Los papeles del golpe

Independientemente de lo que se pueda rascar de los documentos desclasificados del 23-F, no puede olvidarse que la verdad histórica no siempre queda documentada, ni que, aun en el caso de contar con abundancia de documentos, éstos no sirven en bruto para su dilucidación, sino que es preciso tratarlos, confrontarlos y analizarlos debidamente, pues los papeles, como las personas, también pueden mentir y a menudo lo hacen. En todo caso, será apasionante expurgar en ese archivo oculto, secuestrado más bien, siquiera sea para refrescar la memoria de lo ocurrido en España hace 45 años, cuando un tipo de voz avinada entró pegando tiros en el Congreso, y otro, en Valencia, sacó los tanques a la calle para torcer violentamente la voluntad democrática de la nación.

En esos papeles, en las transcripciones de las comunicaciones telefónicas entre los golpistas ("¡Es por España, coño!") o, si las hay, en las del ex-rey con ellos y los generales de la capitanías, se buscará con especial interés aquello que pueda arrojar alguna luz sobre la actuación de Juan Carlos I durante el golpe felizmente fracasado. La extendida sospecha de algún tipo de connivencia con él no sólo ha ido engordando y enquistándose por la espesa niebla de secretismo que ahora empieza a disiparse con la desclasificación, sino que también nació del inquietante conocimiento de la Historia: no habría sido la primera vez que un rey Borbón patrocinara un autogolpe de Estado. Lo hizo Alfonso XIII con el dictador Primo de Rivera, y antes que él otro familiar, el fementido Fernando VII en dos ocasiones, cuando se ciscó en la Constitución que le reconocía como rey y cuando decapitó el Trienio Liberal.

El juicio por el que fueron condenados algunos de los cabecillas de la intentona proyectó luz sobre su génesis y desarrollo, pero más sombras que luz al no adentrarse ni en la trama civil más allá del perturbado García Carrés, ni en qué hizo exactamente Juan Carlos durante las interminables siete horas que tardó en comunicarse con el país que se asfixiaba por contener tanto rato el aliento. Veremos qué de nuevo nos cuenta la autopsia de esos papeles exhumados.

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