Diez meses
En diez meses la sociedad ha querido perder el foco voluntariamente del genocidio que sigue produciéndose en Gaza, y ahora también en otros territorios que siguen siendo ocupados en Cisjordania, muchos de ellos cristianos.
No tenemos derecho a mirar para otro lado solo porque se haya firmado un acuerdo de paz que han aplaudido el invasor, Israel, y quien lo permite, Estados Unidos. No tenemos derecho.
En estos diez meses hemos celebrado el Día de los Difuntos llenado el frigorífico de huesos de santo o buñuelos; hemos celebrado otra Navidad llena de consumo excesivo e innecesario (lo que quiere el capitalismo); se han llenado de regalos las casa el día de Reyes; hemos celebrado un alegre Carnaval y una cristiana Semana Santa llenando las carreteras de vehículos y las ciudades de visitantes. Hemos ganado un Mundial de fútbol o visto un eclipse. Pero en Gaza se han asesinado a 1.300 personas, 300 de ellos niños (1 al día) por un invasor que sigue sin respetar las leyes internacionales. Y ningún líder internacional ha dicho nada, tampoco el Papa cristiano que vino a nuestro país, a pesar de ser ciudades de las que él es el líder espiritual.
Las ratas en Gaza muerden comidas y personas. Los enfermos de diálisis no pueden salir porque Israel se lo impide; los niños sufren una epidemia de varicela que los ha llenado el cuerpo de llagas. En 10 meses Israel, con el silencio cómplice de todos, ha incumplido 13 veces al día, todos los días, los acuerdos de paz. Y no pasa nada.
En las poblaciones de Gaza y Cisjordania ocupadas por la fuerza, como desde 1947, el hambre y la sed son armas de guerra con las que Israel sigue haciendo su planificada limpieza étnica.
No tenemos derecho a mirar para otro lado como lo hemos hecho en estos 10 meses pasados. Si no respondemos, la estrategia de Cooperación Internacional será un fracaso, aunque quizás es el fracaso planificado de quienes nos gobiernan.