Ceuta: la hipótesis plausible

Desde la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta cuyo dato más importante desde un punto de vista humano aunque no geopolítico es el número de los que murieron ahogados, pero también la edad y el sexo (menores, mujeres y niños ...) de algunos de los que protagonizaron esa tragedia, la principal hipótesis ya planteada desde el principio fue que aquella entrada correspondía a un ataque híbrido ejecutado por potencias extranjeras que quieren perjudicar a España y por extensión a Europa, y que se caracterizan por despreciar olímpicamente la vida humana, empezando por la de aquellos a los que utilizaron de esa manera.

También la desprecian -la vida humana- las redes sociales de las que son dueños algunos de los milmillonarios financiadores de Trump, que estos días responden ante los tribunales por los perjuicios y daños producidos en los más jóvenes.

La crisis de Ceuta vuelve a demostrar dos cosas: la facilidad con la que en nuestro tiempo se propagan los bulos, sobre todo a través de las redes sociales (y otros medios), y la frecuencia con la que esos bulos producen muertes. En esa relación cabe señalar por tanto una responsabilidad criminal de los que crean y propagan los bulos.

Esta hipótesis (el ataque híbrido) no ha sido descartada. Al contrario, es una hipótesis que se mantiene en pie y se menciona por varios analistas. Se señala como promotoras de ese ataque, a potencias como Rusia, Israel, o Estados Unidos, todas ellas con un historial muy extenso en la vulneración del Derecho internacional y de los Derechos humanos, y actualmente campeones de la ola ultraderechista que amenaza el mundo civilizado (el "mundo de ayer" podríamos decir recordando el libro de Stefan Zweig) y por ello mismo enemigos declarados de España y su gobierno.

No ha gustado en ese ámbito ultraderechista que persigue acabar con el Derecho internacional y que amenaza el mundo civilizado, que nuestro gobierno denuncie el genocidio en Gaza, la vulneración del Derecho internacional, el fin de la seguridad jurídica (Trump por ejemplo se adueña hoy del petróleo venezolano porque le da la gana, como podría adueñarse mañana de Groenlandia o de partes de nuestro país por el mismo motivo), la vuelta del imperialismo agresivo y de expolio (los ataques híbridos serían parte de ello), como tampoco les ha gustado que nuestro gobierno impulse la resistencia a gastar más dinero en armas (armas de Trump), en detrimento del dinero gastado en los derechos sociales de sus ciudadanos.

Por cierto, ese frente neofascista cuenta entre sus filas a varios criminales de guerra: Netanyahu, Trump, y Putin, que además de provocar miles de víctimas inocentes suelen hacer negocio con las guerras que impulsan.

Subyace una voluntad, no oculta, de venganza contra todo lo que representa nuestro país y nuestro gobierno por parte de las potencias mencionadas, que consideran que deben ser obedecidas por otros gobiernos y otros gobernantes sin rechistar. De la misma manera que son conocidas las declaraciones oficiales del régimen trumpista en que se expresa abiertamente el objetivo de perjudicar a Europa y a España.

Paralelamente se especula con que Marruecos se subió a ese carro del ataque híbrido que alguien o algunos pusieron en marcha, actuando con desidia consciente y deliberada y no impidiendo la entrada masiva ni la tragedia de los ahogados, muchos de ellos ciudadanos marroquíes.

La primera pregunta que surge es si nuestros servicios de inteligencia tienen la capacidad y la independencia suficiente (respecto a otros servicios de inteligencia y respecto a otras potencias) para detectar e identificar la autoría de este tipo de operaciones. También debemos preguntarnos si esos servicios de inteligencia pueden "avisar" de ese tipo de amenazas sin hacer el "informe" correspondiente. Suena raro. De manera que suena raro lo que afirma la ministra Margarita Robles.

En cualquier caso, imaginemos que la hipótesis planteada del ataque híbrido, con la autoría ya señalada (Rusia, Israel, o Estados Unidos), corresponde a la realidad de los hechos. Llama la atención que nuestra oposición ultraderechista (PPVOX), tan patriotera, no haya barajado siquiera esa posibilidad a la hora de analizar los hechos y asignar culpas, dado el contexto y los antecedentes.

Han permanecido mudos a este respecto, actuando una vez más como lacayos de potencias que han manifestado abiertamente y en más de una ocasión su intención de perjudicar a España y Europa. Un papel como lacayos de los enemigos de España al que nos tienen acostumbrados. Recordemos al patriota Abascal doblando el espinazo ante el botarate de Trump cada vez que este energúmeno ha amenazado a nuestro país.

Se arriesgan, arrastrados por su parcialidad ideológica ultraderechista (además de su afición al dinero fácil que los financia), a actuar como quinta columna de los agresores de nuestra soberanía, agresores que en la hipótesis planteada tomarían los nombres de Putin, Netanyahu, o Trump, colegas ideológicos muy próximos entre sí y muy estimados por Abascal, Ayuso, y al parecer también Feijóo.

Todo ello nos indica la importancia de que nuestros servicios de inteligencia insistan en este tema y se esfuercen en averiguar cómo se originaron y ocurrieron estos hechos.

Este patrioterismo de algunos políticos no se ha traducido en una llamada a la solidaridad de todas las comunidades autónomas con Ceuta, abriendo sus puertas a recibir a aquellos migrantes que así se establezca por razones legales y humanitarias. Al contrario, han preferido cerrar esas puertas de la solidaridad entre Comunidades autónomas y utilizar esta crisis en su estrategia política contra el gobierno. Es decir, han preferido concentrar toda la carga de la crisis sobre las espaldas de los ciudadanos de Ceuta para así generar más conflicto entre unos ciudadanos que lo pasan mal y unos migrantes (los que no se ahogaron) que lo pasan aún peor. Una metáfora de lo que ocurre en Occidente desde hace tiempo, y exactamente desde que se perdió la perspectiva de contra quién y contra qué hay que luchar. Ceguera que lleva a unos ciudadanos en estado de malestar permanente a pelear contra otros ciudadanos en condiciones aún más precarias, en vez de hacerlo contra los que desde arriba explotan y maltratan a unos y otros.

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