Leire y el laberinto del pasmo

Todo empezó con ella, con Leire y muchos de los que tenemos nuestra mochila profesional cargada de décadas creíamos que ya habíamos visto todo: atentados terribles de ETA, golpe de Estado, todas las investiduras, y los sucesivos casos de corrupción que a lo largo de estos años de democracia se han ido produciendo, desde los GAL hasta Roldán, pasando por Gurtel y unos cuantos más.

Soy de las que me equivoqué al pensar que lo había visto todo, y es que lo que estamos viviendo es todo un laberinto que produce pasmos que en ocasiones nos dejan sin palabras. En el origen de este laberinto está la que denominaron "Antoñita la fantástica" y estarán conmigo que vista la sucesión de acontecimientos es, cuando menos, para quedarse pasmados por incredulidad, sorpresa y tristeza.

Es un laberinto porque no hay un caso bien acotado. No, es un rosario permanente de hechos, la mayoría presuntamente delictivos y siempre sorprendentes. ¿Cómo es posible que Leyre haya dado tanto de sí.?. ¿Cómo es posible que esta periodista de investigación lo mismo tiene tratos con Zarrias, que visita la fiscalía general del Estado, que tiene mano en Correos, que se reúne con la directora general de la Guardia Civil y tiene vía libre para despachar con Cerdán, nada menos que secretario de organización del PSOE y tuviera interminables conversaciones por wasap con el que fuera director de la SEPI?. Y en medio de este rosario se produce un pasmo generalizado cuando salen a la luz las andanzas del expresidente Zapatero. Confieso que nunca lo pude imaginar.

Todos estos asuntos conforman todo un laberinto terrible que, al menos a algunos, nos conduce al pasmo porque la pregunta de cómo es posible que de aquella Leyre, periodista de investigación, se haya llegado a donde hemos llegado; es decir, a un alambicado sistema de presunta corrupción, de conversaciones impensables, de grabaciones por todas partes, de personajes un tanto siniestros. ¿Cómo se ha llegado a esto?.

Puestos a hablar de pasmos, resulta pasmoso que ninguno de los personajes conocidos y cercanos al Presidente del Gobierno, ninguno de ellos le hubiera avisado de que estaban ocurriendo cosas "raras". La deslealtad puede tener muchas caras y una de ellas es la del silencio. Si el Presidente, como él mismo asegura, no sabía nada, ¿no le sorprende que ninguno de sus fieles que de una u otra manera estaban al tanto de cosas "raras" nada le dijeran? Si sabían, que sin duda sabían, y nada le dijeron, ¿cómo hay que llamar a este silencio?.

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