La realidad de Page

La realidad que Emiliano García-Page no quiere que sepas 

Emiliano García-Page ha perfeccionado como nadie el arte de la disidencia de salón. Sus estudiados exabruptos en los platós de televisión madrileños contra la deriva de su propio partido le han servido para moldear una conveniente fachada de barón moderado y gestor sensato. Sin embargo, cuando los focos nacionales se apagan y se levanta la alfombra de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, la retórica se disuelve en el ácido de la cruda realidad. Detrás del personaje mediático no hay un oasis de buena gestión, sino una comunidad autónoma asfixiada por la ineficacia de un Gobierno regional incapaz de traducir presupuestos récord en bienestar ciudadano. 

El relato oficial de la Junta se desmorona ante una paradoja indefendible: el fracaso de la abundancia. Disponer de más recursos financieros y humanos que nunca en la historia de la región y, simultáneamente, cosechar los peores resultados asistenciales del país no es un problema de financiación; es una demostración flagrante de incompetencia directiva. 

La distancia entre la propaganda institucional y el día a día de los castellanomanchegos es hoy una brecha insalvable, tal y como constatan los datos de los propios organismos estatales: 

  • Sanidad Pública: La Junta presume de un récord histórico de personal con más de 39.000 profesionales en el Sescam. Sin embargo, la realidad es que el 36,3 de los pacientes quirúrgicos están atrapados en listas de espera de más de 6 meses para poder operarse, según el Ministerio de Sanidad. 
  • Servicios Sociales: El Ejecutivo regional saca pecho por su liderazgo teórico en la aplicación del sistema de dependencia. La realidad es que la lista de espera de personas dependientes se ha disparado un 34,9% (2.111 personas vulnerables más atrapadas en limbo burocrático), según el Observatorio Estatal de la Dependencia. 
  • Educación Pública: El relato oficial vende la mayor dotación presupuestaria y número de docentes en las aulas. La realidad que certifica el INE es una tasa de abandono escolar del 15,91%, situando a la región casi 3 puntos por encima de la media nacional. 
  • Fiscalidad Regional: Frente al discurso de moderación y protección a las clases medias, el DOCM recoge la implantación obligatoria del Canon DMA, un sablazo impositivo directo que encarece el recibo del agua a hogares, comercios e industrias locales. 

Tener más médicos y enfermeros que nunca y liderar las demoras quirúrgicas crónicas demuestra que el problema no es la falta de efectivos, sino la caótica distribución y sobrecarga del Sescam. Inyectar millones en las escuelas para seguir a la cola de Europa en abandono juvenil evidencia que la Consejería de Educación confunde el gasto bruto con la eficacia pedagógica. Bajo el mandato de García-Page, el dinero de los contribuyentes se diluye en una maquinaria burocrática hipertrofiada que prioriza cuadrar un déficit de 142 millones de euros a costa de aplicar sutiles pero devastadores frenos presupuestarios en los servicios más esenciales. 

Todo este colapso en la gestión, en el fondo, no es más que el reflejo inevitable de un político que carece de lo más sagrado en la vida pública: la palabra dada. Conviene hacer memoria frente a la amnesia selectiva del personaje. Fue el propio Emiliano García-Page quien, antes del funesto y descarnado Comité Federal del 1 de octubre de 2016, empeñó públicamente su futuro político al asegurar que si Pedro Sánchez ganaba aquella batalla interna y recuperaba el timón del PSOE, él jamás volvería a encabezar la candidatura a la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Sánchez venció, el sanchismo colonizó las siglas y Page, contraviniendo su propia promesa televisada, se aferró al sillón regional devorando sus propias palabras. Esta frase que pronunció de que dejaría de ser el candidato del PSOE para las elecciones autonómicas tras el uno de octubre se la recordaré hasta el día en el que por fin se vaya, que espero sea muy pronto. 

Y lo peor es que si es candidato en 2027 veo venir que él será el responsable de abrir las puertas a un gobierno del Partido Popular y VOX. No Pedro Sánchez, al que tanto le encanta criticar e intentar destruir políticamente. 

Ya lo advirtió nuestro fundador, Pablo Iglesias Posse: “Merecer el odio de los que envenenan al pueblo de los que le roban será para nosotros una honra”. Él mismo nos enseñó también que “cuando los burgueses nos aplauden es que algo estamos haciendo mal”. Algo con lo que Page no cumple y que constituye una profunda deshonra para nuestra historia y nuestros valores, buscando con complacencia el aplauso fácil del adversario político mientras descuida el mandato de nuestras siglas. Quien es capaz de traicionar un compromiso tan categórico ante sus propios militantes y ciudadanos, difícilmente iba a tener el pudor de cumplir sus promesas de gestión sanitaria, educativa o social con los castellanomanchegos. 

El verdadero balance de su mandato no se mide en los titulares de la prensa nacional, sino en el dolor silencioso de las familias que esperan medio año por una cirugía, en el desamparo de los dependientes olvidados por la burocracia regional y en el futuro truncado de los jóvenes que abandonan los colegios. García-Page ha construido un cascarón político brillante por fuera, pero completamente carcomido por la inoperancia por dentro. 

Gobernar una región no consiste en gesticular con indignación impostada ante los micrófonos de Madrid mientras se condena a Castilla-La Mancha a la decadencia. 

Al final, desnudado de su oratoria y confrontado con sus propias estadísticas, el legado de Emiliano García-Page se reduce a una cruel certeza: bajo su egocéntrica dirección, la Junta ha demostrado ser una maquinaria implacable para la recaudación fiscal, mientras condena a los pacientes de su región al desamparo crónico de unas listas de espera inasumibles. 
 

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