Testimonios de familia y superviviente tensan el juicio por el crimen de Nohales

Los testimonios amplían el choque entre acusaciones y defensa: los primeros hablan de planificación y alevosía; el entorno del acusado describe un estado “ido”, nervioso y fuera de sí la noche del ataque
Juicio en la Audiencia Provincial de Cuenca contra un hombre acusado de asesinar a su expareja en la pedanía conquense de Nohales, e intentar asesinar a la pareja de ésta en Cuenca, en abril de 2022 - EFE/Álvaro del Olmo
Juicio en la Audiencia Provincial de Cuenca contra un hombre acusado de asesinar a su expareja en la pedanía conquense de Nohales, e intentar asesinar a la pareja de ésta en Cuenca, en abril de 2022 - EFE/Álvaro del Olmo

El juicio por el crimen machista de Nohales avanzó este martes en la Audiencia Provincial de Cuenca con una segunda jornada marcada por los testimonios del entorno más cercano de C.B.R., acusado de asesinar a su expareja, V.C.A.S., y de intentar matar a M.C., el hombre que la acompañaba en la vivienda donde se produjo la agresión en abril de 2022. A sus declaraciones se sumaron las del propio superviviente, que relató ante el jurado cómo el acusado irrumpió en la casa gritando que iba a matarlos a ambos.

El tribunal popular, constituido el lunes con cuatro hombres y cinco mujeres, además de dos suplentes, deberá decidir sobre la culpabilidad del procesado, para quien la Fiscalía solicita una pena que podría alcanzar hasta 40 años de prisión por asesinato, asesinato en grado de tentativa, quebrantamiento de condena y allanamiento de morada.

La vista continúa marcada por el profundo contraste entre las tesis de las acusaciones —que sostienen que el ataque se ejecutó con alevosía y con una clara intención de asegurar el resultado mortal— y la estrategia de la defensa, que rechaza el asesinato y atribuye los hechos a una grave alteración de las facultades del acusado por su adicción a drogas, alcohol y juego.

Familia del acusado: intentos fallidos de frenarlo y un estado “nervioso” e irreconocible

La sesión matutina se abrió con las declaraciones de las hermanas y la madre del acusado. Los tres testimonios coincidieron en describir la noche del crimen como un episodio de descontrol y nerviosismo extremo por parte de C.B.R., a quien vieron “ido” y “como si no fuese él”.

Una de sus hermanas, S.B., recordó que la relación de la pareja comenzó a deteriorarse dos años antes del suceso y relató que su hermano quedó profundamente afectado cuando fue detenido por un episodio previo y pasó una noche en el calabozo, episodio tras el cual no dejaba de mirar el documento judicial “porque ponía que era un maltratador”. Según su testimonio, el acusado ingresó voluntariamente en Proyecto Hombre “porque quería volver a estar bien”.

Respecto a la noche del crimen, describió cómo, tras la comida familiar durante un permiso, tardó en volver a casa y cómo, al regresar ya de noche, se le vio “muy nervioso”, sin que entendieran claramente lo que decía. Entre los fragmentos que logró comprender aseguró haber oído que “había visto a Cristina y estaba follando con otro”. La familia intentó calmarlo y retenerlo, pero él empujó a su madre hasta casi tirarla por las escaleras.

Eso, en plenas facultades, no se lo hace a su madre”, insistió la testigo, que llamó al 091 para alertar de que temía que “mi hermano tenía pensado hacer algo”. Reconoció que “ojalá hubiera tenido la lucidez de avisar” también a la víctima. Sostuvo que el acusado tenía llaves de la casa de Nohales porque acudía allí para cuidar al perro y hacer tareas de mantenimiento, y que la relación de la pareja había sido la de “unos novios de toda la vida”.

Otra de las hermanas relató que escuchó el alboroto desde su habitación y vio a su madre en el suelo cuando intentaba frenarlo. No logró alcanzarlo antes de que saliera de casa. Condujo después hacia Nohales, donde le informaron de que había un hombre y una mujer en el interior de la vivienda. A la vuelta, se derrumbó en la rotonda del Alcampo y llamó a su hermano J.B. para que fuese a recogerla porque no podía continuar conduciendo.

Este hermano aseguró que no recordaba detalles concretos de la noche, pero sí afirmó que el acusado “nunca le trasladó intención de hacer daño” a su expareja ni de quitarse la vida por la ruptura.

Una madre que describe a un hijo “poseído” y que intentó retenerlo

La madre del acusado, M.J.R., declaró entre lágrimas que aquella noche vio a su hijo “como una persona ida, como si estuviera poseído”. Aseguró que no entendió nada de lo que dijo, pero intentó frenarlo a pesar de no saber qué estaba ocurriendo. Él llegó a empujarla y casi la tiró por las escaleras, algo que “no había ocurrido nunca”.

Reconoció en sala el cuchillo que su hijo utilizó y que había cogido de su casa. Recordó también un episodio previo en el que el acusado rompió una mesa de cristal delante de uno de sus hijos durante una discusión con la víctima.

El relato del superviviente: “Os voy a matar a los dos”

La declaración más esperada de la jornada fue la de M.C., superviviente del ataque, realizada por videoconferencia. Su testimonio coincidió con la versión que ya adelantó en el atestado policial.

Relató que la noche del crimen estaba viendo una película con la víctima cuando escucharon la puerta. Pensó que podría ser algún familiar y permaneció sentado, pero la víctima se levantó para comprobarlo. Al reconocer al acusado, empezó a gritarle que se marchara. Fue entonces cuando, según su testimonio, C.B.R. levantó el cuchillo y pronunció la amenaza: “Os voy a matar a los dos”.

Intentó desarmarlo, pero la violencia del ataque lo impidió. El testigo recibió numerosas cuchilladas, especialmente en las piernas, mientras intentaba protegerse. Vio cómo el agresor se dirigía hacia la mujer y le asestaba al menos una puñalada antes de volver a atacarlo. Logró finalmente escapar, saltó la valla perimetral y se topó con la Guardia Civil, que inicialmente lo confundió con el agresor.

Afirmó que sobrevivió porque una de las cuchilladas chocó contra la escápula: “Por eso hoy estoy aquí”.

La propietaria de la vivienda habla de una relación “muy mala” y de amenazas previas

También declaró la propietaria de la casa de Nohales, amiga íntima de la víctima. Confirmó que C. tenía llaves de la vivienda, donde se alojaba en ocasiones. Describió la relación de la pareja como “mala o muy mala”, empeorada tras la ruptura porque “una de las partes no quería asumir el divorcio”.

Aseguró que nunca dio llaves al acusado ni autorizó su presencia en la casa, y negó que hubiera habido robos previos o intentos de entrar en la vivienda. Según su testimonio, el acusado seguía a su expareja “apareciendo en cualquier lugar donde estaba”, hacía “miles de llamadas” al móvil y al portero automático y llegó a amenazarla con suicidarse tirándose desde el puente de San Pablo.

La testigo, que entonces era policía local especialista en violencia de género, afirmó que veía “cada vez más ítems” compatibles con una situación de maltrato.

Proyecto Hombre: dificultades para cumplir normas y una segunda salida en solitario

El responsable del centro de Proyecto Hombre de Guadalajara confirmó que el acusado mostraba dificultades para cumplir algunas normas. Se quejaba de que no podía ver a sus hijos y consideraba “injusta” su situación con la víctima. Explicó que el crimen ocurrió durante su segunda salida en solitario, autorizada tras tres meses de abstinencia.

Contexto y testimonios de la primera jornada: dos relatos irreconciliables

El lunes, el juicio arrancó con la exposición de las acusaciones, que sostuvieron que el acusado actuó con alevosía, rematando a la víctima cuando estaba ya indefensa en el suelo, en un acto “finalista” orientado a asegurar la muerte. Uno de los alegatos llegó a comparar el golpe final con “cómo se descabella a los toros”.

Reclamaron una condena de 25 años por asesinato consumado y remarcaron la “continuidad delictiva” de los quebrantamientos de la orden de alejamiento. La acusación particular pidió valorar también la posible premeditación.

La defensa, por su parte, negó la alevosía y planteó que los hechos deben considerarse un delito de lesiones con arma blanca en concurso con homicidio imprudente, insistiendo en el grave deterioro mental del acusado por su adicción y su estado “fuera de sí” la noche del ataque.

El primer día también compareció un amplio bloque de agentes de la Guardia Civil que reconstruyó al detalle los movimientos del acusado, desde su salida para recoger el cuchillo hasta la persecución a pie, pasando por los hallazgos en la vivienda, las muestras biológicas y los análisis periciales que situaban al procesado acechando a la víctima y dejando restos de sangre en su huida.

Dos días de juicio y dos mundos: deliberación frente a deterioro mental

Tras dos intensas jornadas, el jurado ha escuchado los dos relatos que se enfrentan en este proceso:

El de las acusaciones, que describen un crimen ejecutado de forma consciente, deliberada y orientada a asegurar la muerte de la víctima.

El de la defensa, que sostiene que la adicción y el estado mental del acusado le impedían actuar de forma intencional.

La vista continuará en los próximos días con nuevas declaraciones clave para aclarar la secuencia de los hechos y valorar la capacidad del acusado para comprender y dirigir sus actos en el momento del ataque.

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