Dos estilos
No sé dónde leí o escuché tiempo atrás que en el PP son plenamente conscientes de que el "estilo" que aplican y mantienen en la Comunidad de Madrid y el estilo que aplican en la Comunidad andaluza son (o eran) muy diferentes, por no decir que llamativamente contrapuestos, pero concluyen de forma pragmática que si funcionan y logran el objetivo principal, vendiendo bien el producto, o sea el contenido, en caso de que lo haya, pues adelante. Aunque incurran (diríamos hoy, incurrían) esos dos estilos tan diferentes, el de Ayuso y Moreno Bonilla, en incoherencias muy bastas. P'alante, que lo basto ya es marca de la casa. Y no solo en Madrid.
Nada de eso importa, lo que importa es vender el producto en el envoltorio que mejor se preste a la venta.
Siendo el paradigma del universo PP el cambalache y su desregulación (antes el neoliberalismo y sus estafas y ahora el trumpismo y la motosierra), esto se traslada también a la forma de traficar con su oferta política. Y esa forma es incompatible con un programa político definido y claro.
Aquí el término "estilo" hace referencia al maquillaje, al formato y a la cáscara, que pueden cambiar y ser muy diferentes según el momento y el lugar, siempre y cuando el contenido, que es fundamentalmente extractivo y rapiñador, se venda bien.
El envoltorio o empaquetado, o sea el estilo, puede ser moderado y mantener las formas más o menos cordiales, como es (o era) el estilo o maquillaje de Moreno Bonilla. Y digo maquillaje porque el contenido que oculta es muy diferente a lo cordial, como demuestra el escándalo de las mamografías y su política privatizadora. O el estilo utilizado puede ser atrabiliario, grotesco y bastante repelente, como es el estilo que Díaz Ayuso ha copiado a Trump.
Aunque en este último caso nos cabe la duda de si el "estilo" atrabiliario y grotesco de Díaz Ayuso es simplemente estilo o es esencia. Y digo que nos cabe la duda por decir algo.
Lo mismo ocurre con Trump: su estilo traduce directamente su esencia. Una esencia hueca. Algo que no han comprendido todavía los que se dejan apabullar por este tipo grotesco, y en último término hueco, incluidos líderes internacionales supuestamente sólidos y competentes. Chocan contra un hueco y creen que han chocado contra una roca. Aunque también es cierto que a pesar de esa oquedad vana y narcisista, Trump tiene un carácter vengativo. O sea, que algo de contenido tiene, pero oscuro. Y sin duda tiene mucho poder en sus manos, incluido el poder atómico de arrasar con los más débiles.
Otros aquí más cerca, que también adoran a Trump, escuchan un pinganillo madrileño y creen que han escuchado a una lideresa nacional. Tras esa apariencia engañosa no hay nada sólido o consistente, solo vacío y flatus vocis, pero con pinganillo incorporado.
En cualquier caso, lo que importa es vender el producto, que en el caso del PP, por mucho y variado estilo con que lo oculten y disfracen, está demostrado por una larga serie de casos, pretéritos y presentes, que no tiene absolutamente nada que ver con el bien común, con lo público, o con lo que todavía llamamos Estado (tenga este mayor o menor bienestar), sino que tiene que ver con la extracción y la rapiña, que es actividad eminentemente privada, o sea tiene que ver con ellos y exclusivamente con ellos.
Por tanto, aunque el envoltorio sea variado o multiforme, el contenido que oculta es único y uniforme, y consiste en lo siguiente: inquina contra lo público y lo social, privatizaciones como instrumento de saqueo, desregulación del delito y la trampa, corrupción a espuertas, sobresueldos, cajas B, cloacas institucionales para perseguir a adversarios políticos, incompetencia reiterada ante las crisis mayores sobrevenidas (la competencia y la eficacia ante las crisis mayores tiene poco que ver con el lucro privado), patrocinio de la desigualdad extrema mediante una política selectiva de impuestos (los ricos no pagan), y en último término y como objetivo final: extracción y rapiña porque España no es de los españoles sino suya. Para este objetivo principal que puede adoptar diferentes estilos como decimos, la "prioridad nacional" son ellos y solamente ellos, junto a sus patrocinadores, los amigos de la plutocracia.
Así como el dios Jano (el dios bifronte) tiene dos caras, una que mira al pasado y otra que mira al futuro, y eso le protege del engaño, el PP tiene dos estilos, uno que mira a la derecha y otro que mira a la ultraderecha, precisamente para inducir al engaño. En su caso, pasado y futuro son la misma cosa. O sea, que miran hacia el mismo lado pero con distintos visajes para confundir al que observa.
El contenido, que es fundamentalmente antisocial y contrario a la cosa publica, es lo que debe importarnos a los ciudadanos. Lo otro, el estilo, el visaje y el maquillaje, pues la verdad, incluso como entretenimiento y performance es de ínfima calidad. En este caso, esas diferencias superficiales y aleatorias del estilo no marcan la diferencia de lo que realmente importa. O sea, de lo que les importa a ellos y de lo que debería importarnos a nosotros como ciudadanos de la res pública.
Cuando un partido político asume la utilidad de la variedad de sus estilos y camuflajes, es que es plenamente consciente de que sus contenidos no son muy presentables.
Tras desdoblarse durante la visita del Papa León XIV, para aplaudir las ideas de justicia social del pontífice, sus ideas contra el racismo y la xenofobia, y sus ideas pacifistas, que son las mismas ideas que luego abuchean y a las que niegan el voto en el hemiciclo, a nuestra derecha-ultraderecha le toca ahora volver a doblarse, o sea a envolverse. Vuelta a la rutina. Ya los tenemos promocionando el aumento del gasto en armamento y los recortes sociales.
Con una mano hacen apología de las raíces cristianas (el cristianismo primitivo tenía mucho del pacifismo y socialismo actual) y con la otra hacen apología de la motosierra y de la guerra.
Últimamente y de manera sistemática el PP explica sus posiciones y proyectos dos veces. Una primera vez en que mete la pata y otra segunda vez en que reconoce que la ha metido. Da igual que se trate de Gaza y su genocidio, de Irán y la guerra ilegal de Trump, o directamente de aplicar la motosierra de Milei aquí en España, empezando por los derechos sociales de los trabajadores enfermos.
¿Que nos indica esto? No es que no tengan facilidad para explicarse, sino que su programa o bien no existe (hasta que se reciben órdenes de la superioridad) o no es muy presentable. Pero no tienen otro. El plan es que no hay plan. O este se reduce a recortar derechos e involucionar en todo lo demás.
En este sentido es interesante y muy esclarecedora la entrevista a Nicolás Sartorius publicada en El País (6 JUL 2026) cuyo título no puede sorprendernos. Dice dicho título:
“La derecha que viene no es la derecha de siempre, este PP no es heredero de la Transición”.
Y entre otras varias expresiones de lucidez que hace muy interesante la entrevista, Sartorius dice también lo siguiente:
"Los que están fuera de ley no son los inmigrantes, los que están delinquiendo son los que les contratan sin derechos. Esos son los que cometen ilegalidades”.
El PP sabe que no le queda mucho tiempo por delante y que tiene que escoger ya entre la opción "Proyecto europeo" y la opción "Proyecto Trump". Si decide sostener y mantener a Ayuso, será notorio y ya firme que ha optado por el Proyecto Trump, que es un proyecto contra Europa y contra España.