¡Menudo amigo!

Hay amigos y amigos y por más que todos los gobiernos democráticos, desde UCD al PSOE, el PP, hasta el actual, hayan puesto todo su empeño, lo cierto es que Marruecos no ha sido, ni es, lo que se dice un buen amigo de España. Ojo, no pretendo que estas líneas queden solo como un reproche a Marruecos. Es más, no se puede negar la inteligencia de los gobernantes marroquíes para defender sus intereses, amén de que su “diplomacia” está entre las mejores del mundo, lo que no quita para señalar su desvergüenza al no ser capaces de ofrecer un futuro a su población lo que lleva a tantos jóvenes a huir.

Pero la realidad es que los intereses de España y los de Marruecos son como dos líneas paralelas que no se pueden encontrar. Eso no opta para que los gobernantes de los dos países, hablen, negocien, y lleguen a acuerdos beneficiosos para ambas partes. Pero de ahí a presumir una amistad sincera hay un abismo. La palabrería barata es moneda común en el ámbito de la política, así como el empeño de tergiversar la realidad para no alarmar a los ciudadanos a los que nos suelen tratar como menores de edad. Es evidente que el lenguaje político y el diplomático suele ser engañoso. Al ministro Marlaska le ha tocado decir que Marruecos es un socio fiable, pero dudo de que lo crea. Marruecos va a lo suyo y eso pasa por mantener su aliento sobre Ceuta y Melilla.

Me pregunto si el rey de Marruecos y sus sucesivos gobiernos, así como el resto de su “clase” política, sienten vergüenza ante la tragedia continua de que sus conciudadanos, niños incluidos, llevados por la desesperación, se jueguen la vida intentando marcharse del país. Por lo pronto, seguramente empujados por las críticas que emanan de la propia sociedad marroquí, su ministro de Justicia no ceja de hacer declaraciones asegurando que quieren recuperar a sus menores, y que es España quien dificulta su regreso.

Es el ministro de Justicia de Marruecos, amén de todos sus colegas de Gobierno y de su rey, quienes deberían preguntarse por qué sus jóvenes se juegan la vida huyendo de su país.

Hay una cierta impostura en que ahora, las autoridades marroquís se pongan en plan digno asegurando que quieren que niños y jóvenes regresen. Deberían de preguntarse qué ha llevado a tantos jóvenes a jugarse la vida en la huida. Pero como no creo que se hayan caído del guindo de repente, parece más que evidente que quienes gobiernan Marruecos no podían ignorar el éxodo de tantos miles de personas intentando llegar y entrar en Ceuta. De manera que, en las sucesivas crisis de los inmigrantes marroquíes, vienen concluyendo dos realidades: la de unos gobernantes que no son capaces de hacer de su país un país de oportunidades para los jóvenes, mientras su clase gobernante se enriquece, y por otro la política de intentar hacerse con Ceuta y Melilla, aún con el coste de la vida de sus conciudadanos, entre los que siempre hay jóvenes y niños. Pero volviendo a “nosotros”, a nuestro país, la cuestión es si nuestra clase política sin excepción, empezando por nuestro actual Gobierno, tiene un plan sobre que hacer el día en que el amigo marroquí nos vuelva a intentar golpear, ya sea directamente o de manera sibilina.