El fantasma okupa del ático

Los interesados en comprar "el ático de Ayuso" no pueden visitarlo, pero no se trata de un okupa normal el que lo impide, sino un okupa invisible, fantasmático, que arrastra cadenas igualmente invisibles por su superficie desangelada. La agencia encargada de vender el ático del que el gobierno regional de Ayuso quiere deshacerse desde que saltó el escándalo de su turbia adquisición y de su no menos turbio destino, puede que haya tenido alguna vez en su catálogo otros inmuebles que no puede enseñar por contener, como se dice en el argot, un bicho dentro, pero éste de seis kilos y pico, de lujo grimoso como de clínica dental, lo que contiene es un fantasma, el de la opacidad espectral de semejante compra-venta.

Aunque hay apariencias que engañan, hay cosas que parecen lo que son, y en ésta del ático el único engaño es el que se ha querido colar a los madrileños mediante absurdas explicaciones cuando la prensa descubrió la tostada. Cualquiera con un mínimo de información puede a éstas alturas seguir el rastro, desde su génesis, de la compra de la malhadada propiedad, pero no puede seguirlo a través del preceptivo expediente que la Comunidad no muestra, y que si no lo muestra es porque no lo hay.

El rollo de que se extrajeron mil y pico millones de pesetas de la caja comunal de los madrileños para proporcionar a Ayuso una oficinita mientras en la suya de Sol se hacían unas obras que no se estaban haciendo, no se lo cree ni el fantasma que deambula errático por el inmueble impidiendo las visitas de posibles compradores, pero a Ayuso, que, por cierto, tiene una relación rara con la cosa de las viviendas, no debe importarle mucho, a tenor del ayusísimo "chao pescao" con el que ha creído cerrar elegantemente la controversia. Pero el fantasma sigue allí, custodiando tal vez el expediente fantasma.