Cuenca se lee despacio: la lección de Espido Freire frente al ruido
La escritora Espido Freire inauguró este martes la feria del libro Cuenca Lee 2026 con un pregón en la Plaza de España de Cuenca en el que reivindicó la lectura como acto de rebeldía frente a la urgencia digital y a la economía de la atención.
"Un paseo por las calles de Cuenca se parece mucho a leer: hay que detenerse, hay que mirar y hay que aceptar que no todo se entiende al primer vistazo", proclamó Freire ante las autoridades y el público congregado para dar el pistoletazo de salida a una feria que se prolongará hasta el 3 de mayo con más de 70 escritores y una agenda que combina presentaciones, talleres infantiles y actuaciones musicales.
La Feria del Libro Cuenca Lee 2026 abrió sus puertas este martes, 28 de abril, con el acto inaugural celebrado en la Plaza de España de la capital conquense, donde la escritora Espido Freire pronunció el pregón oficial ante un nutrido grupo de autoridades locales, provinciales y regionales. La convocatoria reunió al presidente de la Diputación de Cuenca, Álvaro Martínez Chana; a la delegada de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha (JCCM) en Cuenca, María Ángeles Martínez; a la subdelegada del Gobierno en Cuenca, Mari Luz Fernández; y al alcalde de la capital, Darío Dozl. La periodista Noelia Caballero presentó el acto, tras el que Freire, acompañada de las autoridades, cortó la cinta inaugural.
El tiempo, la memoria y el silencio vertebraron una intervención en la que la autora bilbaína conectó la esencia de la ciudad con la experiencia de la lectura. Freire celebró que los presentes se reunieran "para celebrar algo que no hace ruido, que no compite por nuestra atención y que, sin embargo, nos ha alimentado durante siglos: un libro". Desde ese arranque, su discurso transitó entre la reflexión filosófica sobre el acto de leer y el retrato afectuoso de una Cuenca que visita con frecuencia.
El libro como refugio y como resistencia
La escritora dedicó una parte sustancial de su pregón a trazar el contraste entre la lentitud exigida por la lectura y la aceleración que impone el entorno digital. "Hubo un tiempo, no hace tanto, en el que el silencio no era sospechoso y sentarse a leer no parecía una pérdida de tiempo improductiva", afirmó. En esa época, añadió, "abrir un libro no suponía competir contra mil voces, sino entrar en una sola y quedarse allí como quien huele pan caliente".
Freire advirtió que, en un contexto de "urgencia en el que todo nos reclama", el libro "nos espera" y por eso lo aplazamos indefinidamente: "para cuando haya tiempo, para cuando acabe el día, para cuando la vida se calme, para el verano, para cuando me jubile, para ese momento que nunca llega". Esa dilación tiene un coste, señaló: "se nos escapa el mundo que no está en este mundo". Frente a ello, defendió que leer "nos exige lo que más escasea: la atención", y lo calificó como un gesto de "rebeldía", porque "mientras el mundo nos quiere acelerados, el libro nos quiere quietos".
La inteligencia artificial y el futuro de la lectura
Uno de los momentos más resonantes del pregón llegó cuando Freire abordó directamente la pregunta sobre por qué leer en la época de la inteligencia artificial. Su respuesta fue rotunda: las máquinas "no saben leer, porque leer no es solo recibir información. Podemos pedirles que imiten un libro, pero nadie puede leer con nosotros". Desde esa convicción, la autora defendió la lectura como "una declaración de futuro" en la que está en juego "el tipo de personas que queremos ser". Y subrayó que "la literatura no solo añade su tiempo al mundo, nos lo revela".
Cuenca, una ciudad que se lee despacio
La pregonera, que visita Cuenca con regularidad, trazó un paralelismo íntimo entre la ciudad y la experiencia lectora. Consideró que Cuenca "sabe de tiempo, de capas y de silencio", un lugar donde "las cosas no se entregan de golpe, no son obvias, seducen poco a poco, como en los libros". Por eso, declaró, "un paseo por las calles de Cuenca se parece mucho a leer: hay que detenerse, hay que mirar y hay que aceptar que no todo se entiende al primer vistazo". "Cuenca se lee despacio", remachó Freire.
En ese retrato de la ciudad, la escritora recuperó la memoria de la literatura conquense y nombró a autores como Federico Muelas, Diego Jesús Jiménez, Clara María de Jesús y Soco Cordente, además de Raúl del Pozo, "que está aguardándonos al otro lado del río y que siempre llevaba esta tierra en su mirada". También evocó a los artistas plásticos que eligieron Cuenca como hogar intelectual: Antonio Saura, Fernando Zóbel, Gustavo Torner y Gerardo Rueda, quienes "colgaron la abstracción sobre el abismo". "Cuenca no distingue la belleza del riesgo", sentenció sobre una ciudad "que ha acogido a quienes saben mirar de otro modo".
Una feria con 70 escritores y actividades hasta el 3 de mayo
La feria, organizada con el trabajo conjunto del Ayuntamiento de Cuenca, el Gobierno regional y la Diputación, arrancó con una agenda intensa para la tarde del propio martes. A partir de las 17:00 horas, el escritor David Uclés protagonizó un encuentro con el autor y firma de ejemplares en el Teatro Auditorio. A las 17:30, la Plaza de España acogió un cuentacuentos a cargo de Noelia Contrisciani, mientras que el Salón de Actos de la Diputación de Cuenca albergó presentaciones de los autores locales Cristina Ochoa y Jaime Rodríguez. La jornada inaugural cerró con la actuación del grupo Zarandea en la Plaza de España a partir de las 20:00 horas.
Freire concluyó su pregón deseando que Cuenca Lee fuera "un espacio de pausa" en el que la gente "encuentre un libro que lo acompañe por mucho tiempo o vuelva a uno que había olvidado", un cierre que condensó en unas pocas palabras el espíritu de una convocatoria que, edición tras edición, reafirma su apuesta por hacer de la lectura un acontecimiento colectivo en la provincia.