Arranca la poda en el viñedo de la D.O. La Mancha, clave para los vinos de calidad
La entrada en el invierno marca el inicio de una de las tareas más determinantes del calendario vitícola en la Denominación de Origen La Mancha. Con la campaña 2025 ya embotellada y presente en los mercados —una añada recordada por su elevada calidad y su limitada producción como consecuencia del tórrido verano pasado—, los viticultores se afanan ahora en las labores de poda, fundamentales para garantizar el equilibrio productivo de la cepa de cara a la próxima vendimia.
Según informa el Consejo Regulador, de las yemas que se conserven en la poda emergerán los pámpanos de la próxima campaña. El número de yemas que se deje en cada cepa permitirá regular la cantidad potencial de cosecha, siempre condicionada a que la meteorología “no tenga otros planes” en los próximos meses.
Desde la Denominación de Origen se subraya la importancia de estos cortes selectivos de poda en seco —la denominada poda invernal— en un cultivo leñoso como la vid. Una correcta ejecución permite conducir la producción hacia rendimientos moderados y de mayor calidad, favoreciendo además un mejor estado sanitario de la planta.
“Hay que mirar cada cepa porque dentro de una viña son diferentes y hacer una poda proporcional a la fuerza que tenga la cepa. En una producción de calidad, necesitaríamos una producción media”, explica Miguel Luis Casero, viticultor y vocal del Consejo Regulador.
En esencia, la poda busca una reducción del volumen leñoso de la vid, descartando aquellos sarmientos que no favorezcan una correcta formación y maduración de los racimos. En los sistemas de conducción en espaldera, la recomendación pasa por dejar cuatro o cinco pulgares a cada lado del brazo, una práctica que permite alcanzar un equilibrio adecuado entre producción y calidad en la próxima añada.
Más tradicional en el paisaje manchego, la poda en vaso, habitual en variedades autóctonas como la Airén, requiere igualmente una selección minuciosa de los cortes. En este caso, se persigue un mayor “recogimiento de la vid”, eliminando los pulgares viejos —pequeños sarmientos— y dejando el pulgar nuevo, generalmente con dos yemas.
A finales de la primavera, la poda invernal suele completarse con la denominada poda en verde, una labor que culmina el trabajo iniciado durante el letargo invernal. En esta fase se eliminan los sarmientos no útiles cuando aún se encuentran en estado clorofílico, optimizando así el desarrollo vegetativo.
En definitiva, concluyen desde la marca de calidad, este conjunto de prácticas permite limpiar mejor la cepa, descargar la planta y descartar brotes imperfectos o poco fértiles, sentando las bases para una vendimia equilibrada y vinos de mayor calidad en la próxima campaña.