Un canalla a los mandos

De nuevo un canalla a los mandos.

Se hablará mucho de estos días de enero como hito histórico, como hito que anuncia una época de hierro y fuego.

Antes que Venezuela, ya había recibido la coz de este energúmeno Europa. También descabezada. De otra forma, sí, pero descabezada.

No hay que insistir mucho porque es evidente: tenemos a un canalla a los mandos y pisando el acelerador. Esto ya lo vimos en el pasado con tipos como Hitler, Mussolini, Franco, o Stalin. De manera que podemos reconocer la dinámica.

En una manifestación de estos últimos días de la izquierda en París contra el ataque a Venezuela, uno de los lemas era que el servilismo produce guerras. Y ciertamente, el servilismo puede ser un estímulo potente para que el agresor se crezca, siendo ese el marco psicológico en el que se desenvuelve el fascismo. Trump, aunque no sabe hablar correctamente su propio idioma (desconozco la razón), conoce perfectamente esta dinámica que se desliza insensiblemente desde la amenaza y el miedo al servilismo y la agresión. Y la explota a su favor, como explota todos sus negocios turbios. Él tantea, y si el amenazado se deja, agrede.

Más o menos ocurre así, aunque no es regla segura porque ni él mismo sabe lo que hará mañana, ni qué hará con las consecuencias de sus actos. Parece que algo no funciona bien en su cabeza.

Otra característica de este sujeto: Trump agrede en todas las direcciones. Y ese comportamiento también nos recuerda a Hitler. No esta por tanto fuera de lugar la propuesta que está haciendo PODEMOS de romper todo tipo de relaciones con los Estados Unidos de Donald Trump. Un país agresor. Un país que no respeta el Derecho internacional. Un país que directamente y mediante la fuerza va a por recursos que no le pertenecen, pisoteando la soberanía de los países propietarios. Porque Trump no cree en la propiedad... ajena, solo en la suya. Petróleo, tierras raras, el triángulo del litio. Va a por todo. Es urgente romper relaciones con este nuevo Atila. Quiero suponer que también lo haríamos con Hitler si este volviera. La Historia debería servirnos al menos para algo.

Reflexiones desde la prensa estadounidense sobre lo sucedido en Venezuela. Dicen: Trump ha vulnerado la Constitución estadounidense. No solo ha cometido un acto terrorista y vulnerado el Derecho internacional, sino que ha pisoteado la Constitución de Estados Unidos.

Geopolítica y negocios: Una de las estrategias geopolíticas que más utiliza Trump es entrar allí donde se le antoja, sobre todo si hay recursos interesantes (petróleo, tierras raras...), para bombardear, destruir y arrasar, y luego argumentar que el país agredido debe correr con los gastos sufridos por la Administración americana. O sea, que el país agredido debe correr con los gastos de la agresión y con los de la reconstrucción. Y si no puede correr con esos gastos, para eso están sus recursos naturales y su soberanía nacional como moneda de cambio. Cuando Hitler invadió Francia, el método de saqueo era el mismo.

El secuestro de Maduro se justificó por ser cabecilla del "cartel de los soles". Ahora el Departamento de justicia de Estados Unidos se retracta de esa acusación (con Maduro ya secuestrado), y dice que esa acusación no se sostiene porque el "cartel de los soles" no existe, no es una organización real. Más o menos como lo de las armas de destrucción masiva de Irak. Una mentira para justificar una agresión ilegal.

La sorpresa procede del hecho de que considerábamos a Europa no solo una potencia económica sino sobre todo una potencia cultural, suficientemente sólida y antigua como para que un mequetrefe como Trump, que ni siquiera sabe manejar su propio idioma (cuanto más para comprender el Derecho), pudiera hacer mella en ella. Parece que nos equivocamos.

El espectáculo de servilismo ante Trump que ofrecen las instituciones europeas desde hace tiempo, es ciertamente deprimente. Porque además es un espectáculo público que contempla el mundo entero, incluido Putin.

Europa no hace otra cosa que ceder una y otra vez ante las presiones y amenazas de Trump, y eso la ha conducido poco a poco, y cesión a cesión, a un callejón sin salida del que va a tener muy difícil escapar.

Se mantuvo en silencio (silencio cómplice) ante el genocidio en Gaza, o incluso colaboró en ese crimen (hablamos de las instituciones, no de los ciudadanos europeos). Hace unas semanas tampoco ha reaccionado ante las órdenes programáticas de Trump para destruir a Europa desde dentro dando apoyo a fuerzas neofascistas (verbigracia Abascal) o trumpianas (verbigracia Ayuso). A pesar de estas evidencias, Europa ha seguido considerando que su enemigo confeso, Donald Trump, que ha puesto su inquina y enemistad negro sobre blanco conformando un plan estratégico de destrucción de Europa, es todavía un aliado. Lo cual no solo es incomprensible, sino suicida. Trump no es un socio, es un enemigo.

Ahora Europa tampoco se muestra firme en su rechazo a la agresión imperialista de Trump en Venezuela. Y eso que las amenazas a Venezuela, finalmente ejecutadas, han sido simultáneas con otras amenazas de la misma índole a Groenlandia. Ante lo que es claramente una acción fascista, imperialista, y criminal contra un país soberano, el canciller alemán, Friedrich Merz, ha dicho que el ataque a Venezuela tiene una "calificación jurídica compleja". Este sí sabe manejar el idioma, pero al servicio de la hipocresía.

Cosas del idioma. En cuanto al destino de Maduro, los que ya no creen en el derecho internacional hablan de "captura". Los que aún defienden el derecho internacional hablan de "secuestro". Los primeros, los que dicen "captura", son los mismos que nunca se atrevieron a hablar de genocidio en Gaza. Tirado por la borda el derecho internacional, no solo se vuelve "legítima" la agresión de Trump en Venezuela, sino que retrospectivamente también se vuelve legítima la agresión de Putin en Ucrania, o incluso una futura agresión en Groenlandia. Y en este escenario ¿Qué pinta Europa y su “civilización”?

Más sobre Groenlandia: Estados Unidos tiene una base militar en Groenlandia. Ahora Trump exige la soberanía de toda Groenlandia. ¿Esto sugiere algo al resto de países que tienen en su territorio bases estadounidenses, o sea, bases de aquel país que con tanta claridad se ha declarado enemigo?

Y así se manifiesta Stephen Miller, asesor de Trump, tras asegurar que Estados Unidos se hará con Groenlandia aunque sea por la fuerza. No porque sea justo o legal, sino porque puede. Dice así este nuevo Maquiavelo: “Vivimos en un mundo donde se puede hablar todo lo que se quiera sobre sutilezas internacionales y todo lo demás, pero vivimos en un mundo, en el mundo real... que se rige por la fuerza, que se rige por la fuerza, que se rige por el poder”, advirtió el jefe adjunto de gabinete de la Casa Blanca al presentador de CNN Jake Tapper. “Estas son las leyes de hierro del mundo”, añadió (El Pais).

Y ante este escenario, nuestros líderes europeos vienen a sugerir que no es necesario respetar a los palestinos, o a los venezolanos, o a los brasileños, o a los colombianos, o a los argentinos, pero por favor, papi Trump, respeta Groenlandia. Respeta Europa.

¡Patético!

En resumen: Se hace extraño que seamos aún aliados de nuestro enemigo principal: los Estados Unidos de Donald Trump. Que además ha declarado a Europa civilización a batir y ha decretado ya sin tapujos el apoyo a las fuerzas (neofascistas) que la quieren romper en cachitos.

Y no solo eso sino que además le compramos las armas a Estados Unidos, entre otras cosas para mejorar la economía estadounidense, hundida por Trump gracias al trato fiscal privilegiado a los más ricos. Armas que ese enemigo (la USA de Trump) puede bloquear e inutilizar si quiere, convirtiéndolas en pura chatarra.

Además esa compra la hacemos con dinero que se sustrae de nuestros servicios públicos, ya en precario por otros recortes anteriores. Todo esto, la verdad, no parece muy sensato.

La condena de las instituciones europeas al intervencionismo de Estados Unidos con motivo del ataque terrorista a Venezuela ha sido gélida, miedosa. Cabe deducir que la emoción más extendida en estas instituciones europeas es actualmente el miedo. El miedo a Trump, el miedo a Putin, pero en definitiva el miedo.

Cuando los agredidos por un poder fascista no se unen y se apoyan entre sí. Cuando puede cometerse un genocidio con total impunidad. O cuando el derecho internacional es pisoteado sin respuesta, el futuro está decidido. Y ese futuro está presidido ya por la ley del más fuerte. Era lo que cabía esperar tras haber apoyado en el mundo económico esa misma consigna: La ley del más fuerte, y la desregulación a favor del fraude y la estafa. Consigna que ahora se ha trasladado fácilmente al mundo geopolítico con un nuevo orden basado también en la ley del más fuerte y la ausencia de reglas.

Se ha reflexionado poco sobre este contagio de paradigmas y formas de pensamiento de un ámbito (el económico) a otros (el geopolítico). Sorprende mucho que quienes apoyaron el neoliberalismo y la ausencia de reglas en el mundo de la economía, no vislumbraran el caos que de ahí se podía derivar, no solo en forma de estafas financieras globales, sino en forma de caos geopolítico y guerras.

Ese pensamiento (la Ley del más fuerte y la ausencia de reglas) se constituyó en el pensamiento único y sin alternativa, patrocinado por las escuelas mejor financiadas por los poderes económicos.

Al menos hemos aprendido algo de todo esto: sin pensamiento critico, el engaño y el fraude están asegurados. Y sin respuesta a las agresiones, las agresiones se multiplican y se propagan.

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