Suerte

El que no se consuela algo, que es todo lo que podemos consolarnos los terrícolas, es porque no quiere.

No es que el escenario que vivimos sea tranquilizante, pero todavía tenemos suerte. Podía ser peor.

¡Qué suerte! podríamos incluso decir llevando el esfuerzo consolatorio al máximo.

Lo de ¡qué suerte! es por tanto una forma voluntariosa de comenzar esta reflexión, porque en ella me refiero a las crisis y desastres mayores que no respetan ya ni la primavera y que han adquirido en nuestros días el triste hábito de repetirse y sucederse, nos desasosiegan de forma sostenida, y nos dejan finalmente baldados o incluso diezmados en el número.

Pero al menos en España, de momento (y por eso lo de la suerte relativa), estos desastres, o algunos de ellos, no los están gestionando los mismos que los provocan urbi et orbi, en modo catecismo ideológico con su derivada económica y bélica. Algo es algo.

Quiero decir que se imaginen ustedes por un momento y para curarse de espanto que la pandemia COVID la hubiera gestionado un gobierno trumpiano en España, encabezado por ejemplo por Ayuso y Abascal, negacionistas de pro, aplicando para ello los métodos expeditivos e idiotas de Trump. Ahí es nada.

Métodos que han marcado un antes y un después en la Historia de la epidemiología occidental y que obligaron a abrir a toda prisa fosas comunes en USA para dar cabida a las recomendaciones del presidente y al elevado número de muertos que provocaron.

Si en ese momento Ayuso o Abascal hubieran tenido un poder más amplio y determinante en España, habrían copiado sin dudarlo las recetas de su patrón, porque es sabido que a todo lo que dice y propone Trump, la presidenta madrileña y el candidato Abascal dicen enseguida "si bwana”, con la celeridad del rayo y antes de pensarlo siquiera dos veces. Casi de forma automática y por fidelidad al jefe supremo, el estrepitoso y mortífero ayatolá de Occidente.

De manera que si en ese momento critico de la pandemia COVID hubiéramos tenido un gobierno trumpiano del PPVOX ya instalado en España, una de las principales recomendaciones a los ciudadanos españoles para cuidar su salud habría sido sido la de beber lejía, que fue una de las más notables ocurrencias delirantes de Trump, entre otras muchas que prodiga a manos llenas. Ocurrencias beodas que para Ayuso y Abascal son palabra sagrada, dado que proceden directamente de un "instrumento de la divina providencia", según califican a Trump los trumpistas.

A los sanitarios profesionales y a los epidemiólogos expertos de USA, les costó sangre, sudor, y lágrimas contradecir y frenar los efectos tóxicos de esas recomendaciones locas de su presidente electo, ungido sin duda por un don especial para decir bellaquerías y cometerlas.

Aquella recomendación presidencial y trumpiana de beber lejía para prevenir el COVID era directamente, como es obvio, una inducción al suicidio, pero viniendo del presidente de USA, representante de Dios en la Tierra y principal cruzado de la causa MAGA, ni tan mal. Morituri te salutant. O sea, que estamos directamente ante los cruzados de la idiotez supina.

Cuando digo por tanto ¡qué suerte! en modo relativo y refiriéndome a aquel desastre, debe entenderse como comparación y en aquel contexto, porque si en ese momento crítico de la pandemia hubieran gobernado ya en España estos chiflados, el desastre y la mortandad habrían sido sin duda mucho peores.

Entre otras cosas porque esos líderes ungidos por la inspiración divina partirían de la idea preconcebida de que de todas formas los muertos se iban a morir, como fríamente y en modo despectivo argumentó Ayuso, muy fiel a la línea insensible e insensata de su maestro.

Y la misma reflexión que nos hacemos sobre la suerte relativa respecto a aquella crisis sanitaria y su gestión, podemos hacernos ahora con respecto a la actual guerra contra Irán.

Si por los trumpianos de aquí fuera, ya estarían los españolitos en edad de merecer, o sea los más jóvenes, alistados para secundar una guerra ilegal y enfrentar a pecho descubierto los misiles iraníes con el valor de auténticos cosacos. O sea, dispuestos como Trump y su círculo de chiflados a pisotear el Derecho internacional y cometer unos cuantos crímenes más (sumados a los del genocidio en Gaza) en una guerra de agresión y en defensa de la Ilustración oscura de los tecno-oligarcas y la dictadura de los milmillonarios.

Toda una causa, la MAGA.

Ni que decir tiene que los ideólogos y jefes naturales de estos soldaditos españoles alistados a toda prisa en una guerra de Trump y Netanyahu cuyo objetivo es destruir e invadir un país soberano y adueñarse de sus recursos, verían los toros desde la barrera, argumentando quizás como hizo Trump durante la guerra de Vietnam para escaquearse, que les habían salido espolones en los pies y no podían caminar hasta el frente.

Veo en un vídeo al futbolista Éric Cantona lanzar una reflexión oportuna y a mí modo de ver bastante razonable: dice este astro del balompié que si en su mano estuviera hacer leyes, una de las primeras sería que cuando un político decide embarcar a su país y a los jóvenes de ese país en una guerra, ese mismo político sería el primero en la línea del frente y por tanto el primero en afrontar los riesgos y miserias de la guerra en vivo y en directo, y no a la distancia, mediante intermediarios o inteligencia artificial. Opina él que de esta forma habría menos guerras. Opino yo que probablemente tiene razón.

Fijémonos en este detalle que no es secundario: cuando Trump dijo que él podría disparar (y matar) a alguien en medio de una calle estadounidense sin tener que afrontar las consecuencias (de hecho eso fue lo que pasó con el golpe de Estado que promovió y en el que hubo muertos), estaba anunciando lo que un poco después harían los ICE en ese desnortado país. Y en base a esta lógica de matón, y pasando ahora de la política local a la geopolítica, vemos que en el plano internacional se guía por la misma idea. Él piensa que también en este ámbito internacional o geopolítico puede disparar y cometer crímenes de guerra a diestra y siniestra sin pagar las consecuencias ni ser empapelado por sus fechorías. Por eso es coherente decir que la democracia agoniza, porque lo hace en paralelo y a la par de la agonía del Derecho internacional.

Visto lo visto, no nos debe extrañar que Dani Rodrik haya dicho en una entrevista reciente con Claudi Pérez para El País que “Trump no es solo un riesgo económico; es la mayor amenaza de nuestro tiempo”.

Pues aún así, aquí en España tiene algunos vasallos entregados a sus designios y que aspiran a gobernarnos.

Ya tendríamos mala suerte si esta amenaza se hiciera realidad.

Comentarios