Negacionismo con cielo gris

El cielo, la atmósfera, entre gris y naranja. A ratos parece Londres, y a ratos parece el resplandor del Sáhara. Son los incendios que se multiplican y se extienden por España. También Francia está siendo castigada por el fuego, y en general Europa soporta temperaturas cada vez más altas y olas de calor más potentes. Aumentan las muertes por el cambio climático.

Lo de un cielo turbio, de color raro y con polvo en suspensión que lo mancha todo (la conocida calima), se va normalizando, a pesar de ser ahora un fenómeno más frecuente, que abarca áreas más extensas, y que llega más lejos en su recorrido hacia el Norte. Y esto ya no es tan normal.

Este comportamiento inusual de la calima se debe al parecer a la desaparición de barreras naturales que antes lo frenaban. Cosas del cambio climático que ya se anunciaban hace muchos años en libros como "La Tierra herida" (2005), de los Miguel Delibes, padre e hijo, literatura y ciencia. Sensibilidad y lucidez ecológica puestas por escrito para intentar advertir del deterioro ecológico creciente y sus riesgos.

Después vinieron los bárbaros (de la ultraderecha), y la lucidez, duramente perseguida, fue a menos en términos estadísticos y quedó restringida a determinados círculos. O sea, el negacionismo como bandera de los extremistas sin complejos, que cada vez son más y más fanáticos.

No muy esperanzador ni halagüeño es el artículo publicado por Antonio Muñoz Molina en El País (25 JUL 2026) con el título "Víspera de agosto".

Se intuye que hemos perdido el control de las cosas y el riesgo de desastres ecológicos, económicos, sanitarios, de ciberseguridad, etcétera, aumentan.

Pero a pesar de este panorama de desorden, falta de control y miedo, los forofos de la desregulación (PPVOX en alianza con el loco Trump) quieren que perdamos el control aún más.

En cuanto a la ciberseguridad, nos asaltan noticias tan inquietantes como que una IA en pruebas se ha escapado de su recinto de seguridad (precisamente), ha penetrado en Internet y ha atacado a otra IA. Así por libre y sin intervención humana.

Esto nos recuerda a la rebelión del ordenador HAL 9000, en la película de Stanley kubrick "2001: una odisea en el espacio”.

Otra noticia de estos mismos días nos dice que "Las IA pueden destruir el mundo sin querer". No sin antes habernos robado los ahorros, esta vez queriendo y gracias a su inteligencia sobradamente entrenada para beneficio de los cacos.

Que las IA puedan destruir el mundo "sin querer" y robar los ahorros de los ciudadanos queriendo, no sé si nos sirve de consuelo. También los desastres climáticos y ecológicos son sin querer, o más bien queriendo nosotros al no querer enterarnos de las consecuencias de nuestras decisiones y actos.

No quiero inducirles al pensamiento oscuro de que a una IA fuera de control (y ya vemos que se descontrolan bastante) le de por hacerse con el control de misiles atómicos y empiece a pulsar todos los botones rojos que encuentre a su paso, tanto en el Este como en el Oeste.

Resumiendo: solo aprendemos a base de golpes, cada vez más duros: estafas financieras globales, pandemias, accidentes nucleares, danas mortales, incendios de quinta generación... Lo nunca visto, lo inédito, lo sorprendente llega y entonces ya sí préstamos atención.

Este es un país raro, en un contexto ideológico y político que también lo es (por mucho que algunos quieran normalizarlo), donde se abuchea, no a los negacionistas del cambio climático (bastante insensatos por cierto), o a los que se saltan a la torera las normas preventivas contra los incendios y fabrican chispas en medio de un secarral, sino que se abuchea a los que advierten de los riesgos que el cambio climático implica. Aquí se aplaude a los ultras y se abuchea a los científicos.

Un país raro en el que las Comunidades autónomas que más recortan en servicios públicos, cuerpos de bomberos, o brigadas forestales, pasan por ser las más modernas y "libertarias" del orbe. Así nos va.

Probablemente la película tragicómica que mejor describe nuestra condición posmoderna ligada a la barbarie y el negacionismo sea "No mires arriba" (2021), un retrato verdaderamente certero de nuestro tiempo. No mirar para no ver. Una película imprescindible.

En una entrevista a Teresa Ribera, vicepresidenta de la Comisión, que se publica hoy en El País (27 JUL 2026), esta afirma: "Europa no está preparada para las consecuencias del cambio climático". Y también refiere que "Bruselas prepara un plan para blindar las políticas de adaptación frente a un negacionismo criminal". Retengan esa expresión porque es importante: "Negacionismo criminal”.

Como bien dice Teresa Ribera en esta entrevista con relación a estos desastres, esta sí es nuestra "prioridad nacional" y no la que algunos se inventan.

Una entrevista que conviene no perderse.

Parece claro que en un mundo que se acerca peligrosamente a hacer realidad varias distopías, son más necesarias que nunca las mentes sensatas, informadas y con recta intención, para las que la expresión "bien común" tenga aún sentido y mucho futuro por delante. Eso es lo que se necesita: tener la información correcta, lucidez para manejarla, y esperanza en obtener los resultados que nos salven.

Todo menos tirar la toalla.

En vez de eso, hoy tenemos al frente de nuestro mundo a Donald Trump y sus satélites menores, tal que Ayuso, Abascal, Milei y compañía, que para la lucidez y la esperanza son un auténtico tóxico.

Imaginen ese otro futuro, trumpiano, que no es descartable, y que hoy ya nos enseña sus garras.