Castilla-La Mancha prevé 4,1 millones de toneladas de cereal en 2026

La campaña cerealista de 2026 en Castilla-La Mancha cerrará con una producción estimada de 4,1 millones de toneladas de cereal de invierno, según las previsiones de la Asociación de Comercio de Cereales y Oleaginosas de España (ACCOE). La cifra confirma a la región como uno de los grandes graneros nacionales, pero queda por debajo del potencial que auguraban los cultivos en primavera.

El intenso calor registrado durante las últimas semanas de maduración acortó el periodo de llenado del grano y recortó los rendimientos finales. A este factor climático se ha sumado la fuerte presión de la sobrepoblación de conejos, que ha causado pérdidas cuantiosas en numerosas explotaciones repartidas por las cinco provincias.

Imagen de una cosechadora trabajando en un campo de cereal
Imagen de una cosechadora trabajando en un campo de cereal

La campaña de cereales de invierno de 2026 en Castilla-La Mancha arroja un balance desigual: aceptable en términos de calidad, pero claramente inferior al potencial que los cultivos mostraban a comienzos de la primavera. La Asociación de Comercio de Cereales y Oleaginosas de España (ACCOE) sitúa la producción regional en torno a 4,1 millones de toneladas, una estimación que coloca a la región entre las principales zonas productoras del país, aunque marcada por dos factores adversos que han condicionado el resultado final: las altas temperaturas en la fase de maduración y los daños provocados por la plaga de conejos.

Tras un invierno con precipitaciones favorables que habían elevado las expectativas del sector, el escenario cambió en las semanas decisivas del ciclo. Las temperaturas excepcionales de las últimas semanas de maduración redujeron el tiempo de llenado del grano y limitaron los rendimientos en prácticamente todas las comarcas de la región. Los agricultores se vieron obligados a recolectar antes de lo previsto en algunas zonas, con el consiguiente impacto sobre el peso y la calidad de determinadas partidas.

El calor recorta lo que el invierno prometió

El contraste entre las expectativas de primavera y el resultado final es, según los operadores consultados por ACCOE, el rasgo más característico de esta campaña. Un arranque de año con lluvias abundantes había generado optimismo en el campo castellanomanchego, pero el calor anticipado truncó ese potencial en pocas semanas.

A ello se suma una amenaza que ya era conocida pero que esta campaña ha vuelto a adquirir dimensiones preocupantes: la sobrepoblación de conejos. La presión de esta especie sobre los cultivos ha causado pérdidas importantes en numerosas explotaciones de la región, especialmente en parcelas alejadas de núcleos urbanos y en comarcas con mayor densidad de monte bajo. Las organizaciones agrarias llevan años reclamando medidas más contundentes de control poblacional, y los datos de esta campaña vienen a reforzar esa demanda.

Cuenca: buenos datos en La Mancha, más discretos en la Serranía

La provincia de Cuenca ofrece uno de los retratos más nítidos de la irregularidad que define esta campaña. Así lo explica Javier Saiz, de Cereales Saiz, para quien los resultados varían sensiblemente en función de la comarca.

En la Mancha conquense y en la Manchuela, donde la recolección está muy avanzada, los rendimientos medios de cebadas y trigos se sitúan entre 3.000 y 3.500 kilogramos por hectárea, acompañados de buenas calidades. Sin embargo, en zonas más tardías como la Alcarria y la Serranía, los resultados son más modestos, con medias próximas a los 2.500 kg/ha.

Ciudad Real: caídas de entre el 20 % y el 35 % respecto al año anterior

En Ciudad Real, donde la recolección está prácticamente terminada, la reducción de producción respecto a la campaña anterior es la más acusada de la región. Según informa Antonio Atienza, de Mercomancha, la caída se sitúa entre el 20 % y el 35 % según las zonas.

Las lluvias invernales, paradójicamente beneficiosas para el desarrollo inicial del cultivo, dificultaron en muchas parcelas la aplicación de abonados y herbicidas en los momentos oportunos. Esa limitación en las labores de cultivo ha condicionado los rendimientos finales y ha generado algunas partidas con mayor presencia de impurezas. No obstante, Atienza apunta que las calidades de cebadas, trigos y triticales están siendo buenas en términos generales.

Albacete, la más positiva; Toledo y Guadalajara, con variabilidad

El mapa provincial de la campaña se completa con situaciones también dispares en las otras tres provincias. Albacete destaca como la zona con el comportamiento más positivo de la región, aunque tampoco ha escapado al impacto del final abrupto del ciclo térmico. En Toledo, la variabilidad entre comarcas ha sido notable, y los daños causados por los conejos han resultado especialmente determinantes en algunas zonas.

En Guadalajara, con la cosecha prácticamente concluida en el momento de elaboración de este informe, las producciones también han quedado por debajo del potencial inicial, en línea con la tendencia general de la región.

El almacenista, pieza clave en una campaña incierta

Más allá del balance productivo, la campaña de 2026 ha vuelto a poner en valor el papel de los operadores comerciales del sector. Para los almacenistas y comerciantes de cereales integrados en ACCOE, la incertidumbre de este año refuerza la necesidad de contar con una estructura profesional capaz de acompañar al agricultor no solo en el momento de la venta, sino durante todo el proceso de comercialización.

Sergio Baldominos, de Secebalsa (Guadalajara), lo resume con claridad: "La función del almacenista no consiste únicamente en comprar y vender cereal. Su trabajo aporta capacidad de almacenamiento, financiación, conocimiento del mercado y búsqueda del destino más adecuado para cada partida."

En un contexto en el que los agricultores se muestran más prudentes a la hora de vender —a la espera de que los mercados definan precios más claros— y en el que la industria transformadora exige cada vez mayor trazabilidad y calidad homogénea, el comercio cerealista actúa como eslabón imprescindible entre el campo y la fábrica. Una función que, en campañas complicadas como la de 2026, adquiere mayor relevancia si cabe.

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