez", tan lejos del PSOE.
3.- No tiene un programa. Sus obsesiones son la inmigración, los subsidios, el cambio climático y la seguridad. Y en menor medida, la familia, la lucha contra el adoctrinamiento escolar, la ideología woke y poco más. Los oirán hablar poco o nada de la vivienda, las reformas educativa, sanitaria de la justicia, de las pensiones, la Administración pública. Lo suyo es otra cosa.
4.- No es un partido de Gobierno. ¿De verdad quiere gobernar, de verdad quieren echar a Sánchez de La Moncloa? Porque está ante una oportunidad histórica de entrar en casi todos los gobiernos autonómicos y en el de España. La experiencia indica que entró en algunos gobiernos autonómicos -con resultados manifiestamente deficientes y con políticos de tercera- y se salió de todos porque eso les daba impunidad y les quitaba cualquier riesgo. La relación con el Partido Popular es patológica, como la de un novio que está regañando continuamente a su pareja y parece que su enemigo es Feijóo en lugar de Pedro Sánchez. Vox vive bien contra Pedro Sánchez y contra Feijóo como si los dos fueran lo mismo.
Vox aprovecha el miedo, la incertidumbre y los deseos de cambio de millones de ciudadanos que viven en una sociedad que practica la cultura de la intrascendencia y lo único que le interesa es lo inmediato, la próxima elección, el desgaste del rival, el mantenimiento del enfrentamiento y la crispación, que no han generado ellos, pero en la que se manejan con evidente soltura. Cada cual es libre para vivir y para elegir. Pero hay que saber que si queremos la regeneración de la política, un Gobierno que gobierne para todos, que no deje a nadie atrás, que dialogue, que pacte, que busque el bien común, una España que funcione en libertad y democracia real, no solo hay que cambiar lo que hay sino que hay que llegar a acuerdos sensatos con quienes de verdad representan hoy a la mayoría del pueblo español.