¿Invasión o desmemoria?

El doble rasero de la derecha con la emigración española

De la "movilidad exterior” de Fátima Báñez al discurso del miedo de PP y VOX: el espejo histórico que algunos se niegan a mirar

El debate actual sobre la inmigración en España ha alcanzado niveles de polarización extremos. Formaciones como Partido Popular y VOX articulan discursos que criminalizan las fronteras y exigen una mano dura sin precedentes. Sin embargo, esta retórica choca frontalmente con el pasado no tan lejano de nuestro país. Quienes hoy lideran la narrativa anti-inmigración son los herederos ideológicos y políticos del régimen que forzó a millones de españoles a huir del hambre, la miseria y la persecución.

La historia demuestra que España ha sido, durante la mayor parte del siglo XX, un país de migrantes y refugiados. Tras la Guerra Civil, más de 460.000 españoles cruzaron la frontera hacia Francia en condiciones deplorables. Huían de una muerte segura y de la represión de la dictadura franquista. Más tarde, el atraso económico empujó a más de 2 millones de españoles hacia países como Alemania, Suiza o Francia. Aunque el discurso de la derecha asegura que la emigración española fue siempre “ordenada y legal”, los registros históricos confirman que más del 60% de aquellos trabajadores emigraron de forma clandestina o irregular, regularizándose al llegar a sus destinos. 

La desconexión de las élites conservadoras con el drama migratorio tuvo uno de sus puntos más polémicos durante la crisis financiera global de 2008. En abril de 2013, en una sesión del Congreso de los Diputados, la entonces ministra de Empleo del PP, Fátima Báñez, pronunció una frase que quedó grabada en la memoria colectiva. Al ser cuestionada por la masiva fuga de cerebros y el desempleo juvenil que superaba el 50%, Báñez rebautizó el drama migratorio de miles de jóvenes españoles como una “movilidad exterior” motivada por “el impulso de la búsqueda de oportunidades”. Este eufemismo técnico pretendía maquillar lo que en realidad era una expulsión económica en toda regla. Reducir la precariedad y la falta de futuro en España a un “intercambio cultural beneficioso” es la misma lógica que hoy impide a esos partidos empatizar con quienes arriesgan su vida en el mar.

El contraste actual del discurso político destapa una profunda contradicción moral y lógica. Para el joven español que se marcha, la derecha habla de “búsqueda de oportunidades” y de talento internacional en un mundo globalizado. Para el inmigrante extranjero que llega a nuestras costas, el relato cambia radicalmente a una “invasión”, un “efecto llamada” y una amenaza directa para la seguridad nacional y la economía de nuestro país. Los mismos sectores políticos que justifican y minimizan la salida forzada de los ciudadanos españoles son los que hoy califican de peligro la llegada de personas que huyen exactamente de las mismas circunstancias: miseria, violencia y falta de un futuro digno.

Criminalizar al migrante exige un ejercicio previo de amnesia colectiva. España no puede entender su identidad actual sin el dinero enviado por las remesas de los abuelos que trabajaron en Alemania, ni sin la acogida que México brindó a los exiliados del 39. El discurso del miedo de PP y VOX no solo ataca los derechos humanos fundamentales, sino que escupe sobre la propia historia familiar de millones españoles. 

Está claro que a esos políticos a una mayoría de sus votantes deben de sonarles a chino películas como la de “Vente a Alemania, Pepe” protagonizada por Alfredo Landa o canciones como las de “El Emigrante” de Juanito Valderrama o “Adiós a España” (más conocida como “Adiós España querida”) de Antonio Molina que fueron un himno a las miles de personas que dejaron nuestro país en busca de un futuro mejor y que sistemáticamente olvidan las Derechas. 

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