Ahora somos 'país refugio'

A estas alturas, no vamos a discutir que España es un gran país (a veces no muy bien gobernado, pero esa es otra cuestión), atractivo, donde se come muy bien, clima agradable y con una infraestructura muy competente para recibir a los visitantes. Ahora, con la crisis derivada de la guerra en Irán en los países del Golfo Pérsico, que comenzaban a despuntar como destino turístico, y con la inestabilidad en Egipto y Turquía, o, ya que estamos, en Cuba, los ojos conservadores del turismo se fijan en España. Y nada menos que en un cincuenta por ciento han aumentado las reservas para una Semana Santa que promete ser un 'boom'.

Todavía no nos han dicho cuántos millones de desplazamientos por carretera se prevén entre el próximo viernes y el domingo de Resurrección, pero calcule usted no menos de entre ocho y once millones. Eso, sin contar con el fuerte incremento en el tráfico aéreo y, con todos sus inconvenientes (no se puede viajar a Málaga por tren, ya sabe), ferroviario. Si la tendencia sigue, me dice un operador turístico importante, no cabe duda de que este año superaremos de largo los cien millones de visitantes, incluyendo los norteamericanos "pese a todo", me dice, refiriéndose a las tensiones con el 'trumpismo'. Que el turismo también tiene su parcela en la política, obviamente.

España, en suma, me dice, se ha convertido en un 'país refugio', donde el turista, que solo busca tranquilidad, pasarlo bien, sol y amabilidad, se siente seguro y cómodo, aunque los precios se nos estén disparando de forma no fácilmente explicable y en todo caso excesiva.

Sí, estamos a punto de convertirnos en líder mundial del turismo. Pero a mí eso, lejos de llenarme de esa satisfacción que embarga a nuestros gobernantes que consideran -o dicen- que somos los 'números uno' en casi todo, me produce una cierta inquietud: la llegada masiva de turistas extranjeros, el que los propios españoles se lancen a una explosión de desplazamientos por el interior, es algo sin duda positivo y tranquilizador. Tenemos de momento asegurada nuestra principal industria.

Pero, al tiempo, me pregunto cuánta gente más nos cabe, si así puede decirse. Los 'apartamentos turísticos' no pueden okupar -si, con 'k'- el centro de muestras ciudades, que se han convertido en paseos agobiantes, masivos. En los que lo infrecuente es oír hablar español. Nuestras playas han de recuperar una cierta calidad, y la que era -es- una mal llamada 'España vaciada' ha de dotarse de algunos recursos de los que aún carece para ofrecer todos los servicios que el viajero reclama y merece y llegar al equilibrio poblacional con la costa.

Sí, estoy diciendo, ni más ni menos, que tal vez, me sugiere mi amigo el operador, tengamos que cobrar "algo" a quienes nos visitan en concepto de utilización por el turista de las infraestructuras que pagamos todos con nuestros impuestos. Y acaso haya que establecer límites de visitantes en algunas zonas del país super saturadas. Creo que, cuando tantas cosas están cambiando en el mundo, y tantas van a cambiar en España, esta Semana Santa sería acaso un buen momento para comenzar a pensar que tampoco tenemos, qué diablos, por qué ser los 'números uno' en todo, no vaya a ser que un día de estos vayamos, como les ha ocurrido a nuestros trenes de alta velocidad (¿recuerdan al ministro diciendo que iban a 'volar' a 350 kilómetros por hora?),a morir de éxito.

Y ahora que hablamos de ministros: ¿sabe usted el nombre del ministro/ministra responsable del turismo, es decir, la persona que debería estar pensando en todas estas cosas de las que aquí hablamos? ¿No lo sabe? No haré más preguntas, Señoría.

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