Un año del apagón en Castilla-La Mancha: hospitales bajo mínimos y trenes varados
Castilla-La Mancha recuerda este martes el primer aniversario del apagón del 28 de abril de 2025, el mayor corte de suministro eléctrico de la historia reciente de España, que en la región dejó hospitales operando con generadores, colegios cerrados al día siguiente, 4.500 pasajeros varados en veinte trenes y más de 400 personas pernoctando en un pabellón de Cuenca.
El Servicio de Emergencias 112 recibió ese día más de 12.000 llamadas, triplicando el volumen habitual, mientras el Gobierno regional activaba en cuestión de horas el Plan Territorial de Emergencias (Platecam) hasta su nivel más alto. Un año después, las personas electrodependientes con discapacidad reclaman protocolos específicos que aún no existen.
El 28 de abril de 2025 a plena luz del día, Castilla-La Mancha y el resto de España se quedaron a oscuras en un apagón sin precedentes en la historia reciente del país. Hospitales funcionando bajo mínimos con generadores y walkie talkies, colegios cerrados durante dos días, miles de viajeros atrapados en trenes detenidos en mitad de la vía y una ciudadanía que tuvo que recurrir a la radio como única fuente de información durante horas: así fue la jornada que un año después nadie ha olvidado en la región.
El desconcierto inicial tardó en disiparse. Muchos ciudadanos tardaron en comprender la magnitud de lo que ocurría, y las redes de comunicación —colapsadas o directamente inoperativas— agravaron la sensación de incertidumbre colectiva. Fue en ese contexto en el que el 112 recibió más de 12.000 llamadas en una sola jornada, triplicando el volumen normal de atenciones y poniendo al límite los recursos del centro de emergencias regional.
La respuesta institucional, hora a hora
El Gobierno regional no tardó en reaccionar. A las 13.15 horas del lunes 28 de abril, con la magnitud del apagón ya confirmada, la Junta de Castilla-La Mancha activó el Plan Territorial de Emergencias (Platecam) en Fase de Emergencia — Situación Operativa 1 y constituyó el Centro de Coordinación Operativa Integrado (Cecopi), bajo la dirección del consejero de Hacienda, Administraciones Públicas y Transformación Digital, Juan Alfonso Ruiz Molina.
El Cecopi asumió desde ese momento la coordinación de la respuesta: atención a personas atrapadas en ascensores, pasajeros varados en trenes, mantenimiento de infraestructuras críticas, hospitales, servicios sociosanitarios y personas dependientes de oxigenoterapia domiciliaria.
Ante la incertidumbre sobre la duración de la emergencia, a las 16.00 horas la dirección del Platecam elevó el nivel a Situación Operativa 2 para garantizar la movilización de todos los recursos disponibles, incluidos los del Estado. Más tarde, a las 19.00 y a las 23.00 horas, el Cecopi se reunió presidido por el presidente de la Junta, Emiliano García-Page.
En la reunión de las 19.00 horas se adoptaron dos decisiones de calado: el cierre de todos los centros educativos al día siguiente —martes 29— y la suspensión de toda la actividad sanitaria programada para esa jornada, ambas por "motivos de prudencia" ante la incertidumbre sobre el restablecimiento del suministro. También se informó de la correcta cobertura de los servicios de oxigenoterapia domiciliaria.
Avanzada la madrugada, tras recibir consulta del Centro Nacional de Emergencias (Cenem), el Ejecutivo autonómico respondió afirmativamente a la declaración de emergencia de interés nacional, lo que activó la Situación Operativa 3 del Platecam.
La vuelta a la normalidad
El martes 29 de abril, a las 8.00 horas, el Cecopi celebró su primera reunión en un escenario de recuperación progresiva del suministro. A las 13.00 horas, la dirección del organismo solicitó al Ministerio del Interior desactivar la emergencia nacional y rebajar al Nivel 2; a las 20.00 horas, la situación se redujo al Nivel 1. Finalmente, el miércoles 30 de abril a las 12.30 horas, la región desactivó el Platecam con el suministro eléctrico plenamente restablecido.
El martes, los colegios reabrieron y los hospitales reanudaron su actividad ordinaria. Los pasajeros varados pudieron continuar sus viajes. La región había superado en menos de cuarenta y ocho horas la mayor emergencia energética de su historia reciente.
Caos ferroviario y noches en un pabellón de Cuenca
La red ferroviaria fue uno de los escenarios más dramáticos de la jornada. Hasta 4.500 pasajeros de 20 trenes distintos quedaron afectados por el corte de suministro en territorio castellanomanchego. Las estaciones de Guadalajara, Puertollano (Ciudad Real), Cuenca, Albacete y Ciudad Real permanecieron abiertas para acoger a los viajeros, y más de 400 personas tuvieron que pasar la noche en un pabellón habilitado en Cuenca.
La empresa pública Geacam se volcó en la atención a estas personas, distribuyendo más de 3.500 cenas y 2.500 desayunos para quienes esperaban en estaciones y albergues improvisados.
El propio lunes por la tarde-noche la región comenzó a recuperar el suministro, aunque Castilla-La Mancha fue una de las últimas en restablecer la electricidad. El martes por la mañana, la corriente había vuelto al 100% en todo el país.
"Angustia" y "pánico": cómo vivieron el apagón los electrodependientes
Un año después, el apagón sigue muy presente para quienes más lo padecieron: las personas electrodependientes con discapacidad, cuya supervivencia depende de equipos médicos eléctricos como respiradores, sillas motorizadas, camas articuladas o grúas de transferencia.
Desde Toledo, Lorenzo Martín Coba relata cómo vivió ese día con su hijo Lorenzo, conocido como 'Chencho', un joven de 36 años que padece Síndrome de Ondine —una enfermedad con apenas algo más de 30 casos en toda España— y que necesita ventilación mecánica 24 horas al día. El respirador de 'Chencho' dispone de una batería interna que dura aproximadamente 3 o 4 horas, pero también está conectado a la red eléctrica.
"Siempre que se va la luz tengo una ligera sensación de angustia", reconoce Lorenzo, quien ese día no consiguió contactar con su distribuidora eléctrica pese a que su domicilio tiene reconocida la consideración de domicilio vulnerable, con suministro garantizado. "Estaba todo cerrado, no había ningún tipo de información y era imposible saber nada de lo que estaba ocurriendo", lamenta.
Mientras el resto de la familia buscaba pilas para el transistor, él acudió a una ferretería a comprar pilas para el marcapasos diafragmático que permite a 'Chencho' respirar durante el día, y cargó el coche con combustible para poder recargar en él los equipos médicos. "Mi angustia como padre y como cuidador principal se unía a la necesidad de evitar que mi hijo percibiera lo que estaba pasando, porque él es plenamente consciente de que su vida depende de la ventilación mecánica", subraya.
Un año después, este padre advierte de que no ha recibido ninguna instrucción de los organismos competentes sobre dónde acudir en caso de que la situación se repita: "Una emergencia sanitaria como la necesidad de energía eléctrica para una persona con respirador se puede paliar teniendo un punto de recarga o al menos un plan de acción".
El "pánico" de la familia de Salma y el ascensor sin luz
"Pánico" es la palabra que usa Fouad Akoudad Omoum, padre de Salma, una joven toledana de 19 años con una discapacidad del 96 por ciento que precisa respiración asistida y se desplaza en silla de ruedas motorizada. El apagón le pilló en el colegio. Al regresar a casa, el primer obstáculo fue que el ascensor no funcionaba, por lo que la familia la llevó "corriendo" al hospital, donde quedó ingresada.
"El hospital está bien preparado para emergencias energéticas. Nos sentimos como en nuestra casa", afirma Fouad, quien reconoce que fue una suerte contar con un centro hospitalario cercano. La experiencia, no obstante, le ha llevado a plantearse adquirir un generador doméstico ante el miedo a un nuevo corte. "El aparato le da la vida a ella. Es un pulmón", enfatiza.
Bloqueado en un ático de Albacete
El apagón pilló al albaceteño Enrique Alarcón, de 69 años y con lesión medular tras un accidente de tráfico, minutos antes de salir de su casa, lo que le salvó de quedar atrapado en la calle. "Vivo en un ático y el ascensor es fundamental para poder salir y entrar", explica.
Describe el 28 de abril como un día de "incertidumbre e intranquilidad" que le trajo el recuerdo de la pandemia y le llevó a preocuparse inicialmente por recursos básicos como el agua y los alimentos. Cuando comprendió que no había certeza sobre cuándo volvería la electricidad, todo ello "pasó a un segundo plano". "A los que somos electrodependientes estas situaciones nos dejan completamente bloqueados", afirma.
Las grúas eléctricas de su domicilio quedaron inutilizables al necesitar carga continua, y para preservar la batería de su silla de ruedas —con una autonomía de "un par de días" pero sin saber cuándo podría recargarla— apenas se movió en toda la jornada. Contó, en ese momento, con el apoyo de su familia.
Cocemfe reclama protocolos específicos para electrodependientes
Como presidente de la Confederación de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (Cocemfe) de Castilla-La Mancha, Alarcón señala que, aunque el colectivo "está muy cohesionado", el corte de comunicaciones impidió activar redes de apoyo mutuo durante el apagón. Lo compara con la respuesta ante la dana de Valencia: "En la dana, Cocemfe se movilizó rápido porque sabemos dónde está la gente, qué problemas tiene y podemos desplazar recursos". En el apagón, eso no fue posible.
Alarcón reclama que Protección Civil establezca protocolos de contacto directo con los portavoces de las organizaciones de personas con discapacidad: "Los conocemos y sabemos qué clase de ayuda necesita cada uno". Reconoce que la Administración actuó con rapidez en Albacete para atender a las personas con discapacidad, pero insiste en que eso no basta: hacen falta protocolos previos, no improvisación.
El Ministerio de Sanidad, consciente de la vulnerabilidad que el apagón evidenció, trabaja en una regulación específica de la electrodependencia para reforzar la protección ante futuros cortes de suministro. Cuando volvió la luz, una de las primeras cosas que hizo Alarcón fue llamar a sus compañeros electrodependientes para comprobar que estaban bien. Nadie había olvidado lo que había ocurrido. Un año después, tampoco.