La invasión flotante
El peligroso intento de "invasión" de España por su flanco Sur (en Ceuta y sin salir de África) que se produjo hace unos días, ha ocasionado un número indeterminado de víctimas mortales que ya supera las 60 personas (personas como tú y como yo) y se espera que esta cifra pueda ir en aumento, todas pertenecientes al bando invasor.
El ataque se produjo a nado, pero como muchos de los invasores no sabían nadar, utilizaron flotadores, algunos de colores vistosos y alegres, quizás fruto de una ilusión pertinaz, y eso a pesar de ser conscientes de que su vida corría serio peligro en esa operación. El valor de la desesperación. Tirarse al mar sin saber nadar. Pero también la ilusión de la esperanza, agarrada a un flotador de colores Hay que estar muy desesperado y al mismo tiempo muy ilusionado para huir del propio país de esa manera. Y vaya imagen que deja del país que así los expulsa. Por cierto, una monarquía incompatible con la democracia.
Las tropas invasoras (que eran tropas engañadas y que de hecho ni siquiera eran tropas) estaban constituidas por personas de todas las edades, pero contaban en sus filas con un número cuantioso de adolescentes que quieren triunfar en el fútbol o el deporte mundial (algunos de estos jóvenes invasores venían ataviados con la camiseta de la selección española de fútbol, reciente ganadora del mundial).
También figuraban en las filas de esta invasión flotante chicas jóvenes que a lo mejor quieren estudiar el bachillerato y luego una carrera, y familias enteras con sus niños pequeños en busca de trabajo y una vida mejor. Muchos llegaban exhaustos y necesitaron ser rescatados. Otros muchos no llegaron y murieron en el intento.
Al parecer estas tropas venían desarmadas y el agua por la que nadaron y en la que muchos se ahogaron, quedó llena de flotadores y de cuerpos sin vida.
Debemos agradecer que en esta ocasión no se les disparase pelotas de goma con el riesgo cierto de contribuir al ahogamiento.
Más allá de los condicionantes geopolíticos de este ataque que algunos llaman híbrido (y ahí sí radica su naturaleza funesta y siniestra), y que todo parece indicar que es fruto del engaño inducido en los propios invasores (invasores y víctimas a un mismo tiempo), cabe destacar el carácter alucinante y distópico del hecho mismo. Pero también, y desde un punto de vista puramente humano, cabe destacar el rostro exultante de alegría de muchos de los que pisaron tierra aún con fuerza para expresar espontáneamente ese sentimiento, tal que si hubiesen llegado al país más feliz de la Tierra.
Quiere decirse que a pesar de la propaganda machacona de la ultraderecha nacional y global contra nuestro país, en alianza con nuestros enemigos trumpianos que describen al nuestro como un país invivible y echado a perder, la imagen y el concepto que se tiene de nuestro país en gran parte del mundo, es enormemente positiva.
No obstante la ultraderecha global (también europea) en alianza con Trump (el famoso criminal de guerra) que encuentran en nuestro gobierno un contradictor a batir para imponer más fácilmente su barbarie, han aprovechado la ocasión una vez más para atacar a nuestro país y a nuestro gobierno.
Por otra parte el desengaño de los invasores (por utilizar un término bélico claramente incorrecto en este tipo de fenómeno migratorio) fue rápido. Al comprobar que no los acogían y que tampoco les vendían leche para los niños más pequeños, concluyeron que habían sido engañados y decidieron volver a su país.
Pero en el mar quedaron muchos muertos, y de esto hay que hacer responsable al régimen marroquí, una monarquía incompatible con la democracia, sin excluir a otros colaboradores externos que desprecian igualmente la vida humana.
Menos nos preocupa aquí en España y en Europa la gran invasión de turistas que sufrimos cada año, o la de los ricos que buscan y encuentran casa en nuestro territorio.