El amor sin edad de Óscar y María: "Ella es mi manzana completa"
Plena Inclusión Castilla-La Mancha visibiliza en San Valentín la vida en pareja de personas con discapacidad intelectual en la etapa adulta.
Recuerda que el envejecimiento en este colectivo puede adelantarse hasta dos décadas y defiende su derecho a decidir sobre su vida afectiva y familiar.
La entidad Plena Inclusión Castilla-La Mancha ha reivindicado este 14 de febrero, con motivo del Día de San Valentín, el derecho de las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo a amar y ser amadas también en la etapa adulta, así como a vivir de forma independiente, compartir responsabilidades y tomar decisiones libres sobre su vida afectiva y sexual.
Desde el movimiento asociativo recuerdan que en la sociedad persiste la idea de que el amor y las relaciones de pareja están reservados a la juventud. Sin embargo, subrayan que esta percepción no se ajusta a la realidad y menos aún en el caso de las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo, cuyo proceso de envejecimiento suele adelantarse respecto a la población general.
Mientras que en el conjunto de la ciudadanía la etapa adulta avanzada suele situarse en torno a los 60 o 65 años, en personas con discapacidad intelectual los signos de envejecimiento pueden aparecer entre los 40 y 50 años, debido a comorbilidades, condiciones genéticas y al desgaste físico y cognitivo, entre otras causas. Por ello, la organización insiste en que garantizar derechos afectivos en esta etapa resulta clave para asegurar una vida plena y digna .
Una historia de vida en Ciudad Real
Óscar Martín, de 50 años, y María Antonia Maxias, de 49, residentes en Ciudad Real (Ciudad Real), representan ese derecho hecho realidad. Llevan 16 años juntos y conviven desde hace una década. Se conocieron hace 20 años en la Asociación Fuensanta, donde Óscar trabaja como jardinero.
María logró la segunda mejor nota de Castilla-La Mancha en una oposición como ayudante de limpieza, con el apoyo de Futucam, y actualmente desempeña su labor en la Administración pública. Gracias a sus empleos, ambos mantienen una vida independiente, pagan su alquiler y cubren sus necesidades básicas con autonomía.
Mantener la relación, explican, ha sido fruto de un trabajo diario basado en la confianza, la comunicación y el apoyo mutuo. “A nadie más que a ella y a mi madre quiero”, afirma Óscar. Para María, lo más importante es estar juntos, resolver los enfados con rapidez y apoyarse en la vida cotidiana: “Lo que más me gusta de él es que me explica las cosas que no entiendo, por ejemplo, a la hora de hacer la compra”.
Su relación, sostienen, es un amor maduro, construido con el tiempo y la cooperación. Se reparten las tareas según preferencias y habilidades: él se encarga de la compra y otras labores domésticas; ella asume la limpieza y la cocina. “Las cosas que le dan peor a uno, el otro las contrarresta y viceversa”, explica Óscar. Comparten aficiones, paseos con Bobby —su perro, al que llaman cariñosamente su “hijo no perruno”— y disfrutan de su vida en común sin depender de la opinión ajena.
Ambos destacan la importancia de los apoyos externos, especialmente el acompañamiento de Futucam para resolver pequeños conflictos de convivencia o dudas cotidianas, siempre desde el respeto a su autonomía y a sus decisiones. También subrayan el respaldo de sus familias, clave frente a los prejuicios sociales: “Se lo han tomado bastante bien”, aseguran.
Amor en libertad y decisiones compartidas
Óscar y María han tomado decisiones conscientes sobre su proyecto vital. Hace 20 años, María decidió no tener hijos y hoy ambos comparten el cuidado de su perro. Sueñan con adquirir una vivienda en propiedad y casarse por el juzgado, conscientes de la importancia de formalizar su unión para garantizar derechos legales como acompañarse en citas médicas o durante bajas laborales.
En el marco de San Valentín, su historia se convierte en un llamamiento social para recordar que el amor no tiene edad y que las personas con discapacidad intelectual son sujetos plenos de derechos también en el ámbito afectivo y sexual.
Desde Plena Inclusión Castilla-La Mancha recalcan que este amor no es infantil ni superficial, sino un vínculo real entre adultos que comparten proyectos, responsabilidades y decisiones cotidianas. “Reconocerlo y acompañarlo significa contribuir a una vida más plena, digna y elegida”, sostienen desde la entidad.
Óscar lo resume con una declaración directa: “El amor es lo que nos damos diariamente el uno al otro. María no es mi media manzana, sino la manzana completa, es una prolongación de mí”. Para ambos, amar y ser amado no es una excepción, sino un derecho que merece visibilidad y respeto.