El Viña Rock rompe con el fondo KKR y vuelve a manos independientes
El festival Viña Rock, uno de los mayores eventos musicales del país, ha formalizado su desvinculación del fondo de inversión KKR después de meses de cancelaciones en cadena y presión pública. La operación devuelve el control del certamen a una estructura empresarial independiente vinculada a su organización histórica.
El cambio llega a poco más de dos meses para la cita de 2026 en Villarrobledo (Albacete), donde la continuidad del festival se había puesto en cuestión por la retirada de bandas del cartel y por el debate político y ético alrededor de la propiedad.
El festival Viña Rock, que se celebra en Villarrobledo (Albacete), ha cambiado de manos y se ha desvinculado del entramado empresarial ligado a Superstruct Entertainment y, por extensión, al fondo KKR, tras una oleada de bajas de artistas y peticiones de devolución de entradas por parte de asistentes. Según fuentes municipales, la sociedad concesionaria del evento, Reacción Rock Villarrobledo S.L., ha sido adquirida por Orange Alive, una firma independiente con sede en Valencia. El festival mantiene fechas: 30 de abril, 1 y 2 de mayo de 2026.
La operación busca cortar de raíz una crisis reputacional que se arrastra desde 2025, cuando el nombre del Viña Rock empezó a aparecer en el mismo mapa de festivales señalados por su vinculación indirecta con KKR, a través de Superstruct, conglomerado promotor con participación en decenas de eventos en España.
En paralelo, el propio festival había intentado frenar el impacto con comunicados públicos: condenó la situación humanitaria en Gaza y defendió que no existía un “vínculo verificado” entre el evento o sus inversores y posibles responsabilidades sobre el conflicto. Ese posicionamiento, sin embargo, no detuvo el goteo de cancelaciones.
Qué cambia con la venta y por qué ahora
La clave de la noticia no es solo un relevo accionarial, sino el calendario: la edición de 2026 afronta una cuenta atrás con el cartel tocado y la necesidad de recomponer relaciones con artistas, público y marcas. Este movimiento se sitúa como respuesta directa a la pérdida de nombres confirmados y al malestar de una parte de asistentes que reclamaba reembolsos tras las bajas.
En términos empresariales, el paso supone que Viña Rock deja de estar bajo el paraguas de Superstruct —a la que se vinculaba desde 2022— y, con ello, se corta la relación indirecta con KKR, que anunció la compra de Superstruct en 2024 por alrededor de 1.300 millones de euros, operación que después completó su cierre regulatorio.
La nueva propiedad, Orange Alive, aparece en la información publicada como una empresa independiente asentada en Valencia. En los próximos días se esperan explicaciones públicas más detalladas sobre el alcance de la operación y su hoja de ruta artística.
De dónde viene la controversia: el “factor KKR” en los festivales
La polémica que ha terminado alcanzando al Viña Rock no nace en Villarrobledo, sino en el ecosistema de macrofestivales europeos. Durante 2025, varios artistas anunciaron su retirada de festivales vinculados a Superstruct por considerar problemático que su propietario fuera KKR o que el fondo mantuviera inversiones asociadas a intereses en Israel o en territorios ocupados, según las denuncias que circularon en el sector.
Una de las explicaciones más citadas en esta discusión ha sido la relación de KKR con participaciones en compañías señaladas por organizaciones y think tanks por su actividad en el mercado inmobiliario en áreas ocupadas, a través de estructuras empresariales vinculadas a conglomerados mediáticos e inmobiliarios europeos. Ese marco es el que acabó alimentando campañas de boicot y posicionamientos públicos de músicos.
El conflicto escaló en otros festivales antes que en Viña Rock: en 2025 se registraron cancelaciones masivas en eventos como Sónar, y el debate se instaló en la industria con comunicados cruzados, exigencias de coherencia y respuestas corporativas que defendían la “autonomía” de los equipos artísticos pese a los cambios accionariales.
El reto inmediato: recomponer un cartel y recuperar confianza
La salida de KKR no garantiza automáticamente el regreso de los artistas que se bajaron del festival. Algunas bandas habían comunicado una posición de principio: no actuar en eventos donde existiera, siquiera indirectamente, vínculo con el fondo; otras retiradas respondieron a la escalada reputacional y a la presión en redes.
En este contexto, la organización asume un doble frente. Primero, reconstruir cartel y narrativa pública en tiempo récord. Segundo, dar certidumbre práctica al público: entradas, logística, posibles cambios en la programación y transparencia sobre el modelo de gestión. Medios nacionales han descrito la de 2026 como una de las ediciones más difíciles del Viña Rock por la magnitud de la sangría artística previa al anuncio de la desvinculación.
Aun así, la web oficial del festival mantiene el marco general de la edición —fechas y sede— y continúa comunicando contenidos relativos al cartel.
Lo que se juega Villarrobledo
En Villarrobledo, el Viña Rock no es solo cultura: es economía local concentrada en un fin de semana largo. En ediciones recientes, el Ayuntamiento y medios regionales han difundido cifras que dimensionan el impacto: en 2025 se habló de 240.000 asistentes y de un impacto superior a 22 millones de euros en el municipio, la comarca y la provincia, además de 1.800 empleos directos y miles de indirectos asociados a hostelería, montaje, seguridad, transporte y servicios.
Esa dependencia explica por qué cualquier amenaza sobre el festival se convierte en un asunto político y social en la comarca. A comienzos de 2026, incluso aparecieron críticas y debates locales sobre el papel del Ayuntamiento y el contrato de gestión, con el argumento de que el evento es un motor económico que no puede quedar atrapado en turbulencias empresariales externas.
Si la nueva etapa logra estabilizar el proyecto, Villarrobledo retiene un escaparate nacional difícilmente comparable en Castilla-La Mancha por volumen y por capacidad de atracción de visitantes. Si no, el daño no sería solo de marca: se trasladaría a reservas, facturación y empleo local en una provincia donde la estacionalidad turística es un factor clave.