Jóvenes y Ángel Nicolás

Despertad, jóvenes: por qué Ángel Nicolás y la patronal van contra vuestra salud mental

Las recientes declaraciones del presidente de la patronal de Castilla-la Mancha (CECAM), Ángel Nicolás, afirmando que los jóvenes se dan de baja laboral “porque les ha dejado la novia” y llamándolos “memos”, no son una anécdota aislada. Es una estrategia calculada para desviar la atención de la precariedad estructural y culpar a toda una generación de los males del mercado laboral. Intentan etiquetar a los menores de 30 años como la “generación de cristal”, débiles e incapaces de soportar la frustración. Sin embargo, no sois más débiles; sois la primera generación con conciencia de sus derechos que se niega a normalizar la explotación a cambio de salarios de miseria o alquileres imposibles. Si el talento joven enferma, la culpa es de entornos corporativos tóxicos. 

Al ironizar con el desamor, se infantiliza de forma peligrosa la salud mental y se ejerce una intolerable banalización de la depresión. Esta no entiende de edad ni de estados de ánimo pasajeros; es una enfermedad clínica severa que altera de forma drástica la vida de miles de pacientes en toda España. Catalogar una baja psicológica como una simple pataleta añade una carga de culpa injustificada al enfermo, agravando sus síntomas. Además, la patronal olvida la ley: ningún joven ni ningún paciente adulto se autoconcede una baja; esta requiere un diagnóstico formal firmado por un médico colegiado de la sanidad pública. Frivolizar este proceso activa el “presentismo laboral”, obligando a personas psicológicamente rotas a trabajar por miedo. 

El discurso de sospecha de la patronal choca frontalmente con la realidad. Según informes sobre Salud Mental y Trabajo, España roza las 672.000 bajas laborales anuales vinculadas a problemas de salud mental, una cifra que prácticamente se ha duplicado en la última década. El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) alerta de que las bajas por síntomas emocionales, estrés grave y ansiedad se han disparado exponencialmente, afectando con especial dureza a la Generación Z y a los trabajadores de entre 25 y 35 años. No estamos ante un “fraude masivo”, sino ante un problema de salud pública de primera magnitud. 

La prolongación de estas bajas responde al colapso crónico de la sanidad pública y a las listas de espera que alargan las recuperaciones de unos pacientes que carecen de una atención psicológica rápida. Pero este discurso de la sospecha no nade en el vacío. Hay que hablar claro: votar a formaciones como el Partido Popular (PP) o VOX es, en la práctica, dar alas y validar el modelo de empresarios como este señor. Apoyar agendas que recortan la sanidad, desprotegen al trabajador y ridiculizan la inversión en salud mental, legitima que os insulten desde los atriles.

Frente a la desatención, el modelo que defendemos exige un blindaje absoluto de la sanidad, una prioridad que el Gobierno de Coalición Progresista sitúa en el centro de su agenda. Muestra de ello es la inyección económica de 56,8 millones de euros a las comunidades autónomas para el fortalecimiento de la salud mental y la prevención del suicidio, consolidando un presupuesto de 39 millones de euros anuales para el Plan de Acción de Salud Mental. Impulsamos medidas reales para transformar la atención comunitaria e incrementar la ratio de psicólogos clínicos en la Atención Primaria, erradicando por completo el estigma en el entorno laboral. 

Ante la gravedad de sus palabras, la propia CECAM emitió un comunicado pidiendo disculpas y matizando que no pretendía dudar de las enfermedades mentales, mientras la patronal nacional (CEOE) se desmarcó rápidamente a través de Antonio Garamendi, calificando la salud mental como un asunto “muy serio”.

Un mercado laboral moderno no se construye bajo la sospecha sistemática hacia la juventud ni la estigmatización de la depresión. El único “desamor” real del que debería preocuparse la patronal es el divorcio absoluto de una sociedad que ha decidido dejar de cambiar su salud mental por condiciones de trabajo intolerables. 

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