Raíces de Europa

Por convención y agarrándonos al ejemplo de las plantas, solemos considerar que las raíces están en la base, o sea en el principio de aquello cuya raíz o raíces queremos investigar y dilucidar.

Que la raíz de determinada cosa sea singular o plural, ya constituye por si mismo un tema a discutir que a su vez se relaciona con el tiempo, mayor o menor, que nos queramos remontar en el pasado en busca de la raíz o las raíces. Y si además de en el pasado más remoto, buscamos también raíces en momentos posteriores de esa evolución, ya la cuestión se torna verdaderamente compleja, como de hecho lo es la realidad estudiada.

Hay quien enseguida se agarra por razones de identidad "étnica" o incluso por razones políticas (menos veces por razones éticas) a la raíz cristiana de Europa, recortando artificialmente una realidad mucho más amplia e interesante.

Mediante ese recorte dejamos fuera muchas cosas y ocultamos deliberadamente raíces primordiales y muy potentes.

Aquí es necesario jugar con el momento temporal -el momento en la Historia- y también con la amplitud del foco que intenta observar y comprender esa realidad. De manera que las raíces de Europa las podemos encontrar en el más remoto pasado y también las podemos encontrar brotando, enraizando, muchos siglos después.

Una raíz fundamental y primigenia de Europa podría considerarse la Humanidad neandertal, adaptada a condiciones muy duras en un medio inhóspito. Pero en un momento posterior hace su aparición el homo sapiens que sale de África (como salieron antes las poblaciones que dieron origen a los neandertales) con un color de piel tirando a oscuro (negro intenso), que hoy no gustaría a los racistas.

En realidad todos salimos de África, cuna de la Humanidad y hogar primero de nuestros ancestros.

Este homo sapiens se encuentra y se entrecruza en Europa y Asia con la humanidad Neandertal y por eso nosotros, que descendemos de ellos, tenemos genes neandertales.

Al parecer los últimos neandertales, que al final se extinguieron, aunque nos legaron algunos genes que todavía portamos en nuestro material genético, habitaron en la península ibérica, que casualmente está muy cercana a África, hogar de partida.

Mucho después y varios siglos antes del nacimiento de Cristo, la cultura griega, a la que tanto debemos, conformó y consolidó otra de las raíces más potentes de Europa. De hecho los jóvenes romanos bien situados en la escala social y que vinieron después, se formaban (algunos con auténtica pasión) en esa cultura griega que incluye a Homero, Sócrates, Platón, Aristóteles, o Epicuro.

La civilización y la cultura romana consolidaron después otra de las raíces potentes de Europa, de manera que los europeos actuales somos culturalmente griegos y romanos, genéticamente somos muy africanos (aunque ahora y recientemente somos más blancos) y tenemos nuestra parte de Neandertales.

Después viene el cristianismo y su gran influencia en Europa en su fusión última con el poder imperial de Roma. Precisamente esa fusión con el poder imperial, oscurece y falsea el mensaje original del cristianismo, que era un mensaje, diríamos hoy, utópico y buenista, que acoge y reconforta al que sufre, y no se fía mucho del que ostenta poder político (poder temporal) o económico.

Después brotarían como raíces potentes de Europa, la Ilustración y la consagración (pues son sagrados) de los derechos humanos.

Hoy defender las raíces Europeas en Ceuta, territorio de nuestra cuna africana, consistiría en implementar las medidas para tratar de forma humana a los que se han acogido a una playa como último refugio de su desesperación.

Y al contrario, tratarlos a palos o quemar sus enseres precarios y míseros, equivale a desconocer lo que es la Humanidad y lo que es la humanidad, pisotear los derechos humanos, asemejarse a Trump, y alejarse cada vez más de lo que representa Europa.