El palafrenero y el rey
Los hechos de la vida política pueden ser mejores o peores, reconfortantes o deprimentes, turbios o claros, lo que no podemos hacer como ciudadanos es dejar de observarlos y analizarlos. Esta capacidad de análisis, que no equivale a la capacidad de juzgar legalmente, la cual compete exclusivamente a la justicia profesional y técnica, es imprescindible en una democracia y es inherente a cualquier ciudadano, lo mismo que lo es la potestad de votar.
Esa potestad de observación y análisis, que es casi un deber ciudadano, afecta lógicamente a las actuaciones de los políticos pero también a las actuaciones de los jueces. Va a ser difícil que al palafrenero (humilde pero sincero) que veía al rey en pelotas y lo decía, le convenzan de que el monarca va digna y soberbiamente vestido.
Estos cuentecillos legendarios, como el referido al rey desnudo que todo el mundo de la corte, por consenso en la ceguera, quería ver vestido, menos el palafrenero, que lo veía en pelotas con sus ojos de la cara, y que encontramos como ejemplo o alegoría en "El conde Lucanor" del infante don Juan Manuel, señor de Escalona, arrastran una verdad tan antigua y venerable que resulta siempre actual, por esencial.
Estas alegorías no se gastan y se constituyen en una especie de arquetipos que no determinan cada caso concreto, pero orientan al observador para mirar mejor el conjunto de los hechos y comprenderlos de forma más exacta.
Y esto es así porque hay aspectos de la naturaleza humana que son muy constantes y cerriles en su devenir torpe y lento, tanto que dieron lugar hace ya mucho tiempo a su correspondiente exemplo, alegoría, o emblema (como los del famoso Alciato).
Va a ser complicado por tanto convencer a muchos ciudadanos españoles de que el rey en España, como el jefe del Estado en otros países democráticos, es igual ante la Ley. Lo cual ya nos dice que lo que mal empieza (pues la igualdad ante la Ley es un principio esencial e irrenunciable en cualquier democracia) no puede acabar bien. Si uno de los pilares fundamentales del régimen está torcido, es difícil que la construcción salga recta.
Sí desde el principio se introduce la desigualdad ante la Ley y si desde la base se consagra la trampa, va a ser luego muy poco probable que la criatura se desarrolle sana.
También va ser complicado convencer a muchos ciudadanos españoles, de que el senador Cosidó, del PP, no dijo con pleno convencimiento y conocimiento de causa que al Tribunal Supremo, ellos le tocan por detrás. Es como pedir al palafrenero del cuentecillo de Don Juan Manuel que se tape los oídos o cierre los ojos.
Efectivamente lo dijo y los ciudadanos lo escuchamos. Y ahí sigue su afirmación tan campante a pesar de que es una confesión de prevaricación al más alto nivel: el Tribunal Supremo.
Que es también como pedirles a estos mismos ciudadanos asombrados, pero con ojos y oídos, que no atiendan a las conversaciones de altos cargos del PP en apuros por actos de corrupción, cuando hablan (y está grabado) de quitar a unos jueces de aquí y traer a otros jueces de allá, a la medida de sus intereses, y que luego esos proyectos de manipulación judicial se cumplan al pie de la letra.
A lo cual cabe añadir -y no es poco- todo lo grabado por el comisario Villarejo, que como pudo hacer, hizo, siguiendo la conseja de Aznar. Aunque luego eso que hizo torpemente y grabó, resultó como darse un tiro en el pie.
Y súmale -porque hay de sobra- todo lo conocido sobre la guerra sucia y antidemocrática contra PODEMOS, a través de las cloacas del gobierno de M punto Rajoy, con la colaboración de poderes colaterales, y mediante mentiras, bulos, e informes falsos. O sea, una trama criminal para desacreditar a adversarios políticos.
Obviamente la realidad fehaciente de unos casos concretos aunque no escasos, no se convierten automáticamente en la norma general, pero conviene tenerlos en cuenta para interpretar la realidad y su contexto.
Pierdan toda esperanza los promotores de la ceguera, de que el palafrenero que vio al rey en pelotas, cierre los ojos o no recuerde lo que vio.
Es innecesario decir, creo, que los jueces honestos en nuestro país son mayoría aplastante. Pero también es innecesario decir que la democracia se construye y se fortalece sobre el análisis y la crítica de todos los poderes en juego, y no desde la promoción o la imposición del silencio y la ceguera.
¿Qué sería de casos como el del inmigrante Tommouhi si no se pudieran analizar y criticar las actuaciones de la justicia?
Y como hablamos de ceguera, que combina bien con la falta de memoria, digamos que lo verdaderamente anómalo de este país es que alguien que aparece fotografiado en el yate de un narcotraficante en la actitud en que lo fue Feijóo, pueda postularse como candidato a presidir el gobierno de España en un futuro más o menos próximo. Y más si tenemos en cuenta aquellas declaraciones de Oubiña en la entrevista que le hizo Pepa Bueno en 2017, en que el narcotraficante Oubiña habla, entre otras cosas, de ciertas entregas de dinero.
Para quien tenga una memoria mediana, Feijóo sigue siendo el grumete de Oubiña el narcotraficante al que se le deja jugar un rato con el timón. Pero sorprendentemente sigue siendo también al día de hoy el candidato del PP a presidir el gobierno de España.
La conclusión lógica es que no deben tener mucho banquillo en ese partido político para tener que tirar de unos retales tan maltrechos.
De ahí que concluyamos que España es un país muy difícil de comprender desde el punto de vista político, como no sea que introduzcamos en la ecuación unos formidables e inexplicables fallos de memoria.