Un líder desnortado
Perder el norte, perder el rumbo. Esto es lo que vemos claramente en la deriva política de Feijóo.
Son tiempos inestables en los que unos líderes se pierden y otros se hallan. Ya lo decía Heráclito: todo cambia y la suerte da muchas vueltas. Un aviso sobre lo efímero de los supuestos más sólidos (en apariencia) y lo volátil que pueden ser los pronósticos de cara a las elecciones de 2027. Quizás esto explique la decisión de Pedro Sánchez de agotar la legislatura: que el paso del tiempo (un tiempo convulso y agitado) traiga claridad sobre las distintas opciones electorales en liza, sobre todo de cara a que la ultraderecha trumpiana, como el rey del cuento, quede definitivamente desnuda.
Y ya lo está -desnuda- para muchos ciudadanos estadounidenses que estos días y en multitud de ciudades se manifestaban bajo el lema "No reyes". Pero también está desnuda para muchos agricultores españoles que estos días se manifestaban igualmente de forma rotunda contra el seguidismo trumpista del PPVOX.
Estos ciudadanos ya han tenido tiempo suficiente y un curso práctico acelerado sobre lo que representa el trumpismo.
Con el paso del tiempo y el discurrir de los hechos (muchos de ellos trágicos), lo que parecía poco definido se aclara, y lo que se barruntaba turbio aparece ahora más lleno de sombras. Oscuridad que se aclara. Ignorancias que se redimen.
Y es que a veces la primera iluminación sobre la realidad tal como es, procede del bolsillo y de los efectos que en la economía de cada cual tienen las guerras desencadenadas por un puñado de locos y aplaudidas por otro puñado de monaguillos.
Algunas evidencias no admiten dudas: vivimos el tiempo violento y caótico de Donald Trump, el nuevo ayatolá de Occidente. Y Ayuso, que considera un honor alinearse con esa violencia y ese caos (un honor servil y vasallo, si es que cabe esta combinación), no tiene empacho en declararse trumpista y fiel seguidora del líder MAGA. Y ojo, que hablamos de ese trumpismo, en lo esencial sin fronteras, que acosa y busca continuamente perjudicar a España.
Mejor así. Que todos sepamos a qué atenernos y con qué políticos podemos contar a la hora de defender los intereses de nuestro país, que no coinciden como es obvio, con los de la causa MAGA ni con los intereses privados de Trump y su familia.
Pero los desvaríos del discurso de Trump no afectan solo a Ayuso y Abascal, sino que afectan a más de un líder político presuntamente serio. Y esto lo decimos sobre todo por Feijóo, que así nos lo vendieron, como moderado, y al que el paso del tiempo también ha desnudado
No sabemos por ejemplo si los ecos de caverna que Feijóo rebota últimamente en sus discursos, le vienen de eso que ha dado en llamarse la Ilustración oscura, proyecto de barbarie que unos planifican y Trump ejecuta. Todo parece indicar que sí, que Feijóo ha sido absorbido por esa corriente de la extrema derecha decididamente tenebrosa, a la que incluso el Vaticano teme y rechaza.
El líder del PP sabrá los beneficios que espera obtener al alinearse con un extremismo de raíz trumpista y cuyos objetivos vienen definidos por el lema MAGA. Algo incomprensible en un líder español, salvo que piense emigrar a ese país para disfrutar allí el resto de su vida del régimen trumpista y los réditos de su vasallaje.
En cualquier caso denota falta de interés por nuestro país (al que Trump por sistema acosa y amenaza) y también pone de manifiesto la falta de un discurso propio.
Cada día que pasa, a Feijóo se le ve con la gorra roja de MAGA más calada hasta las cejas. Se intuye sin embargo que a la mayoría de los españoles, esa gorra roja y hortera del trumpismo les resulta repelente, y no verían con disgusto por ejemplo a un Trump coronado con ella (o con corona real) arder en las fallas, que sería una forma simbólica y decididamente pacífica de librarnos de su mal fario antes de que él acabe con todos nosotros.
El hecho de que Feijóo proponga anteponer la prosperidad a la democracia, como hizo en un discurso reciente, o que amenace otro día con encarcelar al presidente del gobierno legítimo de España, o que se arrime a la idea de suprimir la asistencia sanitaria a los inmigrantes (lo cual denota entre otras cosas su ignorancia sobre la salud pública), que son amenazas directamente trumpistas, nos está indicando que carece de una base sólida en la que apoyar un discurso y un proyecto propio. Ni confía en un proyecto que pueda llamar suyo ni confía en sí mismo, y de ahí que se dedique a hacer el eco de la ilustración oscura que patrocinan Trump y sus secuaces.
El desnorte de Feijóo tiene además un doble origen: por un lado se debe a agentes externos, o sea VOX y su corte de trumpianos, y por otra se debe a agentes internos, o sea Ayuso, que representa de hecho lo mismo que VOX, sin ninguna diferencia ni matiz. Entre ambos le hacen la pinza a un líder llamativamente feble y que carece de centro de gravedad. Quizás esto explica que Feijóo aparezca una y otra vez como un líder poco valorado incluso entre los suyos y francamente estancado en las encuestas.
En cualquier caso, lo más significativo es que esta Ilustración oscura que Feijóo replica y rebota en modo eco en sus discursos, es básicamente un proyecto contra la democracia, o sea, un proyecto de barbarie avanzada (si es que puede decirse así) patrocinado por las élites del dinero y de la tecnocracia, que infiltrándose sigilosamente a través de las puertas giratorias y otras vías de corrupción institucional, que son vías de agua en el barco del sistema democrático, han logrado finalmente adueñarse del timón y han comenzado a vaciar la democracia desde dentro. Un proceso de vaciamiento que se ha acelerado en nuestros días y ahora mismo está fuera de control.
Estamos por tanto ante una moda feroz a la que ya muy pocos conservadores de la vieja escuela se resisten. Casi todos ellos se han adherido a lo punki- reaccionario, haciendo la ola a Trump, Milei, y demás populistas violentos.
La duda inquietante es si todo esto proviene solo de una moda reaccionaria, que pasará como pasan los otoños y los inviernos, vencidos por la primavera, o si la actual crisis incluye también una parte importante de psicopatía grupal favorecida por las redes sociales y sus algoritmos, mucho más consolidada, menos reversible, y que como ocurrió antaño en los tiempos de Hitler, solo acabará como acaban las grandes tragedias colectivas, con una catarsis en forma de desastre y el estreno de una nueva era.
Esperemos no llegar a esa fase, y que la experiencia previa y la lección práctica que el transcurso del tiempo propicia (como ya ocurre con los ciudadanos estadounidenses) nos permita curarnos en salud.
Aunque también es posible que no reaccionemos a tiempo, y solo después de aquella catarsis en forma de tragedia colectiva (una más) regresemos a una Ilustración más saludable y al buen juicio. Pero entre medias el coste puede ser formidable.
Mientras esto se decide, nos seguimos moviendo entre sombras y ecos de caverna, incluidas guerras y genocidios.