Hable, presidente, hable

A medida que pasan los días resulta más increíble lo que se está viviendo en Ceuta y, por extensión, en el conjunto de España. A lo largo de los años de democracia, nuestro país ha tenido que superar momentos muy difíciles, muy delicados. Desde un intento de golpe de Estado, hasta la crueldad de ETA, sin olvidar el 11M, el procès, el COVID... en fin, la lista de acontecimientos no es pequeña. Atentados los han sufrido muchos países, la pandemia afectó al mundo entero y casi ninguna nación se libra de terribles y mortíferos episodios naturales.

Lo que nunca se había vivido es que el Presidente del Gobierno asegurara que se había producido un ataque a nuestra soberanía e integridad territorial, que son palabras mayores, y de inmediato irse de vacaciones a las que, por supuesto, tiene derecho hasta que, por responsabilidad, hay que sacrificar ese derecho para estar en donde se debe y se espera que debe estar.

El Presidente se fue mientras sus ministros, carrera en pelo, han actuado como fieles escuderos. Nunca un jefe de Ejecutivo ha estado tan protegido por los suyos como Pedro Sánchez quien, a su vez, preside el Gobierno más presidencialista que la España democrática ha tenido. Nada ocurre, nadie se mueve sin la anuencia por activa o pasiva del Presidente.

El Presidente no solo se fue, sino que además se ha sumido en un silencio incomprensible y que quedará roto el próximo día 3. Recordando la pandemia raro era el día que Sánchez no intervenía . Ahora, en momentos de crisis muy grave, ni una palabra y, lo que es aún más incomprensible es que de por buena una ecuación falsa en la medida que en la misma no incluye a Marruecos, auténtico responsable de lo que ha derivado en una crisis humanitaria que España, por supuesto, debe atender y debe hacerlo con prontitud, eficacia y solidaridad del conjunto de los españoles.

El Presidente debe hablar y debe explicarnos por qué el cambio de estrategia con Marruecos dándole la razón sobre el Sahara sin nada a cambio. Debe explicarnos y detallarnos la leal colaboración del país vecino de la que tanto han hablado sus ministros, al tiempo que ministros de Mohamed insisten, sin pudor alguno, en sus afanes, nunca disimulados, sobre Ceuta y Melilla, y por qué si ha sido capaz de enfrentarse a Trump y al Gobierno israelí, frente a Mohamed la orden sea la del silencio. Marruecos no existe.

La crisis que vive España no tiene parangón y, efectivamente, no es fácil de solucionar, pero mientras no se aborde el problema de fondo que no es otro que la arrogancia de Marruecos, no es improbable que lo que se está viviendo vuelva a ocurrir y nadie podrá alegar sorpresa alguna.

Ante esta situación todo sería más tranquilizador, más serio, más institucional si se hubiera trabajado en la unidad, unidad que quizás se hubiera conseguido, aunque no se quieran, si el Presidente hubiera levantado el teléfono y se hubiera puesto en contacto con el líder de la Oposición. Si cuando lo que está amenazada es nuestra soberanía; es decir, una cuestión de Estado de primera magnitud, el Presidente no es capaz, ni siquiera, de informar al líder de la Oposición cuyo partido fue el ganador de las elecciones, creo que España ha dejado de ser un país normal.

Así las cosas, solo cabe esperar que el próximo día 3, el Presidente del Gobierno hable y que aclare las dudas que legítimamente tenemos los españoles. Se admiten apuestas...

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