Tiempo de cobardes

En política se perdonan más fácilmente las malas ideas que la cobardía y la ineficacia para resolver problemas y atender demandas ciudadanas. Vivimos tiempos convulsos, tanto en lo global como en lo local, en los que los gobernantes agitan viejos fantasmas para justificar nuevas injusticias. La incapacidad de los gobernantes solo encuentra una salida: la estrategia de la polarización. Es tan viejo como la mala política: dividir a la gente es una manera de alcanzar y conservar el poder. Pero en ese juego siempre pierden los mismos: los ciudadanos y, especialmente, los que menos posibilidades tienen, los que solo aparecen en los discursos cuando toca contar votos.

Esa cobardía, esa manipulación del relato, también la vivimos en nuestra ciudad. Asistimos, día sí y día también, a un intento grosero de reescribir la realidad. Quienes callaron cuando había que luchar, hoy gritan con fingida valentía. Quienes bloquearon avances por puros intereses partidistas, ahora quieren eliminar derechos adquiridos y seguir privilegiando a los de siempre. Quienes nunca creyeron en esta ciudad, ahora utilizan banderas para dividir a la ciudadanía.

Política cobarde e incapaz que solo alcanza para enfrentar a los ciudadanos entre sí evitando la rendición de cuentas. Se azuza la crispación, se falsea el debate, se siembran dudas sobre lo bueno, se glorifica lo que realmente nunca funcionó con grandes altavoces que solo emiten ruido.

Pero Talavera ya no está para más farsas. Necesita valentía y capacidad. Valentía para escuchar, aunque no guste o duela lo que haya que oír. Capacidad de quien conoce cada barrio y sabe que la dignidad se construye con hechos, no con titulares y barbaridades. La de quien cree que gobernar es servir, no repartir privilegios.

Frente a la cobardía de los que solo piensan en sus siglas reivindicamos la firmeza de los que defienden una ciudad inclusiva, moderna, y que no deja a nadie atrás. Hay que decir basta a quienes juegan a enfrentar, escondiendo su ineficacia tras la bronca.

Talavera necesita menos malos actores y más buenos servidores, menos cobardes con micrófono y más valientes con proyectos. El futuro no se construye desde el odio, sino desde la verdad, el compromiso y el amor a esta ciudad.

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