El bumerán de la crispación

La política debería ser el arte de mejorar la vida de la gente. Sin embargo, ante el horizonte electoral andaluz del 17 de mayo, el Partido Popular ha convertido las instituciones en su sede de campaña. Lo ocurrido esta semana en el Senado con María Jesús Montero no fue un ejercicio de transparencia, sino un intento de “caza mayor” que ha terminado con el cazador cazado. 

Como bien denunció el senador socialista Alfonso Gil durante la sesión: “Han convertido esta Cámara en el cuarto de invitados de la calle Génova para intentar linchar a una candidata ante su falta de proyecto para Andalucía”. La réplica de Gil fue el espejo donde se reflejó la hipocresía de quienes usan la Cámara Alta como altavoz de precampaña mientras callan ante sus propios sumarios. El senador dejó claro que “más que la patita, ahora hemos enseñado la estrategia”, a lo que remató: “Dicho esto…perfecto. Los ciudadanos decidirán”. 

Este lodo busca ocultar una gestión autonómica en coma inducido. Incluso quienes observamos con atención la política nacional desde fuera de Despeñaperros, como es mi caso desde Toledo, aunque hablo con el conocimiento de quien ha vivido y trabajado varios años en tierras andaluzas, vemos con estupor cómo Andalucía lidera las listas de espera en España con una demora media de 173 días para una cirugía y cerca de 200.000 pacientes aguardando una operación. 

El escándalo de los cribados de cáncer de mama, con más de 4.000 mujeres afectadas por fallos de gestión y presuntos borrados de historiales para ocultar negligencias, es el símbolo de un Moreno Bonilla que prefiere el marketing al diagnóstico precoz. El desgarrador grito de Anabel Cano en la tribuna del Parlamento —“¡Juanma, me has arruinado la vida. Y te voté!”— resuena hoy más fuerte que cualquier eslogan de cartón piedra porque no hay mayor frase que aquella que encierra una verdad vivida como la de esta mujer.

Frente a este desguace, la gestión de Montero como ministra de Hacienda habla con hechos inapelables que desmontan el relato del agravio: ha blindado para Andalucía una financiación histórica de 29.390 millones de euros para 2026, una cifra récord que garantiza la solvencia de los servicios públicos y que supone un despliegue de inversiones un 73% superior a las de la etapa de Rajoy. Pero el PSOE no solo viene a denunciar, sino a reconstruir con soluciones urgentes para aquella tierra:

* En Educación: Gratuidad total de las primeras matrículas universitarias y de FP de ciclos de grado superior, junto a un plan de choque para reducir la ratio a 20 alumnos por aula gracias a la gestión iniciada por la Ministra Pilar Alegría y que ha continuado la actual titular de la cartera, Milagros Tolón.

* En Dependencia: Creación de una Agencia Andaluza de la Dependencia que garantice por ley el cumplimiento del plazo de 180 días, frente a los 559 días de espera actuales.

* Lucha contra la corrupción: Una Ley de Transparencia Reforzada para que nunca más el dinero público acabe en “mordidas” como las del ‘caso mascarillas’ en Almería, cuyo juicio contra el exvicepresidente del PP, Óscar Liria, coincide en el calendario con la recta final de este proceso electoral.

Con todo esto, el Gobierno de España demuestra tener una hoja de ruta clara para el progreso de Andalucía, frente a un Moreno Bonilla que ha evidenciado, tanto en el escándalo de los cribados de cáncer como en otros asuntos vitales, una absoluta falta de proyecto y de sensibilidad hacia los problemas reales de los andaluces. 

La estrategia de la crispación le ha salido cara al PP. Mientras se intentaba acorralar a Montero, el goteo de informaciones en la Audiencia Nacional confirmaba que “M.R.” o “M.Rajoy” era Mariano Rajoy —conocido también como el “asturiano” según los testimonios del juicio— y que la Operación Kitchen se diseñó para destruir pruebas de la caja B. La mancha alcanza de lleno a figuras como Javier Arenas, evidenciando que el PP usa el Senado como patíbulo para no mirar a sus propios banquillos.

Andalucía merece una presidenta que traiga soluciones, no ruido. El 17 de mayo, los andaluces eligen entre la cortina de humo de un PP acorralado o la solvencia de una María Jesús Montero que pone los recursos donde más se necesitan. Como escribió Blas Infante: “Andalucía necesita de sus hijos para que le devuelvan su propia personalidad, para que la saquen del letargo en que se encuentra y para que la pongan a la cabeza de la civilización humana”. Aquel letargo hoy tiene forma de listas de espera; despertarla con el voto y la verdad es la tarea urgente del próximo 17 de mayo.

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