¿Sorprendidos?

Hubo gente en aquel tiempo, los años treinta, a la que Hitler no les pilló por sorpresa. Le vieron venir y dieron la voz de alarma... sin mucho éxito.

Si revisamos escritos de Unamuno, de Hermann Hesse, y de tantos otros, vemos que lo que aquel personaje oscuro representaba y lo que se adivinaba que podía llegar a suceder si adquiría poder, estaba claro para muchos. La pregunta es por qué razón tantos estaban ciegos.

¿Y ahora?

La respuesta ante Trump (es decir ante Trump y sus tropelías) nos permite discernir no solo entre los ciegos y los que aún conservan la vista, sino también entre las distintas "sensibilidades políticas" de nuestro país, lo cual siempre es de agradecer para saber a qué atenernos.

Los hay que se manifiestan "sorprendidos" por las tropelías de Trump. Son por lo general gente que se ubica en el llamado centro político, a veces de forma tan equidistante que pierden la perspectiva y ven borroso. Y es que la equidistancia, que parece un sitio neutro, depende mucho del punto de partida en el que te coloques para mirar hacia un lado y hacia otro. De tal manera que si te sitúas mal, al final ves borroso, o sea, no lo ves venir.

En situaciones críticas y de grave anomalía, ya directamente de amenaza para el mundo, la equidistancia no es equidistancia, es ceguera.

Luego están los que se manifiestan "encantados" con los hechos de Trump. Directamente. Estos cabe ubicarlos en la extrema derecha en su formato habitual de caverna. Y no se puede decir mucho más, sino que esa caverna, tenaz en su oscuridad, siempre ha estado ahí. Aunque ahora vive un buen momento e intenta propagar su oscuridad. El matón que gobierna el mundo es de los suyos, así que están contentos.

Luego están los que se manifiestan "encantados" y "sorprendidos" al mismo tiempo. Pueden acostarse encantados con Trump y sus hazañas y levantarse sorprendidos por las consecuencias. A estos ciudadanos cabe ubicarlos en la derecha echada al monte. No dan una. Les fallan todos los análisis. Quizás porque dejaron de analizar y lo fiaron todo a la mentira como estrategia política.

Los veréis una y otra vez colgados de la brocha, hasta que alguien con más luces coloque un andamio y los ayude a bajar. Aún no han entendido que Trump es un gran mentiroso con acciones muy reales y muy letales. Algún día la verdad los hará libres y ciudadanos de provecho.

Hay un último grupo de ciudadanos que no están sorprendidos, ni mucho menos encantados, con las acciones de Trump. Desde hace tiempo le ven venir y vienen dando aviso como quien clama en el desierto. La "sensibilidad política" de estos cabe reconocerla como de izquierda progresista.

Pero recapitulemos: ¿No es extraño a estas alturas manifestarse sorprendido por las gestas de Trump? ¿No es un poco tarde para descubrir que va en serio? Y cuando digo "en serio" me refiero a la seriedad y gravedad que pueden esperarse de los actos de un loco. También Hitler iba en serio. Y también era un loco.

Recordemos algunos antecedentes de Trump ya en su etapa política, sin entrar ahora a analizar su etapa empresarial llena de estafas y fraudes:

Ya durante la pandemia COVID, Trump mantuvo una actitud negacionista, disparatada, errática, analfabeta, que puso muy nerviosos a sus propios expertos, como cuando aconsejaba beber lejía para evitar el mal. Además, dado su poder, su actitud negacionista fue muy contagiosa entre los ciudadanos. El resultado fue que en los muy poderosos Estados Unidos de Donald Trump hubo una enorme mortandad y se hizo necesario abrir fosas comunes para dar cabida a la multitud de cadáveres.

Otro de los antecedentes dignos de subrayar fue cuando Trump intentó dar un golpe de Estado en USA al perder las elecciones. Estos días se cumple el aniversario de aquel desaguisado que produjo muertos. Aquello sí que nos sorprendió a todos porque parecía cosa de película. No parecía real, parecía distopía. ¡Un golpe de Estado en USA! Aún no estábamos curados de espanto ni hechos a esta "nueva normalidad" trumpiana fundamentada en la barbarie.

Un inciso: a raíz de este incidente golpista en USA, y también por contagio (como ocurrió con el negacionismo contagioso de la pandemia), nuestra derecha echada al monte empezó a ver fraudes electorales y gobiernos ilegítimos por todos lados, casi con el mismo ánimo golpista que el capo americano. Era el primer síntoma de que el trumpismo había penetrado con fuerza en nuestra derecha más montaraz.

En otros sitios, el contagio tuvo efectos aún peores, y así Bolsonaro, un fanático ultraderechista, intentó dar otro golpe de Estado en Brasil, a imitación de su maestro. Pero allí hay jueces independientes y por tanto Bolsonaro no obtuvo la impunidad que sí había obtenido su ídolo. A pesar de que Trump presionó a su manera gansteril (aranceles y demás) para que la justicia brasileña se arrodillara ante él y no condenase a su pupilo, hoy Bolsonaro está con una tobillera de presidiario que de vez en cuando intenta quitarse.

El rastro del trumpismo, un rastro turbio, se puede seguir incluso hasta hechos tan trágicos y cercanos como la dana valenciana, en la que la gestión directamente trumpista y negacionista de la coalición PPVOX, ha quedado para los anales de la infamia.

Con todo esto detrás ahora viene Trump y entra en Venezuela mediante asalto militar y bombardeo para quedarse con el petróleo venezolano, al mismo tiempo que amenaza con igual método a Groenlandia y quien sabe si también a Canadá para llevarse sus riquezas. Y esto lo compagina con la piratería de altos vuelos en los mares de todo el planeta.

Lo de asesinar a cien personas de un plumazo en Venezuela al tiempo que pisotea la Constitución de Estados Unidos, para él es un aperitivo, un preámbulo de negocios mayores.

De verdad ¿Alguien está sorprendido a estas alturas por lo que nos acontece? Trump es un "creador de contenido", una expresión que ahora se lleva mucho y que parece casi un título académico. Lo que pasa es que el contenido creado por Trump es explosivo, letal, y está lleno de sangre.

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