Ecos de caverna

VOX ha sacado un magnífico resultado en las elecciones de Aragón. Lo primero que habría que preguntarles es si en alianza con el PP (que está de nuevo a sus órdenes) van a crear unos ICE allí y a empezar a encarcelar niños.

Pero vayamos al tema general que enmarca este tipo de sucesos. Si algo puede reservarnos ecos de muchos siglos es una caverna. Quien conoce la voz original, reconoce enseguida el eco como repetición. Quien desconoce por edad o falta de información la voz original, cree escuchar en el eco una voz nueva, no solo moderna sino posmoderna. Un error que puede ser fatal.

La caverna fue utilizada también por Platón como símbolo de oscuridad y engaño. Ese símbolo no ha perdido vigencia, como podemos comprobar a diario.

Retomo aquí el análisis que hizo no hace mucho Enric Juliana sobre una frase aparentemente banal del moderado Feijóo.

La frase en cuestión aparece en medio de un discurso como todos los de Feijóo lleno de falsedades, o de bulos que otros le prestan. Y entre esas falsedades y bulos comprados a precio de saldo en el mercado de la desinformación, afirma Feijóo que el paradigma que ha regido los destinos europeos durante las últimas décadas ha sido izquierdista. La "cárcel izquierdista", dice Feijoo sin inmutarse, copiando la jerga de VOX y Ayuso, incapaz de un lenguaje propio y consciente, y utilizando una de esas hipérboles llenas de viento (flatus vocis) que se inflan como un globo de colores para distraer a los niños y engañar a los incautos.

Un bulo demasiado burdo y demasiado torpe fruto de esa estrategia barata que ahora se estila. No se la recomiendo a nadie, porque ese tipo de estrategias que parecen gangas las carga el diablo. Lo barato al final sale caro.

Nadie ignora a estas alturas, salvo al parecer Feijóo, que el paradigma que ha regido los destinos europeos durante las últimas décadas ha sido neoliberal, o sea de extrema derecha o de ultraderecha económica, por decirlo suavemente, porque podríamos decirlo en términos más exactos haciendo una referencia a la delincuencia económica como el paradigma de moda, ya que de eso va en definitiva el neoliberalismo.

La "cárcel derechista" del "pensamiento único" -o sea neoliberal-, podríamos decir sin exagerar una pizca y acertando de lleno, ha constituido nuestra particular y contemporánea "banalidad del mal", consentida y alentada por unos y otros durante los últimos decenios. Ese ha sido el molde de nuestros peores desastres y de nuestras peores crisis, que se suceden ya en nuestro tiempo encadenadas y en tropel. Y una de las principales catástrofes producto de ese paradigma fue la muy famosa estafa financiera de 2008, que algunos siguen llamando todavía crisis, bautizada también como "gran recesión", hito histórico que nos sirve de referencia y orientación para que no nos engañen de nuevo ni nos confundan. Hito con su secuela también famosa del "austericidio", tan denostado a posteriori (con el daño ya hecho) por la propia Ángela Merkel, madrina del invento. Un daño que aún arrastramos en forma de deterioro persistente y progresivo de nuestros servicios públicos. Verbigracia el escándalo de las mamografías en Andalucía; el recorte de los servicios de emergencia en Valencia en vísperas del desastre de la dana; o de los servicios contra incendios en Castilla y León, constituyen capítulos y consecuencias de esa "cárcel derechista" del pensamiento que se nos ha impuesto por las buenas o por las malas, sin alternativa, y casi siempre con el resultado trágico de un elevado número de víctimas.

O el escándalo de las residencias de mayores en Madrid, que sigue el mismo patrón carcelario. Más víctimas de esa cárcel derechista del pensamiento, uno de cuyos axiomas principales es que los más ricos no pagan impuestos y que los servicios públicos mejor no tenerlos porque son innecesarios.

Cuatro episodios que describen a la perfección la cárcel derechista en que nos han metido, con el cartel equívoco en su entrada que reza "libertad", jugando al engaño como aquellos otros carteles de los portones de acceso a los campos nazis que los liberados (de verdad) hicieron saltar por los aires.

La persistencia y la insistencia en esta grave anomalía a pesar de las crisis sufridas y el elevado número de víctimas, ha incorporado estos desastres al paisaje de la nueva normalidad. Y eso es en definitiva lo que ha pasado con el extremismo neoliberal, administrado como paradigma indiscutible y "sin alternativa" durante décadas. Nos ha vuelto ciegos y ya no lo vemos.

Primero fue a pequeñas dosis y luego ya, suficientemente intoxicados y ciegos, a palo limpio. O sea, la "cárcel derechista" en la que nos metieron y aún seguimos presos, esperando encontrar la llave que nos libere, se ha normalizado, que es lo peor que le puede pasar a la normalidad. La cárcel convertida en costumbre es una cárcel construida sin barrotes visibles, solo con cegueras, resignaciones y renuncias. Más que una cárcel moderna, se trata de una cárcel posmoderna que perfila un futuro bastante inquietante.

Los dramas actuales que vivimos con cierta desesperanza y no poca incertidumbre son un más a más de esa monotonía ideológica impuesta por la derecha europea durante las últimas décadas, que sin ningún rubor declaró inaugurado ese famoso "pensamiento único" (por supuesto neoliberal y de derechas), al mismo tiempo que declaraba finalizada la Historia. Por tanto una cárcel no solo ideológica sino cronológica que intenta poner grilletes a las ideas pero también al paso del tiempo. Una "cárcel derechista" de la cual al menos la Historia se escapó enseguida continuando su curso, ahora más atropellado y violento.

Todo esto nos ha llevado hacia nuevos conflictos y nuevas guerras, que ya básicamente consisten en la depredación imperialista de recursos y en grandes matanzas de civiles con tecnologías muy sofisticadas, en espera incluso de una próxima y cada vez más probable conflagración atómica.

Y junto a ello y haciendo juego con este triste panorama, un resurgimiento del fascismo, más o menos nuevo, o más o menos disfrazado, pero muy generosamente financiado por los nuevos oligarcas que quieren destruir la democracia (en la que no creen) y que se han adueñado ya de todo el planeta. Oligarcas que no es necesario repetir, puesto que ya saludan sin complejos a lo nazi, que son de extrema derecha y administradores de una cárcel muy especial, hecha de dinero transferido en ingentes cantidades a sus propios bolsillos y de unas tecnologías diseñadas para eso: el desfalco y la rapiña global mediante la violencia, la trampa y el engaño. Pero también para la vigilancia, el control y el dominio.

Enhorabuena a los ciudadanos de Aragón. Trump y Elon Musk también están contentos.

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