Toledo luce la bandera LGTBI por primera vez en el mandato de PP-Vox
La bandera LGTBI luce desde este jueves en la fachada del Ayuntamiento de Toledo por primera vez desde que arrancó la actual legislatura, después de que un cambio de criterio protagonizado por la vicealcaldesa Inés Cañizares (Vox) durante la Junta de Portavoces abriese la puerta a su aprobación por mayoría ponderada. El símbolo no se había colocado en los tres últimos años en la balconada consistorial.
La decisión ha desatado un cruce de acusaciones entre los socios de gobierno, PP y Vox, y ha recibido también las críticas del PSOE, que ha censurado la ausencia de convocatoria institucional y las reducidas dimensiones de la enseña.
El Ayuntamiento de Toledo exhibe desde este jueves, por primera vez en lo que va de mandato, la bandera LGTBI en la balconada de su casa consistorial, siendo la primera vez que esto ocurre desde que el popular Carlos Velázquez accedió a la Alcaldía en 2023 junto a Vox como socio de gobierno. El detonante inmediato fue la Junta de Portavoces celebrada el martes, en la que Cañizares, que la presidió en ausencia de Velázquez, optó por sustituir el criterio de unanimidad —que había impedido la colocación en ejercicios anteriores— por el de voto ponderado, recogido en el Reglamento Orgánico del Pleno. Con ese nuevo baremo, la votación arrojó el respaldo de PP, PSOE e IU frente al voto en contra del propio Vox, lo que habilitó la exhibición del símbolo.
El giro de Cañizares pone fin a lo que el Partido Popular calificó de acuerdo de legislatura no escrito, según el cual cualquier decisión sobre el uso de los espacios municipales con simbología política requería el consenso de todos los grupos. La vicealcaldesa, sin embargo, negó la existencia de ese pacto y tachó de "falso" dicho acuerdo. "Si al alcalde no le ha gustado lo que he hecho, que me llame y me lo diga", afirmó Cañizares, quien defendió que su actuación se ajustó a un "criterio democrático" y fue "perfectamente legal".
La decisión llega además con un trasfondo de tensión interna en el ejecutivo local. La vicealcaldesa recordó que Velázquez "el año pasado mandó llamar a la policía para quitar, casi a la fuerza, de la bancada socialista una bandera arcoíris que expusieron en el salón de plenos", y cuestionó que ese mismo alcalde haya votado ahora a favor de instalarla en la fachada del Consistorio.
La colocación, sin acto institucional ni comunicación pública
La bandera apareció en la balconada sin convocatoria oficial, sin comunicación a los grupos municipales ni a los colectivos, y sin que nadie reclamara públicamente la autoría del gesto. La propia Cañizares, a preguntas de los periodistas, declaró desconocer los detalles de su instalación. "No sé quién la ha puesto, ni cuándo se ha puesto, ni cómo", admitió la vicealcaldesa, quien añadió que tampoco había hablado con el grupo popular del Ayuntamiento.
Fue precisamente el PSOE el primero en alertar de que la bandera lucía en el Consistorio, a través de su portavoz, Noelia de la Cruz, quien calificó la situación de "espectáculo bochornoso" y reprochó que el símbolo hubiera llegado "con nocturnidad y alevosía, sin comunicación pública y sin convocatoria institucional". "Nadie sabe cuándo se ha colocado la bandera, ni quién la ha colocado, ni a qué hora se ha hecho. Nos parece una absoluta falta de respeto hacia lo que representa este símbolo y hacia toda la ciudadanía", declaró.
Los socialistas añadieron otro reproche de carácter visual: las dimensiones de la bandera instalada son, a su juicio, "tan reducidas" que "apenas es visible en la fachada", lo que evidencia, en palabras del grupo, los "complejos" del alcalde a la hora de asumir con normalidad la defensa de los derechos LGTBI. El PSOE había pedido expresamente que, en caso de instalarse la enseña, se hiciera con "la relevancia institucional que merece un símbolo que representa la defensa de los derechos humanos, la igualdad y la diversidad".
Tres años de bloqueo bajo el argumento de la unanimidad
La bandera arcoíris no había ondeado en la fachada del Ayuntamiento de Toledo en los tres últimos años, un período que abarca tanto el final del mandato anterior, con la socialista Milagros Tolón en la Alcaldía, como la totalidad del actual. Bajo el gobierno de Velázquez, la regla no escrita de la unanimidad había funcionado como un veto efectivo, ya que Vox —minoritario en la Junta de Portavoces— podía bloquear cualquier decisión en solitario con solo negarse a dar su conformidad.
Cañizares, consciente de ello, marcó distancias con la gestión de ese mecanismo durante el mandato anterior. Recordó que con Tolón en la Alcaldía "no se adoptaban los acuerdos de la Junta de Portavoces por unanimidad" y que era el equipo municipal quien decidía directamente, mientras que con Velázquez se había instaurado la consulta a los portavoces con el requisito de unanimidad. En su opinión, la aplicación del voto ponderado del martes supone simplemente adaptar el procedimiento a lo que establece el reglamento municipal.
El desenlace, en todo caso, llega en un momento de clara tensión entre los dos partidos que sostienen el gobierno local. La coalición PP-Vox en Toledo afronta así una nueva fisura pública, con el símbolo de los derechos LGTBI como escenario de un conflicto que mezcla diferencias ideológicas y disputas de procedimiento, y que ninguno de los dos socios parece dispuesto a zanjar en silencio.