Ceuta

Desde lo de Ceuta, que aún no sabemos calificar del todo (quizás porque no solo es una cosa sino varias) ni ponerle una palabra exacta y fidedigna, se me mezclan las imágenes del pasado y del presente.

El pasado es cada vez más útil para interpretar este presente, y las asociaciones de ideas van y vienen.

Estas asociaciones de ideas, como todo el mundo sabe, son libres y espontáneas, tienen vida propia (como los sueños), y no siempre se someten al filtro de la razón ni al principio de realidad, sino que nacen de un torbellino de imágenes y conceptos (Freud diría el inconsciente), con vocación de emprender algún vuelo y alcanzar alguna luz. En todo caso están ahí por algo y conviene explorarlas para buscarles un sentido. Hay quien se le viene a la cabeza la caída del imperio romano, y hay quien se le vienen a la cabeza otras cosas, y a lo mejor todo depende de la idea que tengamos del ser humano.

Por ejemplo, se me viene estos días a la cabeza la imagen de algunos niños del gueto de Varsovia, pequeños prisioneros, pasando por el hueco excavado bajo una alambrada con los bolsillos interiores de sus andrajos llenos de patatas, que los guardias y gendarmes armados con palos y fustas les hacían vaciar sobre el suelo antes de llevárselos detenidos. Su destino es la vuelta al gueto y al hambre, en este caso un hambre muy física y muy real que llevará a muchos de ellos a la enfermedad y la muerte. Seguro que en ese momento, muchos de esos niños endurecidos por tantas cosas, lloraron.

Pienso ahora en las quejas, ya habituales entre nosotros, por la España vacía (y ahora también envejecida), que aparte de su encanto místico o literario, muy del 98, constituye un problema económico muy serio y muy real. Y no ya solo un problema económico o demográfico, sino un problema ecológico y laboral, si hemos de juzgar por las soluciones que estos días se proponen contra los grandes incendios impulsados por el cambio climático.

Se ha dicho al hilo de estos incendios descomunales, de manera repetida y casi hasta la saciedad, que una de las medidas imprescindibles para poner freno a ese y otros desastres que acabarán convirtiendo nuestro país en un páramo, es volver a repoblar esa España vacía, y acometer de esa forma un renacimiento de la vida rural con sus tareas propias, entre las que cabe destacar la gestión de los montes. Recuperar la vida rural: he ahí una prioridad nacional verdadera.

¿Será tan difícil lograr ese objetivo de recuperación de nuestro territorio vacío con tanta gente queriendo vivir y medrar en nuestro país y con tantos puestos de trabajo sin ocupar?

Se me mezcla esto a su vez con la idea que muchos historiadores tienen sobre la repercusión que tuvo la expulsión de los moriscos para la economía de nuestro país en general y para el campo y el trabajo agrícola en particular. También para los tributos, o sea para los impuestos.

Un ejemplo: "Valencia perdió cerca de un tercio de su población, lo que dejó campos abandonados, huertas sin cultivar y arruinó a la nobleza local que dependía de las rentas de sus vasallos moriscos", sintetiza a vuelapluma la IA. Recordemos de paso que la IA es una herramienta en fase de entrenamiento y que conviene contrastar aquello de lo que informa.

Desde ese pasado ya un tanto lejano, el pensamiento libre vuela ahora hacia el presente y se pregunta -también muy libremente- quién realiza hoy por hoy los trabajos más duros y penosos en el mundo rural y en el ámbito de nuestra economía agrícola.

Lo cual no quita para que alguno de esos adolescentes marroquíes que estos días han entrado en España a nado y por Ceuta, arriesgando sus vidas y con hambre de futuro, aspire a ser futbolista. También los hay que aspiran a ser “mecánico de coches eléctricos”, como confesaba ilusionado uno de ellos al ser entrevistado. El cual informaba que su amigo, también "invasor" y adolescente, prefiere entrar en el ejercito y ser militar. Y esto a su vez no excluye que otro quiera ser médico, que también escasean en nuestro país, y llegado el caso ganar el premio Nobel de medicina, que en España no tenemos muchos.

Algo me dice que alguno de estos jóvenes que intentan a la desesperada entrar en nuestro país tiene más posibilidades de ganar un premio Nobel que Vito Quiles.

Fíjense si no en lo que se perdió Alemania al expulsar a Einstein. Eran aquellos también tiempos de nacionalismo feroz y fascismo, o sea de discriminación y racismo institucionalizados.

De aquí me voy volando en otra asociación de ideas a la expulsión de los españoles de origen judío en 1492, por los reyes católicos, tras hacerles la vida imposible con los estatutos de limpieza de sangre y demás zarandajas de prioridad nacional-racista, a pesar de llevar ya muchas generaciones asentados y viviendo en nuestro país, formando parte consustancial y enriquecedora de él, y lo que dijo al respecto de esta expulsión el mandamás del imperio otomano que los recibió en gran número y con los brazos abiertos:

"Según la tradición histórica, el sultán otomano Beyazit II reaccionó con asombro y burla ante la medida de los Reyes Católicos en 1492. Exclamó que los monarcas españoles eran insensatos por empobrecer su propio reino mientras enriquecían el suyo, afirmando: «¿Llamáis sabio a este Fernando que empobrece su tierra y enriquece la mía?».

Si tomamos como referencia este ejemplo ¿Podríamos decir ahora que el rey de Marruecos -que no anda muy allá- se comporta como un insensato, empobrece a su país y enriquece al nuestro?

En cualquier caso es conveniente leer el editorial de El País de 6 AGO 2026, titulado: "Para qué sirve la regularización”.

Me voy ahora a una última asociación de ideas, también espontánea pero decididamente optimista. Intuyo que si nuestra economía va bien, como dicen los expertos, se debe en gran medida a la inmigración y a esa ilusión de muchos inmigrantes por vivir y trabajar en nuestro país, formando parte de él.

Observo también en mis encuentros de estos días con ciudadanos inmigrantes -nuestros ya numerosos vecinos- una ilusión y una alegría extra a partir de su regularización, esa decisión inteligente y a su vez humana de este gobierno que está batiendo todos los récords de crisis graves enfrentadas y resueltas -la mayoría- con un éxito que no cabe esperar cuando gobiernen sus adversarios del PPVOX.

Es bueno acabar esta reflexión con un tono optimista que nos anime a seguir buscando las soluciones óptimas, que sin duda son aquellas que unen el beneficio colectivo y el respeto de los derechos humanos.

Y es por eso que conviene decir también que las migraciones, incluso las que son positivas y beneficiosas, deben hacerse con un orden administrativo reglado, entre otras cosas para evitar los muchos muertos que las migraciones descontroladas están produciendo.

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