El biometano gana peso en Castilla-La Mancha como alternativa
El catedrático Manuel Rodrigo defiende su viabilidad ambiental, económica y de seguridad frente al rechazo social.
La región cuenta con un alto potencial por su capacidad agroganadera y la infraestructura gasística existente.
El biometano se posiciona como una de las tecnologías emergentes con mayor capacidad para transformar el modelo energético en Castilla-La Mancha, en un contexto de búsqueda de alternativas sostenibles y de reducción de la dependencia exterior. Así lo ha defendido el catedrático de Ingeniería Química de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) y decano de la Facultad de Ciencias y Tecnologías Químicas en Ciudad Real, Manuel Rodrigo, quien ha subrayado que esta solución es “viable ambiental y económicamente, y cuenta con todas las garantías de seguridad”, pese al rechazo que ha generado en algunos sectores sociales.
En una entrevista concedida a Europa Press, Rodrigo ha explicado que el biometano es un gas renovable que se obtiene mediante la degradación biológica de materia orgánica procedente de residuos agrícolas, ganaderos, forestales, industriales o lodos de depuradora. Este proceso se basa en la acción de bacterias que descomponen estos residuos en condiciones anaerobias, generando biogás —compuesto principalmente por metano, dióxido de carbono y otros gases— que posteriormente se purifica para eliminar impurezas y transformarse en biometano apto como combustible.
Un proceso conocido que mejora la gestión de residuos
El catedrático ha recalcado que se trata de una tecnología conocida desde hace décadas, aunque su desarrollo actual permite capturar y gestionar los gases de forma controlada, evitando su liberación directa a la atmósfera.
En este sentido, ha explicado que los residuos orgánicos generan emisiones igualmente cuando se dejan a la intemperie, pero sin ningún tipo de aprovechamiento. “Si dejas un residuo ganadero al aire libre, esos gases se generan igual, pero se emiten directamente, contribuyendo al efecto invernadero”, ha señalado. Frente a ello, las plantas de biometano permiten reducir emisiones contaminantes y transformar un problema ambiental en un recurso energético.
Además, el proceso genera un subproducto denominado digestato, que puede emplearse como fertilizante o acondicionador del suelo. Este material contribuye a mejorar la productividad agrícola al devolver nutrientes al terreno, reduciendo la necesidad de fertilizantes químicos y favoreciendo un modelo más sostenible tanto desde el punto de vista agrario como económico.
Castilla-La Mancha, territorio idóneo para su desarrollo
Rodrigo ha destacado que Castilla-La Mancha reúne condiciones especialmente favorables para el desarrollo del biometano debido a su importante peso agroganadero. “Tenemos muchísimos residuos agrícolas y agroforestales susceptibles de ser tratados para generar biometano”, ha afirmado.
A ello se suma la existencia de infraestructuras gasísticas que permiten inyectar este gas directamente en la red. Según ha indicado, este factor resulta clave para explicar el crecimiento del sector: “El boom del biometano se debe en gran parte a que ya existe esa infraestructura, lo que hace viable económicamente su aprovechamiento”.
Sin diferencias para el consumidor
Uno de los aspectos que ha querido aclarar el catedrático es que, desde el punto de vista del usuario, no existe diferencia entre el gas natural convencional y el biometano. “Las moléculas no tienen carné de identidad. Da igual que el gas venga de Argelia o de una planta cercana, el poder calorífico y las condiciones son las mismas”, ha explicado.
Esto permite que el biometano pueda utilizarse en los hogares y en la industria sin necesidad de modificar instalaciones. Además, su desarrollo podría contribuir a abaratar el precio del gas, con un impacto directo tanto en la economía doméstica como en la competitividad empresarial.
Impacto económico y fijación de población
El despliegue de plantas de biometano también tendría efectos positivos en la economía local. Por un lado, permitiría reducir costes energéticos; por otro, generaría empleo vinculado a la construcción y operación de estas instalaciones.
Muchas de estas plantas, además, se ubican en entornos rurales, lo que podría favorecer la fijación de población y dinamizar económicamente estas zonas. Al mismo tiempo, contribuyen a resolver problemas ambientales asociados a la gestión de residuos orgánicos.
Menor dependencia energética exterior
En un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas en regiones productoras de gas natural, Rodrigo ha subrayado el papel del biometano para reducir la dependencia energética exterior. Aunque ha reconocido que no puede sustituir completamente las importaciones, sí ha asegurado que permitiría cubrir una parte significativa de la demanda.
“Vamos a poder compensar una parte importante y reducir la dependencia de terceros países”, ha afirmado.
El catedrático ha recordado que esta tecnología está plenamente consolidada en Europa, donde existen más de 1.600 plantas en funcionamiento, lo que demuestra su grado de desarrollo y fiabilidad. En España, además, ya se emplean procesos similares en depuradoras de aguas residuales, donde se genera biogás a partir de lodos.
Garantías ambientales y de seguridad
Frente a las reticencias sociales, Rodrigo ha insistido en que estas instalaciones están sometidas a una normativa ambiental y de seguridad muy estricta. “Son plantas químicas con autorización ambiental integrada. Si no cumplen, se cierran de manera inmediata”, ha advertido.
Esta autorización implica controles continuos por parte de la administración competente, lo que garantiza su correcto funcionamiento y su compatibilidad con el entorno.
En este sentido, ha lanzado un mensaje de tranquilidad, reiterando que el biometano es una tecnología “adaptada al medio ambiente, probada durante décadas y con todas las garantías”. Asimismo, ha recordado que son los gobiernos autonómicos los responsables de supervisar que las plantas operen conforme a la normativa vigente.
Finalmente, ha concluido que no existen motivos técnicos para rechazar su implantación, al tratarse de una solución consolidada que combina sostenibilidad, eficiencia y seguridad.