Viaje de ida y vuelta

Solucionado en parte el conflicto de la llegada masiva de migrantes a Ceuta, queda la pregunta de quien les convocó en el espigón del Tarajal, quien les engañó diciendo que se abría la frontera, y quien impulsó a la muerte a sesenta y siete desdichados que se tiraron al mar sin saber nadar.

Los cuerpos, recuperados por la Guardia Civil, yacen cubiertos de mantas blancas en el muelle bajo unas carpas. Son, en su mayoría adolescentes y jóvenes. ¿Fue Rabat quien les empujó a la aventura? Lo que desde luego no hizo el gobierno marroquí fue impedir, con su policía y fuerzas de seguridad, que miles de ellos se concentraran al otro lado del paso fronterizo.

Pedro Sánchez, de visita en Ceuta, no solo evitó criticar a las autoridades del reino alauita, sino que incluso agradeció su esfuerzo. Es curioso que ni el CNI, ni los servicios secretos marroquíes detectaran este éxodo masivo. Sobre todo los vecinos que sí supieron infiltrarse en los móviles del presidente español y de varios de sus ministros.

El secretismo oficial empuja a la especulación y al análisis de cómo están, en este momento, las relaciones entre ambos países y a la constatación de que la "entrega" del Sáhara no ha servido para frenar el permanente chantaje de Rabat.

La recuperación de las buenas relaciones de España con Argelia, su "enemigo" y vecino puede ser una razón. Pero también hay otras como la amistad, el apoyo y la sintonía ideológica con Donald Trump, o la intensa relación con Netanyahu, al que tanto gustaría humillar a Sánchez y su defensa de los palestinos de Gaza.

Tampoco sería descartable que, la tolerancia con la avalancha, haya sido un aviso a Madrid de que, una vez resuelto el tema del Sahara, Ceuta y Melilla son los siguientes objetivos a recuperar. Mohamed VI aprendió de su padre Hassan II la estrategia de la "marcha verde"...

En cualquier caso, es evidente que la tolerancia ante los desmanes de Rabat no da buenos resultados. Y que la energía con la que se ha reprendido a la UE por su actitud ante la crisis debería llegar también al sur.

En el momento geopolítico que estamos viviendo, con la extrema derecha creciendo en Europa, no es de extrañar que la Italia de Meloni y Finlandia pidan la suspensión del tratado de Schengen con España. No saben que su colega en Madrid, Santiago Abascal, se les había adelantado pidiendo a los españoles que fueran a expulsar a los marroquíes. Todo patético.

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