El viaje de mi padre
Julio Llamazares es un escritor imprescindible en el panorama narrativo de las últimas décadas. Es un cronista de la intrahistoria de los rincones más abandonados, más inhóspitos de la geografía española. De esta manera, deslumbró con su obra “La lluvia amarilla”, que con un tono poético presenta en un monólogo el declive final de Ainielle, un pueblo del Pirineo de Huesca. Así pues, como escritor viajero, al igual que hizo Azorín un siglo antes como corresponsal de un periódico, siguió los pasos del viaje imaginario de don Quijote.
En esta ocasión publica “El viaje de mi padre”, trazando el recorrido que hicieron su padre y su amigo Saturnino hacia el frente de Teruel. Eran apenas unos adolescentes que estaban alistados en el bando nacional, sin más ideología que la suerte o la desgracia de vivir en una zona determinada cuando empezó la Guerra Civil. Como ocurre en todas las guerras, mueren jóvenes que no se conocen en conflictos y combates que provocan viejos que sí se conocen y se odian. Viajaban en camiones y trenes destartalados en el frío invierno, por una España que ahora está vaciada, con pueblos como Ariza que tenía una línea ferroviaria que la unía con Valladolid.
Pasea, observa los paisajes por donde su padre fue militar de transmisiones, con el lamento de no haber hablado más sobre el tema cuando él estaba vivo, pero su mutismo ha sido normal en una generación que sufrió la guerra y después la posguerra. Llamazares indaga y pregunta sobre aquella contienda a los habitantes de los pueblos que recorre, sin embargo son ya muchos los que no saben ni imaginan que por aquellos campos murieron miles de españoles.