Queridos Reyes

Siempre he creído en vosotros. No en vano he hecho de paje vuestro durante muchos años, siguiendo vuestro encargo y vuestras directrices. Lo he hecho durante décadas en pareja y ahora, desgraciadamente, me toca hacerlo solo. Pero por vosotros y por ella, seguiré el mandato de ayudaros para que podáis llegar a todos los hogares en la noche mágica de cada año.

Os pido paz. Paz en el mundo, paz en los países, paz en las familias, paz en los Parlamentos, paz entre los hombres de buena voluntad y, si es posible, también en los que no la tienen. A éstos les tendríais que dedicar un esfuerzo extremo. Cada año lo tenéis más difícil. El mundo está revuelto y las guerras en más de cincuenta países dejan decenas de miles de víctimas por todas partes. Invasiones por la fuerza buscando poder o dinero, o las dos cosas a la vez. Inocentes que sufren por la ambición de unos pocos; soldados enviados a morir en una guerra que no es la suya sino de la de quienes les mandan. Hombres y mujeres que sufren la violencia, los abusos, el destierro y la inmigración. Niños que en lugar de ir a la escuela, viven bajo las bombas que caen sobre ellos y los matan o los dejan malheridos, que pasan hambre cuando en la tierra sobran alimentos, que son internados en los nuevos campos de concentración que acogen a los inmigrantes rechazados en las fronteras. Migrantes que mueren en el tránsito hacia la libertad y cuyos cadáveres acaban en el mar, el mayor cementerio actual, o que son rechazados sin una oportunidad.

Necesitamos que sigáis presentes entre nosotros, que traigáis esperanza a tanta gente desesperanzada que no tiene lo mínimo para vivir, para pagar el alquiler, para recuperar sus casas destruidas por la guerra, para volver a sus países machacados por la guerra o por la avaricia y la impudicia de sus gobernantes. Precisamos de vuestra ayuda para que nadie se crea con derecho a decidir por la fuerza y por el abuso de poder lo que conviene a unos y a otros. Este mundo necesita una regeneración absoluta para no dejar atrás a nadie, para no excluir a nadie, para no diferenciar a nadie por dónde ha nacido, por su raza, su color, sus creencias o su religión. Vosotros lo podéis hacer. Al fin y al cabo sois los Magos.

A mí me gustaría que este año todos hiciéramos y recibiéramos un regalo que no se pueda comprar con dinero. Hay que echar a volar la imaginación, pero a veces basta con un abrazo a quien no lo recibe nunca o una visita a esos padres que parecen abandonados aunque tengan hijos.

También soy partidario, y mucho, de los otros Reyes, los nuestros, los de esta España tan maltratada por sus políticos. Me parece que vuestro comportamiento es ejemplar y que las llamadas del Rey a la responsabilidad, al diálogo y, sobre todo, a la ejemplaridad de quienes nos gobiernan son valientes. Es complicado ser Rey en un país donde los que gobiernan o sostienen artificialmente al Gobierno están degradando las principales instituciones y preferirían una república antes que esta Monarquía que nos ha dado el periodo de mayor libertad, democracia y paz de nuestra historia. Hay socios que os han calificado de "apologeta de la violencia" o "el más extremista y radical" y otras sandeces por el estilo, a lo que el Gobierno ha respondido con un estruendoso silencio. Parte de la oposición ha callado también. Existe un riesgo real de que las democracias dejen de funcionar y de que la desafección social, especialmente entre los más jóvenes, nos dirija a situaciones peligrosas. Tal vez no estaría de más que ustedes también se pasaran la noche de Reyes, por los hogares de los españoles, para contagiar a todos esa exigencia de diálogo, convivencia, responsabilidad pública y estabilidad democrática para que nuestros políticos sean ejemplares, gobiernen para todos y no dejen a nadie en la estacada. Gracias, Majestades, y feliz Noche de Reyes.

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