El burka de Vox

Será que salgo poco, pero no me he cruzado nunca con un burka por la calle, es decir, con ninguna mujer prisionera en esa ominosa cárcel textil con apenas una mirilla enrejada a la altura de los ojos que no sirve para ver. Sin embargo, parece que Vox y el PP sí que se cruzan mucho, sí que ven burkas por todas partes, tantos que, embargados de una admirable pulsión libertadora, han llevado de consuno al Congreso de los Diputados la propuesta de una ley para prohibirlo, pero el Congreso, emplazado a prohibir una cosa que en España no hay, no ha estimado como real la necesidad perentoria de hacerlo.

Puede que uno no salga mucho y por eso no ve burkas aquí y allá, pero el caso es que los que sí salen bastante tampoco los ven. En España, desde luego, no, pero en Afganistán sí, en ese desventurado país que dejamos tirado para que volvieran a recogerlo los talibanes, esos tipos que odian a las mujeres, que las castigan por el mero hecho de serlo no sólo con esos sudarios espantosos, sino con toda clase de sevicias tendentes a su castración personal y social. Podía irse Vox allí, igual que se fue a nado a Gibraltar, a emprender sobre el terreno su cruzada, pero prefiere para nuestra desgracia quedarse aquí, enmascarando su radical xenofobia con lo de los burkas que aquí no hay.

El burka es un invento reciente, de principios del pasado siglo, ideado por un reyezuelo con el fin de que el pueblo no viera a las mujeres de su harén. En el Corán no hay ni rastro de él, ni tampoco de norma alguna para sepultar con él ni con ninguna otra montaña de trapos a las mujeres, sino sólo la recomendación a hombres y mujeres de vestir en público con decoro. El burka, además de reciente, es un invento que no debió inventarse nunca, como tantos otros que machacan la libertad y la dignidad de los seres humanos, pero a Vox le ha dado, secundado por un PP que parece haberle entregado definitivamente la cuchara, por sacarse burkas de la manga para distraer de su propósito de encasquetarle un burka de aquí te espero a la nación.

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