Aviso en Ciudad Real: el 80% de alergias a antibióticos son falsas

El Servicio de Alergología del Hospital General Universitario de Ciudad Real inicia un proyecto para revisar las etiquetas de alergia a antibióticos betalactámicos.
La iniciativa pretende comprobar si las más de 1.800 personas registradas como alérgicas lo son realmente, ya que más del 80% de los casos podrían ser falsos.

El objetivo es mejorar los tratamientos en situaciones graves y evitar que pacientes reciban medicamentos menos eficaces o con más efectos secundarios por una alerta errónea en su historial clínico.

El Hospital de Ciudad Real revisará más de 1.800 alergias a antibióticos
El Hospital de Ciudad Real revisará más de 1.800 alergias a antibióticos

El Servicio de Alergología del Hospital General Universitario de Ciudad Real, dependiente del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha, ha puesto en marcha un proyecto para revisar las más de 1.800 etiquetas de alergia a antibióticos betalactámicos registradas en pacientes del área sanitaria de la capital. La iniciativa consiste en contactar directamente con estos pacientes para ofrecerles un estudio alergológico completo que permita determinar si realmente padecen alergia o si deben ser “desetiquetados” de esa condición en su historial clínico.

El proyecto pretende resolver una situación frecuente en la práctica clínica: muchos pacientes figuran como alérgicos a determinados antibióticos sin haber sido sometidos nunca a pruebas específicas que confirmen ese diagnóstico.

Según ha explicado Jesús Borja, jefe del Servicio de Alergología, la mayoría de estas alertas no responden a una alergia real. “Son pacientes que están catalogados como alérgicos pero que en su gran mayoría no lo son. Han tenido alguna reacción con un medicamento y se ha incluido una alerta en su historial, pero nunca se ha estudiado”, señala.

El especialista advierte además de que el porcentaje de falsas etiquetas supera el 80%, lo que significa que la mayor parte de las advertencias registradas por alergia a antibióticos betalactámicos en realidad no se corresponden con una alergia confirmada.

Impacto en tratamientos urgentes

El problema adquiere especial relevancia en situaciones de urgencia médica o en ingresos hospitalarios por infecciones graves. Los antibióticos betalactámicos —que incluyen penicilinas, cefalosporinas, carbapenémicos y monobactámicos— constituyen la familia más amplia y utilizada de antimicrobianos bactericidas.

Cuando un paciente aparece registrado como alérgico a este grupo de fármacos, los profesionales sanitarios se ven obligados a descartar su uso.

Los facultativos se encuentran con que no pueden recurrir a estos fármacos y han de administrar otro que a lo mejor no es tan efectivo o tiene más efectos secundarios”, explica Borja.

Búsqueda activa de pacientes

Ante esta situación, el Servicio de Alergología ha decidido adoptar una estrategia proactiva para revisar estos diagnósticos.

Hemos decidido ser proactivos y, en vez de esperar a que alguien nos derive estos pacientes, vamos a ir a buscarlos y ofrecerles la posibilidad de hacerles las pruebas y clasificarlos correctamente”, afirma el jefe de servicio.

El objetivo es confirmar si realmente existe una alergia o eliminar la alerta cuando se trate de una falsa sospecha, evitando que los pacientes aparezcan en los sistemas sanitarios como alérgicos simplemente porque en algún momento consideraron que un medicamento “les sentó mal”.

Para ello, el servicio ya ha comenzado a llamar a los pacientes incluidos en esta base de datos para ofrecerles la realización de las pruebas diagnósticas correspondientes.

Borja reconoce que no todos aceptarán participar: “Algunos nos dirán que no, porque no lo aprecian como algo relevante en ese momento o no disponen de tiempo, pero esperamos que muchos otros atiendan nuestra llamada”.

Proyecto de investigación sanitaria

El programa forma parte de un proyecto seleccionado por la Gerencia del hospital para participar en el concurso I+DEAR, convocado por el Instituto de Investigación Sanitaria de Castilla-La Mancha (IDISCAM).

Dentro de esta iniciativa también se ha habilitado un “buzón de desetiquetado”, destinado a que los especialistas del hospital puedan derivar pacientes que aseguran ser alérgicos a la penicilina o a otros antibióticos relacionados.

De esta manera, los profesionales podrán remitir a estos pacientes al Servicio de Alergología durante ingresos hospitalarios o consultas externas, con el objetivo de confirmar o descartar la alergia mediante un estudio reglado.

Anticiparse a situaciones críticas

El jefe del Servicio de Alergología subraya que el propósito del proyecto es anticiparse a situaciones clínicas urgentes en las que la etiqueta de alergia complica el tratamiento.

“Se trata de adelantarnos a lo que puede pasar en caso de urgencia, cuando nos hacen una interconsulta de un paciente que hace varias décadas fue etiquetado como alérgico y que tiene, por ejemplo, una neumonía para la que el mejor tratamiento serían los betalactámicos”, explica.

En esos casos, el equipo médico se enfrenta a un problema que debe resolverse con rapidez. “Es un caso que hay que atender deprisa, a través de interconsulta urgente, que se podría haber resuelto con antelación con un estudio alergológico reglado”, añade.

Una alergia poco frecuente

Los datos clínicos indican que la alergia real a los antibióticos es relativamente poco frecuente. Según la experiencia del propio servicio, sólo alrededor del 15% de los pacientes estudiados por sospecha de alergia a betalactámicos acaba confirmando el diagnóstico.

Esto significa que una gran parte de las personas que figuran como alérgicas podrían estar evitando innecesariamente el tratamiento más eficaz para su infección.

Borja advierte de que esta situación tiene varias consecuencias negativas: los pacientes pueden recibir medicamentos menos efectivos, con mayor riesgo de efectos secundarios y, además, más costosos para el sistema sanitario.

Ante una falsa etiqueta se están perdiendo el fármaco más efectivo para su proceso, el que menos reacciones les va a provocar y también el más barato para el sistema de salud”, concluye.

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