Premian a la Escuela de Arte de Toledo por combatir la LGTBIfobia

La Escuela de Arte de Toledo, uno de los centros creativos más antiguos de España con 124 años de historia, ha recibido este miércoles un reconocimiento del Gobierno de Castilla-La Mancha por su labor contra la LGTBIfobia, cuyo Día Internacional se conmemora el próximo domingo.

La Junta ha distinguido al centro toledano por su modelo de "educación integradora, que valora la diversidad y la atención a las distintas realidades personales y sociales del alumnado, incluyendo de manera expresa la diversidad afectivo-sexual y de género".

Integrantes del equipo directivo de la Escuela de Arte de Toledo recogen el reconocimiento contra la LGTBIfobia, otorgado por el Gobierno de Castilla-La Mancha.
Integrantes del equipo directivo de la Escuela de Arte de Toledo recogen el reconocimiento contra la LGTBIfobia, otorgado por el Gobierno de Castilla-La Mancha.

La Escuela de Arte de Toledo acumula desde esta semana un nuevo reconocimiento en su extenso medallero institucional. El Gobierno de Castilla-La Mancha le ha entregado uno de los galardones con motivo del Día Internacional contra la LGTBIfobia, que se celebra el domingo 17 de mayo, en reconocimiento a un modelo educativo que lleva décadas poniendo la diversidad afectivo-sexual y de género en el centro de su proyecto pedagógico. El premio, materializado en una escultura de la artista Asunción Caballero, distingue a un centro con 124 años de historia asentado en un edificio Bien de Interés Cultural y que figura, junto a los de Madrid y Sevilla, entre los más antiguos de España en su especialidad.

La distinción no ha llegado de improviso. El compromiso de la escuela con la igualdad y la pluralidad es, según su propio equipo directivo, una seña de identidad que se remonta a su propia fundación. Ya en los albores del siglo XX, Matías Moreno, su primer director, defendió la democratización de las clases y la igualdad de sexos. Una declaración de intenciones que, un siglo después, sigue siendo la brújula del centro.

"Es muy heterogéneo, libre, con un pensamiento muy diverso, que hace que la escuela sea un espacio abierto, culturalmente muy atractivo", explicó a Europa Press el director del centro, Carlos Sánchez, quien resume la filosofía del lugar en una sola frase: "Aquí da igual cómo vengan, da igual cómo sean o cómo se llamen. Aquí se trata a todo el mundo por igual".

Un refugio para quienes necesitan sentirse seguros

Más allá de su rica oferta creativa —que combina disciplinas tecnológicas con oficios milenarios como el damasquinado—, la Escuela de Arte de Toledo ha construido una reputación paralela como espacio de bienestar emocional para un alumnado que, en muchos casos, no encuentra en otros entornos educativos el mismo clima de aceptación.

Ana Valbuena, profesora de Dibujo Artístico con más de una década en el centro, lo atestigua sin rodeos: "No podemos decir que solo vienen a dar rienda suelta a su creatividad. Hay algunos que sí, pero hay muchos casos en los que se encuentran tranquilos, seguros. Aquí no hay personas raras. No entendemos ese tipo de concepto. Creo que, en general, se sienten arropados tanto por sus compañeros como por los profesores".

La docente pone el acento en los detalles que, aparentemente pequeños, marcan la diferencia: el uso de los nombres elegidos por cada estudiante, la ausencia de etiquetas y la escucha activa como herramienta pedagógica. "Yo creo que por eso ellos se encuentran un poco más seguros, porque no terminamos poniendo ni etiquetas ni haciendo clichés", señaló. Esa atención sostenida ha generado, en muchos casos, un vínculo de confianza que supera al que algunos alumnos mantienen con sus propias familias.

Valbuena reconoce con satisfacción el galardón, aunque resta épica al trabajo realizado: "No hemos hecho nada especial, solo tener las puertas y la mente abiertas para que nadie se sienta excluido".

"Los profesores son los que más abrían los brazos"

Alex Cerrudo es uno de los estudiantes que ha transitado por el centro durante los últimos años, cursando primero el Bachillerato de Artes y después el Grado de Ilustración. Hoy da sus primeros pasos en el mundo laboral en un estudio de tatuaje, pero reconoce que le costará desvincularse emocionalmente de la escuela.

"Cambia radicalmente. Esa conexión alumno-profesor es lo que más voy a extrañar", afirmó. Cerrudo llegó con 15 o 16 años cargado de inseguridades y sin apenas amigos. "Se me recibió bastante bien. Los profesores, los que más abrían los brazos para incluirnos. Son muchas memorias, muchos momentos especiales", recordó.

La experiencia, asegura, fue transformadora en todos los sentidos: "En estos cuatro años, uno pasa de ser un adolescente un poco asustado, que no sabe qué pensar del mundo, no tiene una opinión muy clara, a salir como un adulto, ya con experiencia y con una opinión más sólida, incluso con la mente más abierta de lo que podía venir, y con unos conocimientos que no se encuentra en otros lados".

Su testimonio es el de muchos otros que, según la profesora Valbuena, llegan al final del ciclo con una sensación agridulce: "Las graduaciones siempre son un poco llorosas. Pero es cierto que su paso por la escuela les sirve de puentecito para pasar de esa inmadurez inicial a la madurez. Se van al mundo un poquito más firmes".

Hacia el 125 aniversario con el viento en popa

Con el acicate de este reconocimiento, la Escuela de Arte de Toledo afronta un nuevo proceso de admisión de alumnado con el que renovar sus vocaciones creativas y encarar un curso especialmente simbólico: el que le llevará a soplar las velas de su 125º aniversario.

Un siglo y cuarto de existencia que ha convertido al centro toledano en algo más que una institución educativa. Es, a estas alturas, un referente de transformación social y personal: un lugar que ha conseguido cambiar la conciencia de una ciudad anclada a su pasado monumental, pero que mira al futuro con la mente —y las puertas— bien abiertas.

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