Machismo, arrogancia y cero autocrítica

Soy madridista desde que nací. Tras asistir a la última rueda de prensa de Florentino Pérez, sólo puedo manifestar mi absoluto malestar, perplejidad y disgusto. 

Parece ser que todos los seres humanos cometemos errores, menos el presidente del Real Madrid. Al menos eso es lo que ha querido transmitir el máximo mandatario blanco en una comparecencia tan esperpéntica que ni el mismísimo Valle-Inclán se habría atrevido a firmar. 

He sido crítico con el regidor blanco durante años, pero lo de este martes ha colmado el vaso de mi paciencia. La deriva autoritaria de este hombre es palmaria; se ha ido gestando a lo largo de los años y la escena de ayer es el culmen de todo ello. Hemos pasado de aquella famosa frase de “he malcriado a los jugadores”-en referencia los ´galácticos´- a escucharle decir que la culpa de la situación actual es del Barcelona, de Negreira y de un largo etcétera.

Para rematar, ha caído en lo más rastrero: arremeter contra los periodistas y, en especial, contra María José Fuenteálamo. Tras escuchar el exabrupto de Pérez, me he dignado a leer su artículo en el diario ABC, “El Real Madrid y la sordera del perdedor”. Es una columna que cualquier persona con sentido común habría suscrito y que refrenda el estado de crisis y preocupante declive a todos los niveles en el que se encuentra el club merengue. Desde estas líneas, quiero mandar también todo mi apoyo y solidaridad a los profesionales que formaron parte de Relevo, una publicación deportiva ejemplar sobre la que el propio presidente ha vertido hoy sus ataques en rueda de prensa, evidenciando una campaña asfixiante de hostilidad hacia la libertad de prensa, evidenciando una campaña asfixiante de hostilidad hacia la libertad de prensa y la pluralidad informativa cuando los análisis no le son favorables.

El Real Madrid ha pasado de pertenecer a todos sus aficionados a ser propiedad de unos pocos privilegiados. Hoy se exige un dineral inalcanzable para cualquiera que pretenda, simplemente, comprar una entrada en el Estadio Santiago Bernabéu. El club cuenta ahora con un recinto que parece más un museo de lujo para turistas globales que un hogar para quienes hemos mamado el madridismo desde la cuna. Ya no se ve a las mocitas madrileñas alegres y risueñas como dice el himno, paseando por las calles aledañas para ver a su equipo; su presidente les ha dejado claro que, sin una buena suma de dinero, no son bienvenidas. 

Es desolador ver cómo, si el pública pita al palco, la megafonía se pone a todo volumen para tapar la protesta. Asistimos a la realidad de una afición adormecida y obnubilada por el “Ser Superior”, una frase desafortunadamente acuñada en su día por Emilio Butragueño que hoy dista mucho de representar la verdadera esencia de la institución. El auténtico madridismo debe ser la unión del orgullo y el sentimiento, pero también de la autocrítica necesaria cuando las cosas van mal. 

Florentino Pérez ha protagonizado una rueda de prensa bochornosa. El dueño de ACS se ha mostrado como un dirigente arrogante, desnortado y sin rumbo, que se defiende como gato panza arriba con las fuerzas de flaqueza típicas de quien ya solo recurre a la marrullería porque su clase y su talento se agotaron hace tiempo. 

Escribo estas líneas con un profundo dolor. Ser del Real Madrid no consiste únicamente en vanagloriarse de ser el mejor club de la historia. Es una forma de ser y de vivir. Ser madridista es demostrar grandeza tanto en las maduras como en las duras; ser enemigo en la contienda y dar la mano al perder, tal y como reza nuestro himno histórico. El Real Madrid no puede dedicarse a crear enemigos donde no los hay. Actualmente, el mayor adversario del club es la arrogancia y el ego desenfrenado personificados en su presidente. 

Desde que se presentó por primera vez contra Ramón Mendoza (D.E.P.), nunca fue santo de mi devoción. Florentino Pérez se encontró con un club donde los aficionados podían expresarse libremente; hoy, bajo sus reglas modificadas, es prácticamente imposible que se presente cualquier candidato que no sea el propio dueño de ACS. Como demócrata, lo considero un ultraje imperdonable. 

Hace años, un buen amigo de mi padre me dijo algo que se me quedó grabado para siempre: “Diego, ser presidente del Real Madrid es más importante e influyente que ser presidente del Gobierno de España”. No le faltaba razón. Esta entidad arrastra a millones de seguidores en todo el planeta, y esa responsabilidad obliga a exigir que su directiva esté a la altura de un club de todos y para todos. 

Por ello, y consciente de la enorme dificultad que implica articular una alternativa, pido a quienes tienen voz y derecho al voto en el club que se unan para frenar esta indignidad histórica. Desde aquí quiero mostrar todo mi apoyo a iniciativas valientes como el “Movimiento

Ámbar”, que tanto persigue e intenta censurar la seguridad del palco, porque representa a los que luchan por recuperar un Real Madrid de los socios y los aficionados. Es hora de plantear una candidatura que honre nuestro pasado y devuelva al club a la cima del éxito deportivo, económico y, sobre todo, a la cumbre de la decencia. 

Por la memoria de mis abuelos, madridistas toda su vida, y de tantos aficionados y aficionadas que se han dejado parte de sus ahorros con tal de animar a nuestro equipo, quiero dedicar también este artículo. El actual presidente os ha retado de forma chulesca, faltando al respeto a la masa social del club. No os dejéis pisotear por él, por favor. Y es que, como muy bien dijo don Santiago Bernabéu hace años: “La camiseta del Real Madrid es blanca. Se puede manchar de barro, sudor y hasta de sangre, pero jamás de vergüenza”. Eso es justo lo que ha hecho Florentino Pérez Rodríguez en esta rueda de prensa.

¡Hala Madrid! 

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