La restauración del cuadro de la Virgen de la Misericordia descubre dos donantes

La obra del siglo XVIII regresa a la Colegiata tras su paso por el Taller de Restauración de la Diputación de Cuenca, mostrando dos figuras que habían permanecido cubiertas durante décadas.
La restauración del cuadro de la Virgen de la Misericordia descubre dos donantes
La restauración del cuadro de la Virgen de la Misericordia descubre dos donantes

La Colegiata de Belmonte vuelve a exhibir en su presbiterio el cuadro de la Virgen de la Misericordia tras culminar un exhaustivo proceso de restauración llevado a cabo por el Taller Provincial de Restauración de la Diputación de Cuenca. La intervención no solo ha permitido recuperar el brillo original de la pintura, sino que ha sacado a la luz dos personajes que permanecían ocultos bajo capas de repinte.

En la mitad inferior del lienzo aparecen ahora los retratos de dos figuras de medio cuerpo, una a cada lado de la Virgen. Todo apunta a que se trata del matrimonio de donantes que encargó la obra, representados con indumentaria acorde a la moda francesa de mediados del siglo XVIII.

La diputada de Patrimonio, Mayte Megía, se desplazó hasta Belmonte para hacer entrega oficial de la obra restaurada, en un acto en el que participaron la alcaldesa Cristina Delgado, la concejala de Cultura Beatriz Delgado, el párroco Emilio de la Fuente, así como numerosos feligreses y vecinos interesados en la historia local. También estuvieron presentes las técnicas del Taller Provincial de Restauración, encabezadas por su jefa de servicio, Ana Conesa, quienes aprovecharon la jornada para divulgar el trabajo que se realiza desde la institución provincial.

Megía subrayó la importancia histórica, cultural y emocional de este tipo de intervenciones para los municipios, al tratarse de un patrimonio que forma parte de la identidad colectiva de los vecinos de Belmonte. Asimismo, agradeció la labor del equipo técnico del taller, destacando su profesionalidad y el cuidado con el que tratan obras de un valor incalculable para la provincia.

La diputada se mostró satisfecha de que esta pintura, de 255 centímetros de alto por 177 de ancho, vuelva a ocupar su lugar habitual en la Colegiata, donde complementa el conjunto artístico de este templo conocido como la Catedral de la Mancha. En este sentido, señaló que la obra restaurada supone “un atractivo más” para seguir impulsando el turismo en una localidad que es uno de los motores turísticos de la provincia de Cuenca.

Por su parte, la alcaldesa de Belmonte agradeció a la Diputación y a su presidente el trabajo realizado por el Taller de Restauración, calificando el resultado de “impecable”. Destacó además que esta actuación se suma a otras intervenciones recientes en el patrimonio local, como las realizadas en el artesonado del castillo, la reja de la capilla de la Anunciación de la Colegiata o el retablo de la capilla de San Pedro.

Una iconografía mariana de gran valor artístico

La pintura, de formato vertical, representa a la Virgen María en primer plano ocupando el eje central de la escena. Aparece de pie sobre una roca de la que brota un chorro de agua que forma un pequeño estanque, con los brazos extendidos y el rostro dulce y sereno inclinado hacia dos fieles que se encomiendan a su protección. Viste túnica blanca ceñida con cinturón dorado y un manto, también blanco, que cubre su cabeza y se cierra en el pecho con un broche en forma de cabeza de ángel. Los bordes del manto y de la túnica están decorados con una orla vegetal dorada, y sobre su cabeza porta una gran corona.

En la parte superior, cuatro serafines rodean la cabeza de la Virgen, mientras que un ángel niño sostiene una cartela con la leyenda Mater admirabilis comes et prínceps misericordie. La escena se enmarca en un arco de piedra sustentado por dos columnas, con un paisaje boscoso al fondo.

La composición es sencilla, con la figura de la Virgen dominando el eje central. Los pliegues ondulantes del manto aportan el principal elemento de dinamismo, en una escena de luces y sombras poco contrastadas que se aleja del dramatismo barroco para acercarse al estilo rococó, más suave y delicado.

La Virgen de la Misericordia es una advocación mariana vinculada a la Orden de la Merced, fundada en 1218 con la misión de liberar a cristianos cautivos. Tradicionalmente se representa coronada y con manto blanco extendido, cobijando a los fieles. La diferencia iconográfica con la Virgen de la Merced reside en el ángel del pecho, que sustituye al escudo de la orden.

Según la tradición, en 1536 la Virgen de la Misericordia se apareció a un labrador en la región italiana de Savona, posándose sobre una piedra a orillas del arroyo Letimbro, una escena que queda reflejada en la pintura de Belmonte. Este detalle lleva a pensar que la pareja de donantes retratada podría haber tenido una devoción especial a la Virgen de la Misericordia de Savona, e incluso una posible ascendencia italiana.

Un proceso de restauración minucioso

Antes de la intervención, el estado de conservación de la obra era deficiente, con zonas donde la pintura comenzaba a desprenderse. Además, la composición había sido alterada por repintes que ocultaban amplias áreas y por un montaje inadecuado que doblaba en exceso el lienzo en el bastidor. A ello se sumaban el oscurecimiento del barniz por el paso del tiempo y la suciedad superficial, que apagaban el colorido original.

Los trabajos comenzaron con la adhesión de los fragmentos de pintura que se estaban levantando. Posteriormente, se procedió a extender completamente el lienzo, recuperando los bordes ocultos. Durante la limpieza de la policromía se eliminaron, con un laborioso trabajo a punta de bisturí, los repintes que ocultaban a los donantes, comprobándose que las figuras se conservaban íntegras bajo la capa añadida.

La recuperación de los bordes originales aumentó de forma significativa el tamaño del lienzo, lo que obligó a montarlo en un nuevo bastidor. Finalmente, se incorporó un marco de estilo histórico, más acorde con los valores estéticos de la obra.

La intervención, realizada por el Taller de Restauración de la Diputación Provincial de Cuenca, ha devuelto el cuadro a su ubicación original en la Colegiata de Belmonte, donde puede contemplarse de nuevo desde junio de 2024, recuperando toda su riqueza artística y simbólica.

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