Mundo Emoji

Me dijeron el otro día que mis mensajes por whatsapp eran un poco rancios porque no llevaban emojis. No lo niego, van sin dibujito casi todos. Argumenté que casi nunca los pongo cuando escribo. Y que de toda la vida, tanto el que ha escrito como el que ha leído, se han entendido sin tener que agregar esos caretos tan simpáticos. Otra cosa es que fuera un cómic, en donde hay más imagen que texto, o un cuento infantil. Me inquietó a mí mismo esa última reflexión.

No les gustó mucho mi comentario. Y me dijeron que “ahora se escribe así” y “no te entiendo si no pones emojis”.

Pienso en la simplicidad del mundo en que vivimos. Si para entendernos bien hay que ir al dibujito, o es que no sabemos expresar nuestras ideas por escrito, o el que lee anda un poco justito de entendederas y le hace falta la ilustración.

No hay que pensar mucho para darnos cuenta que si esta tendencia se asienta, y tiene todo el aspecto, puede suponer un paso atrás en la capacidad de comunicarnos. Y en ese retroceso no está claro adonde podemos llegar. Venimos de una sociedad que no hace tanto era mayoritariamente analfabeta y que echaba mano de pregoneros, juglares, teatrillos básicos y cuentos con moraleja para informar y entretener. Lo que facilitaba la manipulación al máximo de los individuos.

El gran avance fue, precisamente, que la humanidad comenzó a leer, a informarse y a tener ideas propias.

Todavía más apocalíptico sería que, cómo nos desprendamos de toda palabra escrita, en favor del dibujo, nos podemos retrotraer a períodos tan lejanos en donde el personal andaba con poco más que un taparrabos… Un poco exagerado lo que digo, pero el camino ya ha comenzado.

Esto de escribir o hablar, desarrollar un pensamiento, argumentarlo con cierta extensión, o pensar lo que se va a decir se está convirtiendo en una especie de deporte antiguo o snob, tipo el cricket, o uno de esos. Que lo practican solo unos pocos, vamos. 

Hay un esfuerzo en la escritura que no apetece. Y por tanto, los conceptos se simplifican. Y se acomoda uno a los emojis o a frases muy cortas acompañadas de los dibujitos, con toda su limitación. Luego, como es normal, vienen las confusiones: “es que me has entendido mal…” Si bien, cabe algo más breve aun como sería el ghosting: no te contesto, desaparezco y adiós muy buenas y nos ahorramos toda la palabrería.

La simplicidad de lo escrito también es la de lo hablado. Escuché hace poco una frase de una persona que consiguió reafirmarme: “Yo, Asia, lo tengo muy trillado”. Quién sabe a lo que se refería: religión, política, arquitectura, filosofía, gastronomía…, pero esa persona en su mente, como bien decía, lo tenía trillado y con seguridad, todo revuelto. No me imagino a Marco Polo, por lo de Asia, narrando a su regreso a Venecia sus viajes de forma tan sucinta. 

Fue Wittgenstein el que dijo «los límites del lenguaje son los límites de mi mundo», y por tanto, opino que el que no esté dispuesto a ampliar su lenguaje no podrá ampliar su mundo o no lo comprenderá.

Me permito animarlos a la rebelión: hablemos y escribamos español con sus eñes y sus tildes, digamos y escribamos tacos sonoros de entre la gran variedad existente y los dibujitos, con todo el respeto, para los cuentos.

Y si un día uno está jodido, pero de verdad, hay que decirlo así, no con un emoji, qué carajo.