Tres detenidos por robar 1.200 sillas de bares de Toledo y Madrid

La Guardia Civil ha detenido a tres personas acusadas de robar casi 1.200 sillas y mesas de establecimientos hosteleros de Madrid, Toledo (Toledo) y Ciudad Real, con un botín valorado en unos 40.000 euros.

Los arrestados acumulan once delitos de hurto, dos de robo con fuerza y un delito de pertenencia a grupo criminal. Los tres cuentan con numerosos antecedentes por los mismos hechos.

Cae una banda que robó más de 1.100 sillas de terraza valoradas en 60.000 euros
Tres detenidos por robar 1.200 sillas de bares de Toledo y Madrid

La Guardia Civil detuvo a tres personas acusadas de robar casi 1.200 sillas y mesas de bares y restaurantes de la Comunidad de Madrid, la provincia de Toledo y la provincia de Ciudad Real, con un botín que asciende a unos 40.000 euros. Los arrestados, que actuaron de forma coordinada durante al menos tres meses, se enfrentan a cargos por once delitos de hurto, dos de robo con fuerza y un delito de pertenencia a grupo criminal.

Según informó la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid, la banda operaba en horario nocturno y se desplazaba en una furgoneta registrada a nombre de un tercero, lo que dificultó su identificación inicial. Su área de acción abarcó numerosas localidades de la sierra y el sureste madrileños, además de municipios de las provincias castellanomanchegas.

Entre los objetivos de la banda figuraron establecimientos hosteleros de las localidades madrileñas de Patones, San Mamés, Lozoya, Hoyo de Manzanares, Cabanillas de la Sierra, Villanueva del Pardillo, Turleque, Titulcia y Moralzarzal, además de Corral de Almaguer (Toledo). La investigación no precisa qué municipios de Ciudad Real fueron afectados.

Los tres detenidos acumulan numerosos antecedentes policiales por delitos de la misma naturaleza. Fueron citados a declarar en el puesto de la Guardia Civil de San Agustín de Guadalix (Madrid), donde quedaron arrestados tras comparecer.

El móvil de los robos apunta a la reventa del mobiliario sustraído. La furgoneta empleada —cuya titularidad correspondía a un tercero ajeno aparentemente a los hechos— permitía trasladar grandes volúmenes de sillas y mesas en cada incursión nocturna, completando en apenas un trimestre un botín de dimensiones notables para el sector hostelero afectado.

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