Feijóo y el emérito
Aquella noche negra del 23 de febrero de 1981, el jefe de Estado del Reino de España ordenó al general Milans del Bosch la retirada de los tanques de las calles de Valencia. Anunció que de ninguna manera abdicaría ni se iría del país. Y, en fin, proclamó alto y claro su propósito de "mantener el orden constitucional dentro de la legalidad."
No hacía ninguna falta confirmarlo. Al menos a ojos de quienes lo vivimos cargados de información sobradamente contrastada. Sin embargo, la desclasificación de los papeles del 23-F ha tenido el inesperado efecto colateral de aplaudir el papel del "emérito" cuarenta y cinco años después como el más eficiente "no es no" (rotundo, expreso, inequívoco, radiado, televisado) contra aquellos patriotas de moral deformada que intentaron aplastar una democracia recién nacida.
Feijóo aprovecha el oleaje político y mediático de la memoria agradecida a don Juan Carlos para reclamar su retorno tras cinco años y medio fuera de España por razones que bien conoce su familia, el Gobierno, los partidos políticos y la ciudadanía en general. Todas ellas relacionadas con un comportamiento público y privado manifiestamente mejorable en función de la ejemplaridad exigible a su alta magistratura, de la que terminó apeado en medio del reproche general de los españoles.
Este oportunismo puede resultar muy rentable a Feijóo, porque conecta con la renovada constatación de un rey que salvó a la democracia de aquel zarpazo golpista. Pero ignora la mayor: se fue de España por "meditada decisión" propia, tomada "con profundo sentimiento y gran serenidad" , "ante la repercusión pública que están generando ciertos acontecimientos pasados de mi vida privada" (3 agosto 2020). Año y medio después (marzo de 2022), insistió en "continuar residiendo de forma permanente en Abu Dabi, donde "he encontrado tranquilidad para este periodo de mi vida". Su hijo, Felipe VI, y también esto quedó por escrito, "respeta y comprende la voluntad de su majestad el rey don Juan Carlos".
Así que, la petición del aspirante a la Moncloa debería estar dirigida al rey emérito. De hecho, tanto el Gobierno como la Casa Real se ha apresurado a dejar claro que don Juan Carlos se fue porque quiso y puede volver cuando quiera ¿Nos lo creemos o le damos vueltas a las sospechas más o menos fundadas de que el alejamiento se coció en una operación concertada entre Moncloa y Zarzuela, que incluía el ruego a don Juan Carlos de que si volvía a España fuera solo esporádicamente y de la forma más discreta posible? Y aquí es donde encaja que Feijóo mira implícitamente a Felipe VI y a Sánchez. E implícito estaba que en su día decidieron que el alejamiento iba a ser lo mejor para todos, una vez difundidos los comportamientos inapropiados de quien, en otro orden de cosas, pasará a la historia como el rey que frenó a los enemigos de la democracia.